Las moscas del vinagre: de Darwin al designio

 

13 marzo 2010 — La mosca del vinagre, también conocida como mosca de la fruta, la Drosophila melanogaster, es un icono de la evolución. Desde la década de 1930 se ha procedido a provocar mutaciones sobre estos pobres bichos y a observarlos esperando signos de cambio darwinista. Sin embargo, y hasta el día de hoy, sólo se han producido mutantes inútiles incapaces de sobrevivir en el medio natural. Recientemente, parece haber científicos más enamorados de su diseño. Dos recientes artículos no tenían nada que decir acerca de ninguna evolución, pero sí mucho acerca de la manera asombrosa en que están constituidas. En realidad, están tan bien ensambladas que pueden dejar desairados a los humanos en muchas maneras —y no sólo porque ellas pueden volar, y nosotros no.

 

Drosophila melanogaster — la mosca del vinagre, presenta un admirable diseño con toda una serie de sistemas coordinados que sólo un dogmatismo materialista puede querer atribuir al azar. En palabras de Richard Dawkins, «lLa biología es el estudio de cosas complicadas que dan la apariencia de haber sido diseñadas para un propósito». Sin embargo, Dawkins quiere atribuir aquello que es patente, el diseño, a un azar. Tal postura no sólo carece de justificación lógica, sino que es expresión del voluntarismo ateo, del deseo de excluir de entrada toda posibilidad de creación y de excluir arbitrariamente al Creador. Imagen: Botaurus.

 

  1. El ojo de la mosca: ¿Sabías que las moscas de la fruta tienen una mejor percepción del color que nosotros? Science Daily decía que los científicos que estudian la fototaxia (atracción hacia la luz) en la Drosophila descubrieron que sus 8 fotorreceptores producen diferentes respuestas conductuales. Uno de los autores del estudio observa: «Este simple insecto puede conseguir una sofisticada discriminación de los colores y detectar un espectro más amplio de colores que nosotros, especialmente en los UV».
  2. La fuente de la juventud en las moscas: Science Daily informaba acerca de una investigación para estudiar cómo las moscas de la fruta contrarrestan el envejecimiento. Científicos en la Universidad de California en San Diego identificaron una proteína conocida como sestrina que «sirve como inhibidor natural del envejecimiento y de patologías relacionadas con el envejecimiento en las moscas de la fruta». La estructura y función bioquímica de esta proteína están «conservadas» (es decir, no presentan evolución) entre las moscas de la fruta y los humanos —lo que significa que puede que algún día lleguemos a deber la capacidad de vivir vidas más dilatadas y más sanas a la investigación acerca de estos diminutos insectos. Experimentos que redujeron la sestrina en las moscas produjeron estrés y deformidades. «Estas patologías son asombrosamente parecidas a los trastornos fundamentales de sobrepeso, de fallos cardíacos y de pérdida muscular que acompañan al envejecimiento en los humanos.»

Estas patologías parecen surgir al perturbarse un importante mecanismo de «control de calidad« llamado autofagia, explicaba el artículo. El equipo investigador está intentando dilucidar si «una expresión apropiada de la sestrina proporcionará la explicación de algunas de las actuales enfermedades degenerativas carentes de explicación asociadas con el envejecimiento». Un investigador espera que estos experimentos den fruto: «Quizá un día podremos usar análogos de la sestrina para prevenir mucho del fallo de los tejidos asociado con el envejecimiento, así como para tratar determinadas enfermedades degenerativas cuya incidencia aumenta con la edad, incluyendo la sarcopenia y la enfermedad de Alzheimer».

  1. Potencia de vuelo: Culturistas, avergonzaos ante la mosca de la fruta: a vuestra escala, ellos triplicarían vuestra forma óptima —y harían más repeticiones, también. PhysOrg observaba que los músculos de estos diminutos insectos se encuentran entre los más potentes del reino animal (gramo por gramo, naturalmente). Frank Schnorrer, del Instituto Max Planck, dice de sus músculos voladores: «Pueden producir 100 vatios por kilogramo de masa muscular y esto durante un largo período de tiempo. Los culturistas y los ciclistas del Tour de Francia sólo pueden soñar acerca de tal rendimiento. Consiguen producir alrededor de 30 vatios por kilogramo de masa muscular».

Alrededor de 2.000 genes en el genoma de la mosca de la fruta de entre unos 12.000 están implicados en la producción de estos músculos dedicados al vuelo. Schnorrer observa: «Es fascinante ver cómo el programa genético de un organismo puede producir unos tipos tan diferentes de células a partir de unas células precursoras idénticas». Live Science presentó un video el mes pasado en el que se muestra cómo los músculos de la mosca de la fruta van aumentando la potencia durante el vuelo.

Los humanos comparten algunos de los mismos genes que las moscas de la fruta. Esto lleva a alguna otra investigación científica basada en el paradigma del designio: el uso de la Drosophila como organismo modelo para comprender la estructura y la función de los genes para los músculos, a fin de producir remedios para discapacidades como la distrofia muscular. «En el futuro, la comprensión de estas relaciones puede servir de ayuda para detectar y tratar enfermedades musculares de forma individual», anunciaba Schnorrer, sin decir ni una palabra acerca de Darwin.

Cuando se aborda un problema científico desde el paradigma del designio, se tienen diferentes objetivos y métodos que desde el darwinismo. Se aborda el problema suponiendo que existe un buen diseño que se tiene que poder comprender. Luego se tiene el objetivo de mejorar la vida humana aplicando lo que se comprende a verdaderos problemas que afrontamos.

Una de las historias más asombrosas que nunca hemos divulgado acerca de este tema fue la de Michael Dickinson de Caltech, en el artículo La mosca del vinagre en el simulador de vuelo (8/12/2003). Recomendamos al lector que relea dicha comunicación para poder ver de forma definitiva que la ciencia fundamentada en un designio plasmado en un diseño inteligente es muy superior a la destrucción de seres mediante mutaciones provocadas en una vana esperanza de encontrar algo que ofrendar a Charles Darwin. Poder observar toda esta potencia y diseño deliberado en una diminuta mosca es suficiente para transformar a un niño en un científico entusiasta —de la clase que pondría su firma en una creciente lista.


Fuente: Creation·Evolution HeadlinesFruit Flies: From Darwin to Design 13/03/2010 Redacción: David Coppedge © 2010 Creation Safaris – www.creationsafaris.com
Traducción y adaptación: Santiago Escuain — © SEDIN 2010 – www.sedin.org

Published in: on +00002010-03-15T09:14:16+00:0031000000bMon, 15 Mar 2010 09:14:16 +0000UTC 23, 2008 at 11:59 am03  Dejar un comentario  
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