El factor que los economistas han olvidado en sus modelos: la Integridad

 

28 mayo 2010 — ¿Es la economía una ciencia? Se encuentra en aquel territorio gris que tiene muchas cosas en común con las ciencias; está muy regida por leyes (por ejemplo, la ley de la oferta y la demanda); usa modelos matemáticos; usa modelos experimentales; desarrolla teorías. Concediendo de entrada que sea una especie de ciencia (aunque una «ciencia blanda» o «ciencia social»), algunos economistas están reconociendo que han estado descuidando incluir un importante factor en sus modelos —la moralidad. PhysOrg mencionaba este factor hoy en un sorprendente titular: «Un investigador considera la función de la moralidad en la moderna teoría económica». El primer párrafo desarrollaba el tema con términos aun más enérgicos –

 

La moralidad, la integridad, son valores absolutos que se relacionan con la aprobación del bien y la condena del mal. Estas son categorías éticas absolutas arraigadas en la realidad del Dios que está ahí. El conocimiento reverente de Dios es la clave de todo conocimiento y el principio mismo de la sabiduría. Fotografía: Púlpito de la iglesia Old Ship, en Hingham, Massachusetts. Modificada de Frank O. Branzetti, Historic American Buildings Survey

 

La crisis financiera mundial de 2008, que ha llevado a lo que muchos en Estados Unidos y Europa designan como «la Gran Recesión», ha llevado a investigadores a repensar las tradicionales teorías económicas de los mercados financieros y del mundo corporativo. Incluso el renombrado teórico Michael Jensen, cuyo trabajo, extensamente citado, ha echado los fundamentos para el amplio uso de lasa opciones de capital como un instrumento de compensación para ejecutivos, ha llamado a sus colegas investigadores a incorporar la «integridad» en sus modelos económicos.

Los economistas no están simplemente tomando una postura moralizadora aquí, como si tuviesen que predicar a tenedores de acciones y a especuladores, exhortándolos a que mejor les irá jugando limpio. No —sino que se dan cuenta de que las partes de los contratos y de los arreglos financieros tienen realmente sensibilidades morales que afectan a sus conductas.

El artículo aquí reseñado destaca las teorías de Douglas Stevens, profesor asociado de contabilidad en la Universidad Estatal de Florida, que durante años ha incorporado la moralidad en sus modelos. Ahora, inspirado por el llamamiento de Jensen, ha sido coautor de un artículo revisado por pares y publicado en Accounting, Organizations and Society llamado «A Moral Solution to the Moral Hazard Problem [Una solución moral al problema del riesgo moral]». ¿Cuando hemos visto jamás la frase «Solución Moral» en un artículo de revisión por pares?

Stevens ha incorporado una nueva idea radical en su tesis. Dice él que no es suficiente para atraer un principal (como un empleado o un socio bajo contrato) con incentivos financieros. En modelos anteriores se ha olvidado el contenido moral. Se centraban en incentivos de mayor o menor riesgo —algunos de los cuales llevaron al hundimiento financiero de 2008. En lugar de esto, Stevens rompe con el modelo de incentivos tradicional de «principal-agente», que adoptaba una sensibilidad moral de cero, y factorizaba las sensibilidades morales de los agentes. «Así, su modelo responde al llamamiento de Jensen a la incorporación de la integridad en la teoría económica», decía el artículo; «Esto es significativo debido a que la teoría sobre el problema del principal-agente, la teoría más matemáticamente formal de la firma, ha estado previamente cerrada al contenido moral».

El nuevo modelo explica cosas que el viejo modelo encontraba desconcertante —como por qué a menudo la gente hace más de lo que se conseguiría con los incentivos:

«Sabemos por simple observación que el tradicional modelo principal-agente no es plenamente descriptivo de la conducta en la vida real», decía Stevens. «A una mayoría de personas se les paga un salario fijo en sus trabajos, y sin embargo proporcionan un esfuerzo suficiente por su paga. Este es particularmente el caso de las profesiones y de las corporaciones sin ánimo de lucro, en los que los incentivos financieros que exige el modelo tradicional son difíciles de situar, por no decir que imposible. El tradicional modelo principal-agente no puede explicar esta conducta. Pero nuestro modelo demuestra que un principal puede pagar a un agente moralmente sensible un salario fijo que lleva a un aumento en la productividad del esfuerzo del agente».

Su modelo demuestra también el valor de la sensibilidad moral para la firma y la sociedad.

«Nuestro modelo sugiere que la sensibilidad moral aumenta el rendimiento de las relaciones entre principal y agente dentro de la firma— lo que hace posibles más de estas relaciones— y lo que permite al agente recibir un salario fijo lleva al aumento de su productividad o capacidad», decía Stevens. «Así, la sensibilidad moral aumenta el bienestar general de la sociedad al disminuir el desempleo y al aumentar la productividad y la paga de los empleados. Esto explica el énfasis que se pone en formación moral dentro de las firmas y de la sociedad en general. Esto también proporciona una advertencia en contra de dejar caer la sensibilidad moral».

¿Quién hubiera podido pensar que la moralidad es un factor en la reducción del desempleo, así como en la mejora de la productividad —con independencia de los incentivos? En realidad, esto es un principio que la Biblia enseña: que el trabajo debería hacerse «como para el Señor» y «no sirviendo el ojo», sólo para agradar a los hombres (Colosenses 3:23, Efesios 6:5-6). La célebre «ética protestante del trabajo» enseñaba a cada persona, individualmente, a creer que un trabajo bien hecho tiene un valor intrínseco, con independencia de los incentivos o de las compensaciones.

Para concluir, el artículo (en realidad un comunicado de prensa de la Universidad Estatal de Florida), hacía hincapié en la importancia de la formación en la ética profesional como, por así decirlo, la «moraleja» de la historia. «Cada crisis y cada escándalo en el mundo de las finanzas es un llamamiento a despertar —tanto para los que habitan este mundo como para los académicos que lo estudian», decía Stevens. «Es de esperar que no vayamos a desaprovechar todavía otra crisis financiera».

Ahora, la pregunta es: ¿de dónde viene la ética? Para encontrar la fuente, de nada valdrá atravesar el campus para ir a los laboratorios científicos, donde los correligionarios de Dawkins proclaman a la gente que proceden por evolución de grumos de cieno. De nada valdrá ir al auditorio, donde Ayala les estará diciendo que el diseño inteligente es un mito y una pseudociencia, y que tenemos que usar la Razón, pero no podrá, por su vida, decirnos por qué hemos de usar la razón. De nada servirá ir al campus de Filosofía y Letras, donde lo que hacen los profesores es dividir a la gente en grupos portadores de agravios diversos que levanten pancartas y puños teñidos de rojo, entonando, con bocas espumantes: «¡Pongamos fin al odio!» Tampoco en la facultad de Astronomía nos podrán informar, donde dicen que los universos saltan a la existencia de vez en cuando, y que el nuestro es uno de entre infinitos universos que saltó a la existencia procedente de una fluctuación cuántica, y que se dirige hacia la muerte térmica. Tampoco vale para nada ir a la Facultad de Historia del Arte, donde dicen que el hip-hop es el equivalente moderno de Bach. Será en vano acudir a la Facultad de Historia, donde los profesores no tienen la más ligera idea de por qué unos humanos funcionalmente modernos pasaron 800.000 años gruñendo en cavernas, y luego decidiendo, así de repente, construir ciudades y barcos, desarrollar la escritura, el comercio, la agricultura, la economía, el arte militar, la manufactura, las matemáticas, el derecho, la religión, las matemáticas y la filosofía.

No, en estas instancias no podrán informarnos. Para encontrar la moralidad debes usar tu cabeza. Tienes una conciencia. ¿De dónde procede? No evolucionó. Sabes de manera innata que ciertas cosas son buenas y otras malas. El bien y el mal tienen referencia a una norma eterna. La conciencia es, en cierto sentido, una ley de la naturaleza. Pablo, un «científico» de esta ley interna, explicaba: «Porque cuando los gentiles que no tienen ley [las Escrituras judías], hacen por naturaleza lo que es de la ley [es decir, reconocen que el homicidio, el hurto y el adulterio son males], éstos, aunque no tengan ley, son ley para sí mismos, mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia, y acusándoles o defendiéndoles sus razonamientos, …» (Romanos 2:14-15). Todos sabemos que esto es cierto, y lo sabemos por experiencia. Roba alguna cosa, e incluso si consigues tu objetivo y nadie lo sabe más que tu, el proverbial demonio y ángel sobre tus hombros comienzan a discutir a tus oídos. Las personas tienen una sensibilidad moral, y los teóricos económicos han errado al ignorar estos factores en sus modelos. Al tratar a personas como meros perros de Pavlov que responden sólo a incentivos, han perdido de vista cómo funciona de verdad el mundo real. ¿Pudiera esto haber llevado a unas previsiones erradas, cegando al mundo a uno de los peores hundimientos financieros de los tiempos modernos? Pues bien, es ya hora de añadir las palabras moralidad e integridad a la teoría económica —por razones prácticas, si no se encuentra ninguna otra.

Para encontrar integridad, sal del campus, cruza la calle, y entra en una capilla cristiana. Allí encontrarás la fuente: «El temor del Señor es el principio de la sabiduría» (Proverbios 1). Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas. (Mateo 22:37-40).

Es bueno ver que algunos economistas están descubriendo la importancia de la integridad. Las otras ciencias podrían también emprender algo de formación en integridad. Hubo un efímero llamamiento a la integridad en Science y en Nature después del escándalo Hwang en 2006 (05/02/2006). No tuvo mayor consecuencia. Fue seguido por una desvergonzada arrogancia en la respuesta de los darwinistas a la película Expelled en 2008, y luego por una tibia admisión de falibilidad después del escándalo del Climagate a finales de 2009. Parece que los científicos no tienen una integridad innata para progresar por su cuenta, y puede que tengamos que proporcionarles incentivos. Haz tu deber: lleva a un científico a tu reunión de iglesia. Dile que es una experiencia fuera de este mundo; dile que le aportará las verdaderas riquezas; dile que es una empresa hacia el más pleno conocimiento —cualquier incentivo que pueda ser adecuado a su nivel de madurez. Lleva a alguien que lo necesite, como a las víctimas de Dawkins. Él ya ha admitido públicamente que prefiere vivir en una sociedad con valores cristianos que una que actuase con unos principios darwinistas; ha demostrado inconsecuencia y necesita aprender integridad. Puede que debas usar los incentivos infantiles que hemos enumerado hasta que consiga la suficiente madurez para ejercitar su conciencia, pero un verdadero progreso sólo será posible cuando pueda explicar y defender la fuente y la referencia última de la integridad. Esto, naturalmente, será sólo el principio del conocimiento, pero comenzar a andar por el buen camino es ya una victoria.


Fuente: Creation·Evolution HeadlinesThe Factor Economists Neglected in their Models: Integrity 28/05/2010
Redacción: David Coppedge © 2010 Creation Safaris – www.creationsafaris.com
Traducción y adaptación: Santiago Escuain — © SEDIN 2010 – www.sedin.org


Publicado por Santiago Escuain para SEDIN – NOTAS y RESEÑAS el 6/18/2010 11:20:00 PM

Published in: on +00002010-06-18T10:05:51+00:0030000000bFri, 18 Jun 2010 10:05:51 +0000UTC 23, 2008 at 11:59 am06  Dejar un comentario  
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