Convergencia: ¿Explicación, o táctica retórica de emergencia?

 

26 enero 2010 — Los medios de comunicación nos dicen que los murciélagos y los delfines dieron con la misma ruta genética para evolucionar la ecolocación —a pesar de que se encuentran en linajes evolutivos inmensamente dispares y a pesar de que usan la ecolocación de manera diferente (los primeros en el aire, los segundos en el agua). Por cuanto es inconcebible que un supuesto antecesor de estos animales tan diferentes, antecesor que hubiera sido parecido a las musarañas, hubiera estado dotado de ecolocación, los biólogos pretenden que los delfines y los murciélagos siguieron la misma ruta evolutiva, hasta la evolución de una molécula solitaria. ¿Es esto una explicación de cómo llegaron a poseer estos rasgos, o una táctica retórica con la que se quiere salvar a la teoría evolutiva del choque con la realidad?

 

Los murciélagos y los delfines, unos seres que según la tesis evolucionista divergieron desde las etapas más antiguas de los mamíferos y tuvieron que adquirir sus rasgos específicos independientemente. ¿Cómo se explica su identidad genética en un dispositivo esencial para la ecolocación? Dar la Convergencia como explicación es una táctica retórica de asignar un nombre a un problema, en lugar de proporcionar una explicación dentro del paradigma materialista que se pretende defender. En realidad, tenemos la aplicación de unas soluciones tecnológicas semejantes a seres muy dispares para las propias necesidades de cada género de vida. Esto es consonante con la acción de un Creador que aplica un mosaico de recursos según a Él le place para cada género de vida (Apocalipsis 4:11). Fotografía superior: Mnolf, 2005. Fotografía inferior: S. Escuain, 1982.

 


Science Daily y New Scientist se hacían ambos eco de las conclusiones de dos artículos en Current Biology.1,2 Estos artículos comunicaban que los árboles filogenéticos basados en el gen coclear Prestin incorporan juntamente los delfines tursiops y los microquirópteros. Afirman que han excluido todas las demás hipótesis (como transferencia horizontal de genes, ADN, contaminación, paralogía genética, atracción de ramas largas y frecuencias aminoácidas prejuiciadas) como improbables, de modo que las semejanzas tienen que explicarse mediante «convergencia». En resumen, la selección natural habría convergido hasta dar el mismo conjunto genético de mutaciones del gen Prestin porque la ecolocación era adaptativa.3 El primer artículo concluía: «Con todo, nuestros resultados de convergencia de la secuencia adaptativa entre dos grupos sumamente divergentes que comparten un fenotipo complejo no tiene precedentes y sugiere que la convergencia de secuencia puede ser más común de lo que se sospechaba hasta ahora».

Pero, ¿qué significa la convergencia? ¿Es acaso una ley de la naturaleza? ¿Es un concepto que comunica conocimiento, o es un término que se usa para encubrir la ignorancia? Esta explicación da mucho por supuesto. ¿Cómo saben hasta qué punto esta proteína en concreto es esencial para la ecolocación sobre otros componentes de los órganos de ecolocación que no son convergentes? Si la ecolocación es un rasgo tan intensamente adaptativo, ¿por qué no evolucionó en todos los cetáceos y en todos los murciélagos, así como en los castores, los leones marinos y todos los mamíferos nocturnos, que se supone hubieran podido usarla para buen fin? Si la respuesta a esta pregunta es la contingencia, entonces, ¿en qué difiere la convergencia de la hipótesis nula —esto es, de la no explicación, de que «las cosas pasan porque sí»?

Una reseña de los dos artículos en el mismo número de Current Biology4 revelaba que la explicación de la convergencia no está tan clara. Gareth Jones (U de Bristol) recordaba a los lectores que las filogenias moleculares a menudo entran en conflicto con las filogenias morfológicas o entre sí. «Una cuestión clave es si la evolución convergente, adaptativa, domina las señales filogenéticas, o si la evolución neutral predomina sobre cualquier selección natural impulsada por convergencia cuando se formulan inferencias filogenéticas», sentenciaba. «En genes mitocondriales de reptiles, aunque la convergencia molecular es evidente, las fuerzas selectivas específicas que impulsan tal convergencia no son obvias.» Observaba que las modificaciones de la prestina pudieran deberse a necesidades adaptivas para oír altas frecuencias, pero observaba que otros animales, como algunos ratones, se comunican con altas frecuencias, pero que no presentan la firma de la prestina convergente. Observaba también que el nuevo árbol filogenético de los quirópteros basado en prestina entre en conflicto con otros árboles filogenéticos basados en análisis genéticos a gran escala de ADN tanto nuclear como mitocondrial: «Por tanto», decía, «las señales filogenéticas basadas en secuencias de genes funcionales pueden ser engañosas al reconstruir la historia evolutiva de los quirópteros».

El estudio sobre la prestina en realidad genera problemas adicionales. Decía Jones que «hace resaltar la necesidad de evitar el uso de supuestos genes funcionales para estimar la historia evolutiva». Los investigadores tendrán que incorporar más conjuntos de datos, y considerar los efectos de la deriva neutral al construir árboles filogenéticos. Así, para encontrar la firma de la selección natural se precisará de selección humana: «una cuidadosa selección de los datos genéticos que son probablemente neutros» (secuencias de intrones, por ejemplo). «¿Pero cómo seleccionará el investigador los conjuntos de datos que producen la inferencia a que él desea llegar sin caer en el argumento circular? Se podría seleccionar un conjunto de datos que produce una firma de selección natural sobre otros conjuntos de datos que no lo hacen. Por ello, no sería la firma de la naturaleza misma. E incluso así, según Jones es posible que los ejemplos de convergencia molecular sean infrecuentes. Esto significa que su utilidad para inferir selección natural puede ser limitada, a pesar de todo el aplauso de parte de la prensa popular.


1. Liu, Cotton, Shen, Han, Rossiter and Zhang, «Convergent sequence evolution between echolocating bats and dolphins», Current Biology, Volumen 20, Número 2, 26 enero 2010, Pp. R53-R54, doi:10.1016/j.cub.2009.11.058.

2. Li, Liu, Shi, y Zhang, «The hearing gene Prestin unites echolocating bats and whales», Current Biology, Volumen 20, Número 2, 26 enero 2010, Pp. R55-R56, doi:10.1016/j.cub.2009.11.042.

3. Para información acerca de la prestina, una extraordinaria enzima motora en el oído interno, véase la entrada en 07/31/2007 y los enlaces que se dan en la misma.

4. Gareth Jones, «Molecular Evolution: Gene Convergence in Echolocating Mammals», Current Biology, Volumen 20, Número 2, 26 enero 2010, Pp. R62-R64, doi:10.1016/j.cub.2009.11.059.

En la tierra de la Jerigonza, un científico llamado Niwrad formuló una teoría de todo a la que llamó Galumph. Con un gozo frabjoso, investigó todas los seres de los borogoves con su aprendiz, Ecallaw. Descubrió que las aves Jubjub tenían ojos redondos y que los mome raths, aunque parecidos, tenían ojos cuadrados. Esto es debido al Galumph, explicó. El Bandersnatch y el Jerigonzo, aunque parecen muy diferentes, tienen ambos ojos redondos. «El Galumph vuelve a demostrar su eficacia!», dijo Niwrad con alegría. «¿Pero cómo puede ser?», farfulló Ecallaw con una mirada elpinera, «si son tan diferentes en todos los demás respectos». «¡Callooh! Callay!», exclamó frumiosamente Nirwad. «Esto demuestra aun más la potencia del Galumph. Lo primero es un caso de Galumph Paralelo. Este caso es de Galumph Convergente. ¿Lo ves? El Galumph lo explica todo. ¡Vamos, y se lo diremos a Amarillix, nuestro publicista propiguindo, que anuncie nuestro triunfo científico a la gente de la calle! Hemos acabado con el misterio del Jerigonzo con el Galumph. ¡El Galumph ha eliminado el brillig de nuestros taimados enemoquis, y nos ha dado la Ilustración!»

La «convergencia» es una explicación tan llena de sentido y convincente como la anterior. Por otra parte, dando por supuesta la existencia de Dios, y si era su intención demostrar la imposibilidad de un desarrollo materialista de la vida por evolución, difícilmente hubiera podido hacerlo mejor para demostrar tanto la unidad como la diversidad en las plantas y en los animales que con ramas entrecruzadas vinculando linajes no relacionados con rasgos semejantes. Esto demostraría simultáneamente la realidad de un solo Creador (frente al politeísmo) y la imposibilidad de que estas complejas especies y estas complejas dotaciones funcionales hubieran emergido de forma natural mediante descendencia común. Por lo que se refiere a las diferencias entre especies de murciélagos, es también mucho más fácil explicarlas mediante pérdida de características que por una ganancia de innovaciones de nuevos sistemas complejos. Pero los darwinistas, empeñados en su visión materialista del mundo, han acuñado un término como el Galumph, llamado Convergencia, para proteger sus creencias frente a la realidad. Para ver hasta qué punto usan este truco retórico, se puede examinar la lista

parcial de Brett Miller de increíbles semejanzas entre seres no relacionados en su ensayo en ingles The Convergence Concoction. Como se expone en su última viñeta, es mucho más fácil para unos científicos perezosos decir: «¡Evolucionó!» que considerar las implicaciones de los datos objetivos. Otro recurso acerca de este potaje explicativo que se vende como Evolución Convergente se puede encontrar en este artículo en el portal Explore Evolution, sección II D. En castellano existe un interesante artículo tocando diversos aspectos del concepto de Convergencia, Convergencia y el origen del hombre.

Puede parecer impresionante en los artículos científicos la cantidad de trabajo detallado realizado por científicos para llegar a sus explicaciones de Galumph. ¿Cómo pueden estar equivocadas todas estas técnicas analíticas como el análisis bayesiano, el software que genera árboles filogenéticos a partir de entradas de datos genéticos, junto con las manipulaciones matemáticas, una jerga inescrutable, tablas, gráficas y montones de datos suplementarios? ¿Cómo puede estar equivocado si parece tan correcto? Pero si la conclusión de este puente sobre aguas turbulentas es «¡Galumph! Las cosas pasan porque sí», no importa. Un trabajo detallado no es ciencia en sí. Sin duda alguna se pueden encontrar montones parecidos de procedimientos complejos y de manipulación de datos en los textos de alquimia y de astrología. La formulación de la Ley de que Las Cosas Pasan Porque Sí (LCPPS) con eufemismos no produce conocimiento. Y al omitir la inclusión de explicaciones de arriba abajo en su lista de trabajo, desechan abordar la explicación más creíble. En todo caso, este parloteo acerca de la Convergencia no es una explicación; es Jerigonza disfrazada de significado.


Fuente: Creation·Evolution HeadlinesConvergence: Explanation or Rescue Device? 26/01/2010
Redacción: David Coppedge © 2010 Creation Safaris – www.creationsafaris.com
Traducción y adaptación: Santiago Escuain — © SEDIN 2010 – www.sedin.org


No hay nada nuevo debajo del sol: Los darwinistas estaban ya inventando cuentos hace ocho años. Nos estaban diciendo que las aves evolucionaron al vuelo por amor (Las aves — ¿evolucionaron al vuelo por amor?), que los ojos compuestos evolucionaron y devolucionaron múltiples veces (¿Los ojos compuestos evolucionaron en múltiples ocasiones?). Estas y muchas otras cosas podrían llevar a algunos lectores a preguntarse si hay murciélagos en el campanario evolucionista (La evolución de los murciélagos: Retórica frente a la ausencia de datos).


Publicado por Santiago Escuain para Boletín de SEDIN el 1/31/2010 07:17:00 PM

Published in: on +00002010-01-31T07:17:19+00:0031000000bSun, 31 Jan 2010 07:17:19 +0000UTC 23, 2008 at 11:59 am01  Dejar un comentario  
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