Apelar a accidentes cósmicos no es una explicación científica

  

3 octubre 2010 — La comprensión clásica de la ciencia es que explica los fenómenos con referencia a las leyes naturales, que realiza predicciones, que es susceptible de ensayo, cuantificable y falsable. Dependiendo de la rama de la ciencia, muchos investigadores siguen tratando de aferrarse a estos ideales. Eugenie Scott lo expresó de esta manera: «La ciencia moderna opera bajo una regla de materialismo metodológico que la limita a tratar de explicar el mundo natural usando causas naturales». Las causas naturales incluyen leyes naturales, patrones predecibles, probabilidad, o una combinación de lo anterior. Pero los puros accidentes carecen de capacidad explicativa. ¿Qué satisfacción sacaríamos de oír a un científico explicar un fenómeno diciendo: «A veces pasan cosas extrañas»? Esto es lo mismo que decir: «No tenemos ni idea». Veamos si los dos siguientes artículos de la serie de New Scientist «Cosmic Accidents» [Accidentes Cósmicos] pueden mejorar esto.

La vida, el hombre: ¿Accidentes cósmicos o un propósito eterno plasmado en el cosmos? Las realidades humanas, el lenguaje, la conciencia moral, y la misma complejidad de la estructura funcional de la vida, son prueba de la realidad del poder y de la sabiduría del Creador, cosas negadas pero nunca refutadas por el ateísmo.

New Scientist presenta este titular: «Accidentes cósmicos: La invención del lenguaje, de manera fácil». ¿Cuál es esta manera fácil a la que se refiere el reportero David Robson? Así es como lo explicaba. Nos cuenta la historia en el contexto de la migración de homínidos que salen de África para descubrir nuevos hábitats:

Liberados de muchas de las presiones selectivas que habían puesto trabas a su evolución, comenzaron a experimentar sutiles cambios. Sus llamadas, por ejemplo, antes habían tenido que ser muy específicas —una para señalar agresión, otra para anunciar el momento de comer, etcétera— y estaban programadas en la lógica de sus circuitos cerebrales. Cualquier variación respecto de un pequeño «vocabulario» heredado significaba un riesgo de un malentendido potencialmente fatal, de modo que las mutaciones que promoviesen una mayor flexibilidad eran rápidamente eliminadas.

Pero en su nuevo hogar, emergieron mutaciones que permitían vocalizaciones más complejas, controladas por las regiones más extendidas del cerebro. Finalmente, las mismas se transformaron en enormes vocabularios aprendidos y en gramáticas flexibles que hicieron estallar las estrechas limitaciones impuestas a las comunicaciones interpersonales. Un cambio de escenario había creado accidentalmente el más humano de los rasgos: el lenguaje.

La clave de esta narrativa es «mutaciones» que «emergieron». Si un medio ambiente pudiera de por sí crear lenguaje, cada organismo en aquel ambiente acabaría hablando. Y las fuerzas selectivas tampoco pueden crear nada; sólo pueden detener poderes creativos. Al final, el mismo Robson atribuía la causa última al azar: un accidente creó el lenguaje —una vez, en Europa, pero no en África; en humanos, pero no en otros animales. Y es que a veces simplemente pasan cosas extrañas.

Por otra parte, Michael Le Page, en un intento de explicar cómo las bacterias se tornaron en seres humanos, escribía otra contribución a la serie de «Accidentes cósmicos»: «Un salto gigantesco para una simple célula». ¿Cómo lograron las células simples atravesar la “sima” interpuesta entre los simples procariontes, como las bacterias y arqueas, por una parte, y los eucariontes por otra parte, grupo que incluye todo desde organismos unicelulares hasta las jirafas, las orquídeas y los seres humanos? Los científicos inquisitivos quieren saberlo. Le Page pone el escenario: «En tanto que las bacterias nunca forman nada más complejo que hileras de células idénticas, las células eucariotas cooperan para elaborar todo, desde cerebros y hojas a huesos y madera». Aquí tenemos su explicación:

Las incontables simples células que viven en muchos diferentes ambientes en la Tierra han dispuesto de más de tres mil millones de años para evolucionar a la complejidad. Hubiera podido suceder repetidas veces —pero parece haber sucedido sólo una vez, quizá hace 2 mil millones de años. Toda la vida compleja desciende de un solo antecesor común. ¿Por qué? Porque, dice Nick Lane de University College de Londres, la selección natural favorece normalmente una replicación rápida, y mantiene simples las células simples. Luego sucedió un acontecimiento anormal: un arqueón englobó una bacteria y las dos células formaron una relación simbiótica. Esto transformó la dinámica de la evolución, llevando a un período de cambio rápido que produjo innovaciones como el sexo. La bacteria incorporada evolucionó posteriormente para formar las mitocondrias, los generadores de energía de las células complejas.

Le Page añadía que «parece que no había nada inevitable acerca del surgimiento de las células complejas a partir de las que nosotros evolucionamos». Si no era inevitable de ningún modo ni forma en que la ciencia pueda aplicar un criterio, ¿dónde entra la ciencia en la explicación?

Una vez más, la esencia de la explicación es el puro azar: «tuvo lugar un accidente anormal». Los procariontes estaban tratando de evolucionar complejidad durante mil millones de años, pero no podían. Luego tuvo lugar un accidente anormal. El arqueón no estaba intentando englobar la bacteria. No tenía deseo ni plan de hacer tal cosa. Tuvo lugar un accidente anormal —algo completamente imprevisto, algo extraño. Esto transformó la dinámica de la evolución. Pero este accidente anormal estaba repleto de posibilidades. Por ejemplo, «produjo innovaciones como el sexo» y mitocondrias —sí, aquellos diminutos orgánulos con motores de pistones y motores giratorios (véase El motor a pistones se añade al motor giratorio en las células). Vaya, que a veces pasan cosas raras.

Otros artículos en la serie de «Accidentes cósmicos» incluye la explicación mediante azar para el ajuste fino del Big Bang (New Scientist), la explicación mediante azar de Stephen Battersby para el desequilibrio de la antimateria (New Scientist), y su explicación mediante azar para los improbables ingredientes de nuestro sol (New Scientist), la teoría de David Shiga del impacto afortunado para el origen de nuestra luna (New Scientist), la teoría de los hongos afortunados de Richard Webb para el equilibrio de oxígeno de nuestra atmósfera (New Scientist), el afortunado impacto de asteroides que presenta Graham Lawton para explicar el origen de los mamíferos (New Scientist), la teoría de la fisura afortunada de Anil Ananthaswamy para el crecimiento del cerebro humano (New Scientist), y el resumen de Stephen Battersby acerca de la «certidumbre del azar» y la contingencia de la evolución (New Scientist). «Nuestra existencia está peligrosamente encaramada sobre una enorme pirámide de trivialidades», afirmaba. Quizá sea esta la razón de que estas explicaciones basadas en accidentes anormales las publique la reviesta El Nuevo Científico [New Scientist]. No hubieran sido admitidas por los viejos científicos.

La ciencia se queda a veces atascada con explicaciones dependientes del azar. Actualmente no tenemos ninguna teoría de por qué un núcleo radiactivo se desintegra cuando lo hace, o por qué un fotón pasa por una ranura y no por la otra. Pero generalmente los científicos pueden asignar valores probabilísticos, dado un tamaño de muestra suficientemente grande. Si contemplamos suficientes núcleos radiactivos, podremos predecir hasta un elevado nivel de precisión cuántos se desintegrarán dentro de la semivida característica del isótopo correspondiente. Contemplemos suficientes fotones, y podremos predecir qué patrón emergerá sobre la pantalla. Pero si sólo tenemos un núcleo o un fotón, no habrá modo alguno de predecir lo que sucederá. Los científicos tendrían que admitir: «No tenemos ni idea». Incluso en la teoría del caos, que se mueve dentro de lo impredecible, muestras de grandes tamaños permiten la emergencia de patrones predecibles llamados «atractores extraños».

Dados suficientes fumadores, los investigadores médicos pueden predecir qué porcentaje sufrirá cáncer de pulmón; pero nadie se atreviría a predecir la suerte de un fumador determinado. Si pudiera «explicarse» cualquiera de ambos resultados (el fumador vive, el fumador muerte) mediante el valor de la probabilidad, en realidad no se estaría explicando nada. El fumador muere: Tal como habíamos predicho; formaba parte del grupo de 70% que cae víctima de cáncer. El fumador vive: Tuvo suerte, y superó las probabilidades. La teoría explica ambas posibilidades. La línea de fondo es: «No tenemos ni idea».

Cuando un científico se queda reducido a decir: «No tenemos ni idea», su opinión, esencialmente, no es mejor que la de nadie. Por lo que respecta a un observador neutral, un chamán de Nueva Guinea o el Oráculo de Delfos tendrían una observación igual de válida o no para un fenómeno. Y, desde luego, un científico reducido a decir «A veces pasan cosas raras» no puede pretender superioridad sobre un teólogo. «Un golpe de pura suerte», como lo designa David Berlinski, no es explicación en absoluto. Es la antítesis de la explicación. Si la ciencia se queda reducida a golpes de pura suerte, a la Ley de las Cosas Pasan Porque Sí, pierde todo derecho a ninguna prioridad epistémica. Vestirse de una bata blanca de laboratorio, ostentar un doctorado y una cátedra de universidad no son nada más que la fina seda de la mona. Y aunque la mona se vista de seda, mona se queda.

En su declaración de principios, la Sociedad Geológica de América asevera: «La ciencia no puede usarse, por definición, para estudiar sucesos o fenómenos que no pueden percibirse por los sentidos naturales o empíricos y que no sigan ningunas reglas o regularidades naturales». Esta declaración, aunque con la intención de desacreditar el creacionismo y el diseño inteligente, excluye todas aquellas explicaciones que en último término dependen de «accidentes anormales». Por ello, excluye las explicaciones pretendidamente científicas del Big Bang, del origen de la vida, del origen de los eucariontes, del origen del sexo, del origen de la conciencia, y de la mayor parte de las cuestiones en que se sienten interesados los evolucionistas.

El darwinismo mismo queda fuera del campo de la explicación científica. ¿Por qué? Porque la raíz de su explicación es la contingencia —los golpes de pura suerte. El darwinismo es la Ley de que las Cosas Suceden Porque Sí expresado en otras palabras. Los primeros críticos del darwinismo ya señalaron esto. Se sentían estupefactos al ver que Darwin introducía la contingencia en la explicación científica en una era en la que la ley natural reinaba suprema. Darwin creía que había encontrado una ley —la ley de la selección natural—, pero un examen detenido demuestra que es azar disfrazado de ley. Nada podría seleccionarse sin mutación al azar, evidentemente, pero además la selección misma está carente de dirección —y es por ello aleatoria. El medio ambiente es también aleatorio. La «presión selectiva» es impredecible; empuja hacia aquí, hacia allá, hacia abajo, hacia los lados. A nivel fundamental, todo se explica mediante accidentes anormales. Lo que sucede, sucede. Los darwinistas no pueden aparecer después del suceso y decir: lo hizo «la selección natural». Esto es equivalente a decir: «Un accidente anormal produjo este resultado por un golpe de pura suerte. Y es que a veces pasan cosas raras (como la aparición de los eucariontes, o la aparición del lenguaje)». Como ya hemos expuesto una y otra vez, la «ley» del darwinismo explica resultados opuestos —y por ello no explica nada (véase Aptitud para Dummies, Problemas lógicos en la evolución, y Darwinismo, tiempo de funerales). Igual podríamos invitar al Oráculo de Delfos, al chamán de Nueva Guinea y a un jugador de ruleta para dar presentaciones en una convención darwinista. ¿Sobre qué base se les podría negar la admisión? ¿Por la forma de vestir? ¿Por sus gustos de comer? Esta clase de diversidad ya existe en las conferencias científicas.

Eugenie Scott, en sus declaraciones de principios en el sitio web del Centro Nacional para la Educación Científica (NCSE), solía decir: «Ciencia y religión son cosas distintas. Las explicaciones científicas se basan en observaciones humanas de procesos naturales», donde los procesos incluyen leyes, patrones, causas y deducciones lógicas aparte de apelaciones al azar o a pretendidas fuerzas sobrenaturales aceptadas por fe. Pero la nueva explicación, «¿Qué es ciencia?» en el sitio web de NCSE, resalta el método y la «forma de pensar» más que las leyes y las causas. «El proceso de la ciencia es creativo y flexible. No hay un solo método científico usado por todos los científicos. … Todas las conclusiones científicas son provisionales». Esta descripción más deslavazada, más matizada y posmoderna, parece haber sido adoptada para aislar al NCSE de las acusaciones de que la evolución es una tesis no científica. Pero, ¿compensan las ganancias en defensa a las pérdidas en capacidad ofensiva? Porque Scott puede mantener el evolucionismo como ciencia sólo definiéndola de tal manera que amplía su ámbito. Si quiere darse cuenta, ha admitido al oráculo de Delfos y al chamán de Nueva Guinea. A fin de cuentas, tienen métodos; son creativos; son flexibles. Y además pueden también mantener sus conclusiones como provisionales.

En un intento de mantener una distinción en este ámbito ampliado, Donald Prothero añade la única reivindicación en el artículo a una prioridad epistémica: la esperanza de converger hacia la verdad, sea lo que esto sea, de una u otra manera: «La ciencia no emprende encontrar una verdad definitiva, sino sólo ensayar y afinar mejores y mejores hipótesis de modo que estas hipótesis se aproximen a lo que creemos que es verdad acerca del mundo». Pero en su intento de excluir a los chamanes y a los oráculos, Prothero ha dejado entrar a un grupo aun más temible: los lógicos y los filósofos. Éstos preguntarán al científico qué quiere decir por verdad, qué constituye ensayo y afinado si no hay un patrón de verdad mediante el que se pueda medir el progreso, y si aquello que uno cree que es verdad acerca del mundo se corresponde con lo que es realmente verdad acerca del mundo. Prothero necesitará mucho más que un golpe de pura suerte para escapar de este apuro.

Entonces, ¿tenemos aquí un descenso a una niebla posmoderna, donde cualquier opinión es igualmente válida y merecedora de consideración? Afortunadamente, no es este el caso. El Diseño Inteligente (D.I.) identifica una cantidad mensurable, la información compleja especificada (ICE), que puede disipar la niebla. La inteligencia es una causa de la ICE conocida y susceptible de ensayo: su única causa conocida. Y hay un valor de umbral para separar el azar de la inteligencia como explicación científica: el umbral universal de probabilidad, que se basa en el contenido de información del fenómeno bajo estudio. El lenguaje humano y las células eucariotas son ricas en ICE. En tanto que el D.I. tampoco puede demostrar una verdad final, sí que proporciona una inferencia a la mejor explicación para medir la confianza que se pueda tener en el designio como la causa frente al azar como la causa. Esto se puede conseguir aplicando a la explicación el criterio del Filtro Explicativo (véase La CSI [ICE] y el Filtro Explicativo en la tesis del Diseño Inteligente).

Con estas consideraciones, invitamos al lector a reexaminar los artículos mencionados arriba y las explicaciones que ofrecen. Los «científicos» (si es que merecen tal nombre) afirman como causas unos accidentes anormales —a golpes de pura suerte. Pero los fenómenos en cuestión —el lenguaje humano y las células eucariotas, son ricas en una ICE que excede al umbral universal de probabilidad. Con ello el azar queda excluido; el designio es la mejor explicación.

El D.I. comporta otra ventaja: una teoría de la verdad. Dado que muchos fenómenos (el ADN, el cerebro humano, y el universo mismo) pasan a través del Filtro Explicativo hacia la explicación del designio, sigue de ahí que un Diseñador capaz de producir un universo ha de ser mayor que el universo, y por ello trascendente, y externo al espacio-tiempo, y por ello intemporal. Esto nos proporciona un punto de anclaje para la verdad para que ésta sea atemporal, universal, necesaria y cierta. De forma correspondiente, proporciona las precondiciones para la inteligibilidad que un científico suponía para extraer tal conclusión. Es por ello lógicamente coherente y rica en lo explicativo.

Frente a esta propuesta y frente al uso coherente de los análisis probabilistas que demuestran la esterilidad del materialismo como instrumento explicativo, está de moda por parte de algunos individuos, en años recientes, lanzar gratuitas acusaciones de utilizar la mentira para atacar el evolucionismo, en un intento de desacreditar calumniosamente a los proponentes del D.I. Mentir es decir a sabiendas lo que uno sabe que no es verdad. No se miente cuando se argumenta desde la convicción de estar bien fundamentado, errados o no. La táctica miserable de la calumnia intenta apartar a los indagadores de un análisis sereno y sosegado de los argumentos, y no merece más que menosprecio.

Recuperando el hilo argumental, los que pretenden hablar en nombre de la ciencia a la vez que apelan a golpes de pura suerte y a accidentes anormales, en realidad no saben nada (véase A los materialistas: ¿Qué saben?, y Paleofantasía: La evolución del cerebro—cuentos de cuentistas). La negación de la realidad del designio divino en el origen y finalidad del universo y de la vida —y del ser humano—, ha llevado objetivamente a un hundimiento en todos los aspectos. Pero los científicos que adoptan la tesis del D.I. están en la buena compañía como herederos de Kepler y de Newton, de Boyle y de Maxwell); sólo desde esta plataforma se podrá limpiar el estropicio y devolver la explicación científica a donde le corresponde: el azar para acontecimientos simples de bajo contenido en información; probabilidad para sucesos cuantificables; ley natural para patrones predecibles; diseño para fenómenos elevados en ICE con un alto contenido en información. Esto llevaría coherencia a la ciencia.

  

Fuente: Creation·Evolution HeadlinesCosmic Accidents Are Not Scientific Explanations 3/10/2010
Redacción: David Coppedge © 2010 Creation Safaris –
www.creationsafaris.com
Traducción y adaptación: Santiago Escuain — © SEDIN 2010 – www.sedin.org


Publicado por Santiago Escuain para SEDIN – NOTAS y RESEÑAS el 10/13/2010 12:11:00 AM


Lectura suplementaria

Published in: on +00002010-10-12T11:19:26+00:0031000000bTue, 12 Oct 2010 11:19:26 +0000UTC 23, 2008 at 11:59 am10  Comments (8)  

The URI to TrackBack this entry is: https://logos77.wordpress.com/2010/10/12/apelar-a-accidentes-cosmicos-no-es-una-explicacion-cientifica/trackback/

RSS feed for comments on this post.

8 comentariosDeja un comentario

  1. hola logos77:

    lei tu entrada y tengo dos alcances que me gustaría hacer:

    1.- Las mutaciones de la selección natural no son 100% al azar, existen muchos otros factores, que de hecho, son mucho mas importantes, como lo son: características ambientales, numero de la población, cambios bruscos en el entorno(erupciones volcánicas, meteoritos, etc.)… así que no corresponde que desacredites a la evolución atribuyéndola a pura suerte.

    2.- Si bien existen un sin numero de cosas que la ciencia no puede explicar…esta se diferencia de los chamanes y oráculos en que las cosas las trata de explicar mediante un método científico, preciso y conciso. es cierto que este método esta limitado a lo que nuestros sentidos puedan percibir, pero creo que de todas formas constituye el mejor metodo de explicar las cosas, al menos hasta que se descubra otro metodo mejor (ovbiamente a traves de ciencia), en cambio la religion explica las cosas que no entiende de una manera mucho mas fácil y conveniente: “dios lo hizo”, pero esta metodología ha estado perdiendo fuerzas a traves del tiempo, ya que es evidente que la ciencia cada vez mas esta dezplazando a la religión como metodología para explicar nuestro entorno.

    y respecto a las cosas que no se pueden explicar en un 100% (origen del universo, por ej), no quiere decir que nunca se vaya a poder explicar, y que por ende se deba atribuir a un acto divino. si fuera así y hubieras vivido antes de newton…..acaso hubieras explicado la gravedad como “el soplo de dios que nos mantiene pegados al suelo”????…..

    saludos, britelio

  2. Britelio, ¿qué pasa cuando cometes un solo error en los progamas de computación? ¿Funcionan?

    Pues eso. . .

    Saludos

  3. logos77….no entendí tu analogía con los programas de computación….pero si quieres que me esfuerce en hacerlo al menos refuta lo anterior con fundamentos sólidos y precisos, no al estilo “biblia”…

    saludos, britelio

  4. Britelio, las mutaciones, si no provienen de un sistema diseñado, (lo cual niega el evolucionismo), se producen totalmente al azar no importa por qué medios se produzcan.
    No se puede ir por ahí enseñando que no hay inteligencia ni diseñador, y al mismo tiempo negar que la única opción que queda es el azar.
    O es lo uno o es lo otro.

    Saludos

  5. logos77: tu eres el que no puede andar diciendo que la evolución se produce en un 100% al azar…te reto a que me mandes un enlace de alguna pagina científica en donde se diga que la evolución es un proceso totalmente al azar…

  6. Bueno, Britelio, creo que es hora de aclarar algo.

    La palabra evolución es un termino ambigúo y confuso. Evolución significa “cambio”.

    La teoría de la evolución se puede catalogar en dos fases: micro y macro evolución.

    La micro evolución es un cambio dentro de la misma especie. Esto es real, es un hecho, y no se puede negar. La macro evolución es el paso de una especie a otra. Esto no se ha observado nunca en la naturaleza. No existen los fosiles de transición, a pesar de todos los millones de años que llevamos aqui en la tierra.

    Darwin mismo estaba preocupado porque no encontraban dicho fósiles e incluso fué honesto y dijo que si no se llegaban a encontrar, su teoría sería un fracaso. Pues bien, no se han encontrado y su teoría ES un fracaso. Está plagada de falsa información.

    El problema es que usan mal la palabra evolución. Lo que en realidad vemos es variación dentro de la especie programada desde el principio. Esto se sabe ahora por la genética. La explicación bíblica sigue siendo la más acertada.

    Saludos

  7. La explicación cientifica es la mas acertada, ya q la Biblia incluso menciona a un hombre tragado por una ballena, cuando una ballena podría ahogarse incluso con un objeto del tamaño de una toronja, y creo q si entendí la analogía de la computadora, pero lo que dices no es cierto, un programa de computadora no es como la evolución, ya q aun aceptando la existencia de un creador. Seria mucho mas fácil diseñar un programa simple que pudiera adaptarse a cambios significativos mediante reglas sencillas( un programa evolutivo, de los cuales existen algunos muy buenos q ejemplifican muy bien la evolución). Que sacarse de la manga millones y mas millones de líneas de código, que de haberse alaborado especificamente para una función, requerirían mucho mas tiempo para funcionar, tanto, que apenas lo lograran seria necesario modificarlas de nuevo para no perder el ritmo de adaptación al cambio. Entonces, de haber un creador inteligente, no seria el método mas viable para la vida un esquema evolutivo, que se adapta por si mismo después de haber sido implementado , que un esquema q incluya variables inalterables q no responderían a su ambiente y por lo tanto después de un tiempo resultarían inviables?

  8. lgm,

    “El darwinismo mismo queda fuera del campo de la explicación científica. ¿Por qué? Porque la raíz de su explicación es la contingencia —los golpes de pura suerte. El darwinismo es la Ley de que las Cosas Suceden Porque Sí expresado en otras palabras. Los primeros críticos del darwinismo ya señalaron esto. Se sentían estupefactos al ver que Darwin introducía la contingencia en la explicación científica en una era en la que la ley natural reinaba suprema. Darwin creía que había encontrado una ley —la ley de la selección natural—, pero un examen detenido demuestra que es azar disfrazado de ley. Nada podría seleccionarse sin mutación al azar, evidentemente, pero además la selección misma está carente de dirección —y es por ello aleatoria. El medio ambiente es también aleatorio. La «presión selectiva» es impredecible; empuja hacia aquí, hacia allá, hacia abajo, hacia los lados. A nivel fundamental, todo se explica mediante accidentes anormales. Lo que sucede, sucede. Los darwinistas no pueden aparecer después del suceso y decir: lo hizo «la selección natural». Esto es equivalente a decir: «Un accidente anormal produjo este resultado por un golpe de pura suerte. Y es que a veces pasan cosas raras (como la aparición de los eucariontes, o la aparición del lenguaje)». Como ya hemos expuesto una y otra vez, la «ley» del darwinismo explica resultados opuestos —y por ello no explica nada (véase Aptitud para Dummies, Problemas lógicos en la evolución, y Darwinismo, tiempo de funerales). Igual podríamos invitar al Oráculo de Delfos, al chamán de Nueva Guinea y a un jugador de ruleta para dar presentaciones en una convención darwinista. ¿Sobre qué base se les podría negar la admisión? ¿Por la forma de vestir? ¿Por sus gustos de comer? Esta clase de diversidad ya existe en las conferencias científicas”.

    La TE no clasifica como ciencia, solo como filosofía.


Deja un comentario

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s