Continuando Con El Arrepentimiento Verdadero

1. Un cambio de propósito— La confesión de nuestro pecado a Dios.

2. Un cambio de propósito—La renuncia del pecado

3. Un cambio de propósito—La vuelta a Dios.

¿Cómo se produce el Arrepentimiento en la vida?

A. El arrepentimiento es, primeramente, una dádiva de Dios. “De manera que también a los gentiles a dado Dios arrepentimiento para vida” (Hechos de los Apóstoles 11:18), “Por si quizás Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad” (2 Timoteo 2:25). El arrepentimiento no es una obra humana propia del hombre: es una dádiva de Dios. —Pero, dirá usted entonces—¿Cómo puedo ser responsable por no tenerla? El objeto del mandamiento de arrepentirse es mostrarnos cuán impotentes somos para hacerlo. Vemos entonces la necesidad de obtener ayuda fuera de nosotros mismos, como también la necesidad de entregarnos completamente a la justicia y gracia de Dios, y de pedirle que haga en nuestros corazones lo que sabemos que no podemos hacer por nosotros mismos. Es normal querer hacer por sí mismo lo que se puede. Por eso, sólo clamamos a Dios y le pedimos su ayuda cuando nos damos cuenta de nuestra incapacidad completa.

B. El arrepentimiento también es producido por ciertos medios humanos. Los Hechos 2:37,38,41: “Al oír esto, se compugieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos ¿qué haremos? Pedro les dijo: Arrepentíos y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo. Así que los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas”. El mismo Dios que demanda el arrepentimiento también lo produce. Con cada mandamiento al arrepentimiento es dada también la habilidad para hacerlo. Cuando la gente de Nínive (Jonás 3:5-10) oyó la predicación de la Palabra de Dios, todos creyeron el mensaje y se volvieron a Dios. No es cualquier mensaje que Dios usa como el instrumento para producir arrepentimiento; es el mensaje del Evangelio. Este mensaje debe ser predicado también en el poder del Espíritu Santo (1 Tesalonicenses 1:5-10). “¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su bondad t4e guía al arrepentimiento? (Romanos 2:4). “El Señor no retarda su promesa según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pedro 3:9). “Diles: Vivo yo, dice Jehová el Señor, que no quiero la muerte del impío, sino que se vuelva el impío de su camino, y que viva. Volveos, volveos de vuestros malos caminos; ¿por qué moriréis, oh casa de Israel?

CONCLUSIÓN

La importancia del arrepentimiento se muestra claramente en la prominencia que se la da en la Palabra de Dios, y nunca se le podrá dar demasiado énfasis. El arrepentimiento tiene un triple significado.

PRIMERO

El arrepentimiento implica un cambio de apreciación—reconociendo el pecado como culpa personal, degradación y desamparo. Esto es lo que se reconoce en las Escrituras como “el conocimiento del pecado”. (Compare Romanos 3:20 con Romanos 1:32). Si este conocimiento no es acompañado por el dolor que es según Dios y el abandono del pecado, puede que se sienta un profundo temor al castigo, pero no el odio hacia el pecado que debía tener.

SEGUNDO:

El arrepentimiento encierra un cambio de sentimiento que se muestra en la tristeza por el pecado cometido contra un Dios santo y justo. “Lávame más y más de mi maldad. Y límpiame de mi pecado . . .Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva en espíritu recto dentro de mí” (Salmo 1). Cuando este sentimiento de tristeza por el pecado es acompañado por el deseo de dejar el pecado y de buscar perdón y purificación, esto es un dolor según Dios; pero ni no, entonces es tristeza del mundo que “obra muerte” (2 Corintios 7:10).

TERCERO:

El arrepentimiento también encierra un cambio de propósito—dejar el pecado y hacer el esfuerzo de buscar el perdón y la purificación. “He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre. . .Purifícame con hisopo, y seré limpio; Lávame, y seré blanco como la nieve. . . Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí” (Salmo 51:5, 7, 10). Este último acto de arrepentimiento incluye los otros dos, y es el más importante de todos. Los primeros dos actos, o pasos, se toman en vano, si no son seguidos por el abandono del pecado. Muchos llegan hasta aquí en el camino hacia el arrepentimiento, y no siguen adelante porque no quieren dejar su pecado. Esto les da mucho placer, y por eso no lo quieren abandonar. Es ahora cuando Satanás viene con todo su poder, porque él sabe que este es el momento crítico, cuando sufrirá una derrota completa o ganará una victoria final. Es en este momento que usted debe rendir todo al Señor, y poner la batalla en sus manos, porque es aquí cuando comprendemos, como nunca antes, que su “poder se perfecciona en la debilidad” (2 Corintios 12:9). Es aquí cuando nos damos cuenta de nuestra ineficacia e impotencia, y le encomendamos la lucha a Dios, para que El muestre su gran poder.

Ref. Escuelas Fuente de Luz

P.D. Esta doctrina del arrepentimiento es crítica. Es absolutamente imprescindible entender esto para poder discernir si hay salvación o no, y cómo se produce ésta. No porque alguno diga que cree en Dios, e incluso en Cristo, quiere decir que ya es apto para el reino de Dios, sino que como se demuestra claramente por las Escrituras si no hay un verdadero arrepentimiento y cambio obvio, no ha habido salvación. Jesucristo es el Camino, pero si no se entiende el mensaje de Jesús con todas sus implicaciones y se obedece, no se produce el nuevo nacimiento, y por lo tanto la salvación.

Recordemos que la salvación hay que conseguirla en vida, ahora, después de la muerte ya no hay esperanza. Es igualmente crítico notar que estas palabras van dirigidas a TODOS. No hay nadie lo suficientemente bueno que no necesite el arrepentimiento genuino. Algunos parecen muy buenos por fuera, pero la Biblia dice que TODOS están destituidos de la gloria de Dios. NO HAY JUSTO NI AÚN UNO (Romanos 3:10). 2 Corintios 6:1-2 “Así, pues, nosotros, como colaboradores suyos, os exhortamos también a que no recibáis en vano la gracia de Dios. Porque dice: En tiempo aceptable te he oído, y en día de salvación te he socorrido. He aquí ahora el tiempo aceptable; he ahora el día de salvación”. Meditemos en estas palabras y pidamos al Señor sabiduría para conocer su voluntad perfecta.

Published in: on +00002010-07-15T02:51:03+00:0031000000bThu, 15 Jul 2010 02:51:03 +0000UTC 23, 2008 at 11:59 am07  Dejar un comentario  

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