En este último viaje a España tuve la oportunidad de ir al cine con mi hermana y ver la película española Ágora. Me habían hablado de ella y aunque no suelo ir al cine, decidí ir debido al tema que trata. Es la historia de una mujer astrónoma de la antigua Alejandría en Egipto, que empieza a dudar que el sol gíra alrededor de la tierra, y sospecha que es al revés; que la tierra gira alrededor del sol.
Es profesora y tiene un grupo de alumnos que la respetan. Se reúnen en la grande y conocida biblioteca de la ciudad Alejandría. Su nombre es Hipatia.
La historia se sitúa en el siglo cuarto D.C. y se desarrolla en un ambiente en el que la mujer no tiene derecho a destacarse en el mundo de la ciencia.
La Iglesia Católica está empezando a tomar control de la sociedad y termina acusando a Hipatia, de ser una bruja. Esto termina costándole la vida a manos de fanáticos religiosos, los cuales son repetidamente llamados “cristianos” a través de toda la película. Yo estaba furiosa viendo a fanáticos religiosos ser referidos como “cristianos”.
El mundo no tiene ni idea de lo que es el verdadero Cristianismo ni de quién es Jesús de Nazaret. La Iglesia Católica ha presentado un evangelio corrompido y como resultado las personas no nacen de nuevo porque no conocen al verdadero Jesús. Sin el nuevo nacimiento no hay Cristianismo.
Si se les pregunta a la mayoría de los que se consideran cristianos si saben lo que significa esa declaración de Jesús, (Juan 3:3-7), te miran como si les estuvieras hablando en un idioma extranjero. No tienen ni idea.
Jesucristo, el Hijo de Dios, se hizo hombre para redimir a la humanidad perdida en delitos y pecados.
Aunque Jesús era manso y humilde corazón en ocasiones perdía la paciencia con algunos que se consideraban creyentes pero que negaban con sus acciones que conocían a Dios. En una ocasión cogió un látigo y echó del templo a unos que comerciaban allí.
En otra ocasión llamó hipócritas y sepulcros blanqueados a los judíos fariseos.
Su doctrina era muy extrema. Si vamos al Sermón de la montaña: Las bienaventuranzas, leemos cosas como estas: “Oísteis que fue dicho: No matarás. Pero yo os digo que el que se enoja contra su hermano, será culpable de juicio. Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio. Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón. Por tanto, si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno.”
Al mismo tiempo Jesús sabía que todos nosotros somos débiles pecadores e incapaces de cambiar nuestra vida por nuestros propios medios. También sabía que para entrar en el cielo hay que ser perfecto, por lo tanto el hombre no tenía ninguna posibilidad de salvación. Dado que Dios creó al hombre para que le diera gloría y le hiciera compañía, solo vio una opción para gozar de la presencia del ser creado. Hacerse hombre él mismo y venir a pagar la deuda que contraída por el hombre.
2Corintios 5:21 dice:
“Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.”
PhilipYancey en su obra El Jesús que nunca conocí, dice:
“Jesús se parece muy poco a la persona que había estudiado en la universidad cristiana. Para comenzar era mucho menos manso. Me di cuenta que tal como lo veía, la personalidad de Jesús se parecía a la de Vulcan, el personaje de la serie televisiva Star Trek: se mantenía tranquilo, en calma y concentrado, pasando como un robot por entre seres humanos capaces de emocionarse en la nave espacial. Las personas afectaban profundamente a Jesús: la obstinación lo frustraba, la santurronería lo enfurecía, la fe sencilla lo conmovía.
En realidad parecía más emotivo y espontáneo que la persona promedio, no menos. Más apasionado, no menos.
Cuanto más estudiaba a Jesús, más difícil me resultaba encasillarlo. Un día parecía como si los milagros fluyeran de él; al día siguiente su poder quedaba paralizado ante la falta de fe de las personas. Un día hablaba en detalle de la Segunda Venida; otro decía que no sabía el día y la hora.
Dos palabras que uno no pensaría nunca que se pueden aplicar al Jesús de los evangelios: aburrido y predecible. ¿Por qué, pues, la iglesia ha perpetuado semejante personalidad? En palabras de Dorothy Sayers: “han cortado las garras del León de Judá, y lo han presentado como un personaje favorito y adecuado para curas pálidos y piadosas ancianas”.
Nadie que encuentre a Jesús sigue siendo el mismo. Es inevitable que la búsqueda de Jesús se convierta en la búsqueda de si mismo. He descubierto que las dudas que me asaltaban desde muchas fuentes—la ciencia, la religión comparada, un defecto innato de escepticismo, la aversión a la iglesia—se ven desde una perspectiva nueva cuando las llevo al hombre llamado Jesús. “
La Biblia dice en 2Corintios 11:13-15
“Porque éstos son falsos apóstoles, obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de Cristo. Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz. Así que no es extraño si también sus ministros se disfrazan como ministros de justicia; cuyo fin será conforme a sus obras.”
Por lo que sabemos que los ejecutores de Hiponia de Alejandría, la heroína de la película Ágora, no podían ser cristianos. Éstos eran falsos apóstoles de Cristo y ministros de Satanás disfrazados de cristianos.
Ni más ni menos que lo fueron los que llevaron a cabo la Inquisición Española, la Conquista de América y otras barbaridades parecidas.
Mediten en estas cosas