La naturaleza de Darwin y el Darwin de Nature

 

 

 

Darwin en su juventud. Para este tiempo escribió en su libro de notas su célebre observación en la que pregunta: «¿Por qué el pensamiento, que es una secreción del cerebro, ha de ser más maravilloso que la gravedad, una propiedad de la materia? …»

29 octubre 2009 — «Incluso el partidario más ardiente de Charles Darwin podría estar sintiendo fatiga al ir llegando este año de aniversarios a su fin», observaba Clive Wynn en otro número de Nature celebrando su bicentenario.1 «Los editores parecen haber estado explorando cada una de las facetas de la vida de Darwin: su juventud, su matrimonio, sus actitudes hacia la esclavitud y la religión.» Y ahora Wynn emprendía introducir otra faceta en su reseña bibliográfica: el afecto de Darwin hacia los perros. En cierta manera, el entretenido libro de Emma Townshend, Darwin’s Dogs: How Darwin’s Pets Helped Form a World-Changing Theory of Evolution [Los perros de Darwin: Cómo las mascotas de Darwin ayudaron a conformar la revolucionaria teoría de la evolución] proporcionaba a Clive Wynn un cierto alivio del «cansancio con Darwin». Pero los Directores de Nature no han terminado de celebrar. Justo han comenzado una serie de ensayos en cuatro secciones acerca de la recepción que tuvieron las ideas de Darwin por todo el mundo.

La nueva serie de ensayos es el más reciente desfile en una celebración que se está realizando este año sobre «Darwin 200». El primer ensayo, «El Darwin Global: la fascinación en Oriente», de Marwa Elshakry (Universidad de Columbia), explora la reacción en Asia. «Académicos desde Calcuta hasta Tokio y Pequín construyeron su propio linaje para la teoría de la evolución mediante selección natural», dice, «remontándola a más antiguas y más familiares escuelas de pensamiento, y reivindicando la titularidad de lo que consideraban como precursores de estas ideas.» Esto llegó a ser un tópico en todo el mundo. Aunque muchos criticaron la teoría, muchos otros se apropiaron de ella muy bien dispuestos. Entre los confucianos, por ejemplo, el enfrentamiento entre egoísmo y altruismo se ve como una eterna lucha que forma parte del orden cósmico, y que se tiene que mantener en equilibrio. Algunos hindúes lo aplican a todo el cosmos: «El mundo se despliega como resultado de un continuo ciclo entre creación y disolución: la conciencia, el yo o el espíritu se realiza en la materia y luego se separa de ella, y así va continuando».

Incluso algunos teólogos islámicos se unieron al carro del darwinismo: «Escritos musulmanes de los siglos décimo y undécimo hacían referencia a una jerarquía de seres, desde minerales a plantas y animales, e incluso razonaban que los simios eran una forma inferior de humanos —más evidencia para los musulmanes del siglo diecinueve de que la teoría de Darwin “no era nada nuevo”».

¿Cómo podían unas tradiciones religiosas tan diversas encontrar un terreno común con Darwin? Las razones son complejas y algo contraintuitivas. Elshakry sostenía que «Una de las fuerzas motrices detrás del trabajo de muchos de estos académicos era su deseo de oponerse a las fuerzas del imperialismo occidental». Pero uno podría preguntar, ¿acaso no era Darwin un europeo? En realidad, la envidia puede haber sido un motivo más fuerte que el deseo de ir en pos de la ilustración:

Como respuesta, los defensores de las fes no occidentales llamaron la atención a la mayor racionalidad de sus credos para defenderse contra las acusaciones occidentales de atraso y superstición. Muchos estaban deseosos de demostrar que sus tradiciones, en contraste con las de Europa Occidental, aceptaban, reforzaban o incluso habían anticipado los descubrimientos de la ciencia moderna. Al abrazar las ideas de Darwin, resaltaban que solamente el cristianismo estaba en conflicto con la ciencia.

Y la ensayista procede a dar un ejemplo:

Por ejemplo, Muhammad Abduh, el Gran Muftí de Egipto, estaba preocupado por la penetración que habían hecho los misioneros en el sistema educativo de las tierras musulmanas del Imperio Otomano. Estaba también cansado de que los críticos observasen la supuesta incapacidad del Islam para acomodar la moderna pedagogía y la ciencia moderna. En Science and Civilization in Christianity and Islam [Ciencia y civilización en el cristianismo y en el islam] (1902), Abduh sostenía que, en contraste con el cristianismo, el islam estaba exento del conflicto con la ciencia que había atormentado dan profundamente a la civilización cristiana en Europa. Para resaltar esta diferencia, entretejió repetidas referencias a Darwin y a la evolución en conferencias acerca de la exégesis del Corán.

Los políticos también usaron a Darwin para impulsar sus iniciativas reformistas. «Aunque muchos usaron a Darwin para destacar la gloria de sus civilizaciones fundadoras, también cooptaron su teoría para explicar su atraso respecto del mundo occidental en los tiempos modernos», dice la ensayista, y así «se volvieron a los proponentes de la evolución como fuente de instrucción mientras se dedicaban a impulsar reformas gubernamentales clave». Transformaron a Darwin en un padre de la «evolución política». Advirtieron a sus compatriotas que tenían que alcanzar a Occidente no mediante una revolución, sino mediante un cambio «de una especie muy gradual, imitando el lento y gradual cambio de la selección natural». En Tokio, un dirigente político también aplicó este criterio a la «evolución ética» — «Así como se decía que mediante la muerte el samurai llegaba a ser el perfecto vencedor, así el vencedor definitivo en la lucha por la ética era el mártir que moría por causa de algo más grande». Esto sí que era una reinterpretación.

Esta forma de racionalización suscitaba su propia dificultad. ¿Cómo podían las culturas religiosas superar la aparente futilidad de la selección natural? Elshakry da un ejemplo japonés y otro musulmán de esta tensión, de este deseo de abrazar las ideas aparentemente modernas de Darwin pero dejando espacio para el alma humana en un mundo de una muerte sin sentido: «La mera supervivencia no era suficiente para fundamentar una verdadera éticaevolutiva o de otra clase,» observa ella. «Tenía que haber algo más allá de la vida para dar un propósito a la vida misma». De modo que encontraron maneras de reunir el yin y el yang.

Elshakry acababa su ensayo observando que los conflictos con el cristianismo en Occidente no fueron tan simples como se describe a menudo. Muchos cristianos acomodaron los puntos de vista de Darwin, y el mismo Darwin no era tan hostil contra la religión como algunos de sus modernos proponentes. Tenemos que evitar las fáciles descripciones del todo o nada, o, en otras palabras:

Entonces, lo mismo que ahora, Darwin significaba cosas diferentes para diferentes personas. En conjunto, él no fue tanto un revolucionario o azote de las creencias como un avivador de tradiciones. Hizo de puente entre mundos entre los modernos y los antiguos, avivando antiguos filósofos, resucitando debates éticos, e incluso lealtades dinásticas.

Esta subjetividad no pasó desapercibida a los Directores de Nature. En su principal Editorial3 reconocían las lentes culturales a través de las que diferentes países abrazaron las ideas darwinistas. Incluso ofrecieron algunos más ejemplos de su propia cosecha procedentes de Inglaterra, Rusia e Iberoamérica —admitiendo que tanto comunistas como capitalistas encontraron formas opuestas para justificar sus políticas económicas con el darwinismo. Sin embargo, los Directores presentaban a los científicos como los únicos que comprenden lo que Darwin realmente quería comunicar:

La recepción de parte del público de las ideas científicas depende principalmente de dos factores: de la capacidad de la gente de comprender información objetiva y de la lente cultural a través de la que se filtra dicha información. Lo primero es en lo que tienden a centrarse los científicos cuando dan explicaciones a nivel popular de asuntos como el cambio climático. La suposición es que si explican las cosas con una gran claridad, todos lo comprenderán. Desafortunadamente, esta es una tarea muy dificultosa. La capacidad del gran público de ponderar datos y cantidades es notoriamente deficiente —aunque hay alentadoras indicaciones de que el razonamiento probabilista puede ser mejorado mediante una educación por objetivos en las primeras etapas de la vida. …

La lección para los científicos y diseñadores de políticas en la actualidad es sencilla: no pueden dar por supuesto que un público al que se le presentan «los datos» llegará a la misma conclusión a la que ellos han llegado. Tienen que tener en cuenta los sistemas de valores, los antecedentes culturales y los vacíos locales de conocimiento y formular sus argumentos de forma correspondiente. Estos planteamientos serán cruciales al afrontar los actuales desafíos globales, desde las recesiones hasta las pandemias y el cambio climático. Estos temas serán percibidos y tratados de forma diferente por diferentes naciones —no debido a que lo comprendan mal, sino debido a que su comprensión es en parte dependiente de los condicionantes locales.

Lo que se implica en lo que se acaba de decir es que los científicos están liberados de «sistemas de valores, de antecedentes culturales y de vacíos locales de conocimiento». Ellos deben, condescendientemente, «formular sus argumentos» para las masas científicamente analfabetas. Elshakry da su aprobación a este cliché de unos científicos libres de prejuicios en su último párrafo, pero desvela la solución: usar las tradiciones culturales como un vehículo para la persuasión:

En una época en la que los defensores del diseño inteligente batallan por eliminar la evolución de las aulas, haremos bien en recordar cómo Darwin en el pasado capturó y cautivó al mundo —no liberándolo de las fuerzas del hechizo, de la fe o incluso de Dios, sino revitalizando tradiciones de creencias y hechizando a muchos.

Esto lleva a una inquietante posibilidad. ¿Deben los científicos actuar como una comunidad de elite «hechizando» a sabiendas a la clase inferior de la humanidad (es decir, a los «acientíficos», incluyendo, como claramente queda implicado en las palabras de la ensayista, a los defensores del diseño inteligente) cautivándolos con un darwinismo formulado en correspondencia a sus propias tradiciones? Lo que no nos dice de forma expresa es cómo lo haría exactamente en el caso de personas como Stephen Meyer o William Dembski, defensores del diseño inteligente que ostentan múltiples doctorados en ciencia y en filosofía. Parece más bien improbable que ellos caerían víctimas de tales hechizos.

Los Directores de Nature acaban alentando a la comunidad científica a expresar tolerancia hacia las masas acientíficas. No se trata de que vayan a hacer caer a la ciencia del pedestal de autoridad absoluta y universal donde la han colocado. Sencillamente piden algo de condescendencia desde la elite. Cosa sorprendente, emplean una cita de Darwin que hubieran podido realmente aplicar a mostrar que los ropajes con que han revestido a su Emperador no existen en realidad, que el Emperador va desnudo.

Darwin dijo en cierta ocasión: «Pero entonces siempre surge en mí la horrenda duda de si las convicciones de la mente del hombre, que se ha desarrollado a partir de la mente de animales inferiores, tienen ningún valor o son en absoluto dignas de confianza». Los investigadores y los diseñadores de políticas harían bien en imitar su humildad al divulgar la ciencia, y recordar cómo realmente funcionan las mentes de la gente.

Los Directores de Nature dicen «las mentes de la gente» —Pero Darwin estaba hablando de su propia mente. Y es mucho lo que está en juego en cuanto a que su mente, si realmente había evolucionado a partir de la mente de animales, estuviera dotada verdaderamente de la capacidad de producir convicciones que tengan «ningún valor o son en absoluto dignas de confianza».


1. Clive Wynn, «Darwin’s puppy love», Nature 461, 1210-1211 (29 octubre 2009) | doi:10.1038/4611210a.

2. Marwa Elshakry, «Global Darwin: Eastern Enchantment», Nature 461, 1200-1201 (29 octubre 2009) | doi:10.1038/4611200a.

3. Editorial, «Darwin and culture», Nature 461, 1173-1174 (29 octubre 2009) | doi:10.1038/4611173b.

¡Que maravilla! La clave para comprender estas revelaciones es no dejarse intimidar por la policía del pensamiento del Partido Darwinista, que pretenden andar sobre zancos por encima del resto de la humanidad. Es necesario protegerse de las balas con las que quieren presentar al darwinismo como ciencia, del gas lacrimógeno acerca de que todos los demás son un hatajo de estúpidos (especialmente la religión, y aun más concretamente el cristianismo). Se tienen que soportar su continua propaganda y mentiras acerca de los proponentes del diseño inteligente y sus calumnias acerca de sus motivos. Es necesario actuar con suavidad para quitarles los casos a los científicos, y los ropajes sacerdotales a los Directores de Nature (sí, son meros mortales), y ayudarlos a bajar de sus zancos, y mirarlos a los ojos, cara a cara, como nuestros falibles semejantes.

Esto son los prerrequisitos. Luego todo se aclara: (1) El darwinismo hechizó a la gente, en lugar de ilustrarla; (2) Fueron motivaciones no científicas las que dieron fama mundial a Darwin; (3) muchos abrazaron el darwinismo porque fueron llevados a creer que los hacía modernos y progresistas; (4) los científicos siguen siendo unos simplistas positivistas que hablan en relumbrantes generalizaciones, y (5) existe la definida posibilidad de que los científicos darwinistas mismos componen una colectividad hechizada por Charles Darwin, que ha asimilado sus ideas en conformidad con los programas políticos y educativos que quieren impulsar.

Bien — Ahora que han hecho su gentil gesto de humilde penitencia para «recordar cómo realmente funcionan las mentes de la gente» a la hora de divulgar la ciencia, ayudémosles por nuestra parte. A fin de cuentas, acaban de señalar a su Querido Líder como ejemplo de humildad. Ayudémosles a ellos a comprender la cultura de sus críticos de Occidente —por ejemplo, la de los proponentes del diseño inteligente. Sólo queremos ayudarles a formular sus argumentos de forma efectiva (esperamos que PZ Myers, Richard Dawkins y otros estén escuchando). Esto les dará su mejor oportunidad para persuadir a sus críticos y silenciar a la oposición (por el uso de la palabra, no por ningún otro medio).

Todo lo que tienen que hacer es dejar de hacer una cosa, y hacer otra. Deberían dejar a un lado la retórica furibunda, los insultos y las descalificaciones gratuitas, la propaganda y las caracterizaciones simplistas de cualquiera que esté en desacuerdo con ellos como un chiflado pseudocientífico con motivaciones religiosas. Esta clase de arrepentimiento puede que sea lo más duro que jamás hayan intentado. Pero, suponiendo que tengan éxito en purificar sus almas de su desmesurado e injustificado orgullo, se establece el marco en el que pueda comenzar una conversación inteligente, con mutuo respeto, entre iguales. Luego, será necesario que respondan a una pregunta. Hagamos esta pregunta a los Directores de Nature, con toda cortesía: «Gracias por citar al Sr. Darwin al final de su vida acerca de aquellas horrendas dudas que le asaltaban. ¿Cómo deciden ustedes si las convicciones de sus mentes —todas las convicciones que ustedes abrigan, incluyendo la convicción que tienen de que lo que creen sobre el Darwinismo es cierto— tienen ningún valor o son dignas de confianza, si realmente sus mentes se han desarrollado a partir de los animales irracionales?» Será de esperar una larga y tensa pausa. Sobre todo, si se adjunta a ésta la otra célebre cita de Darwin acerca del pensamiento como secreción del cerebro: «¿Por qué el pensamiento, que es una secreción del cerebro, ha de ser más maravilloso que la gravedad, una propiedad de la materia? Es nuestra arrogancia, es nuestra admiración de nosotros mismos …» — Charles Darwin, a los 29 años de edad, en su libreta de notas.


Respecto a la naturaleza de la mente y su relación con el cerebro, recomendamos la lectura de
 



Fuente: Creation·Evolution HeadlinesCambrian Explosion Solved: Elementary, My Dear Darwin 28/10/2009
Redacción: David Coppedge © 2009 Creation Safaris – www.creationsafaris.com
Traducción y adaptación: Santiago Escuain — © SEDIN 2009 – www.sedin.org

Publicado por Santiago Escuain para Boletín de SEDIN el 11/26/2009 08:06:00 PM

Published in: on +00002009-11-28T05:10:37+00:0030000000bSat, 28 Nov 2009 05:10:37 +0000UTC 23, 2008 at 11:59 am11  Dejar un comentario  
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