Prosigue el exorcismo de los fantasmas del nazismo

 

18 julio 2010 — Con toda la abundancia de libros y de documentales sobre la era nazi y sobre la Segunda Guerra Mundial, sería de pensar que este tema ha sido prácticamente agotado por los historiadores, y que ya no queda nada por decir. Pero, cosa sorprendente, siguen saliendo nuevos documentos relevantes. Algunos de estos nuevos documentos, de los que se informa en la revista Science, son especialmente inquietantes: exponen una simbiosis de colaboración entre los verdugos nazis y las facultades de anatomía que necesitaban cadáveres para disecciones. De hecho, se ha descubierto que algunas de las detalladas ilustraciones de anatomía en uno de los más destacados libros de texto de anatomía proceden de cadáveres de presos políticos ejecutados. Pero, ¿no era cierto que la ciencia ha aprendido sus lecciones de su grotesca y horrenda implicación con las atrocidades morales de las décadas de 1930-40? ¿No sería ya hora de volver la página, como pontificaba Nature en un editorial de 2004, 1 y seguir adelante? Mediante este editorial, la dirección de Nature apremiaba a Alemania a olvidar los escrúpulos derivados de su conciencia por su pasado nazi, y a avanzar hacia el futuro. Haciendo referencia a una declaración de principios publicada hacía poco por el Consejo Nacional de Ética de Alemania, decía el editorial de Nature: «Su tono cauto ilustra cuán lenta ha sido la evolución de las actitudes acerca de la santidad de la vida, que han quedado tan profundamente afectadas por el abuso de la genética por parte de los Nazis. En ningún otro país occidental es tan estrecha la gama de actitudes hacia la clonación, y tan inclinada hacia el conservadurismo».

El regimen nazi propició toda una serie de atrocidades, desde una perspectiva deshumanizadora del hombre que encontraba su justificación en una visión racista diseminada en El Origen del Hombre y otras obras de Charles Darwin y de otros autores materialistas del siglo XIX. Imagen: Deutsches Bundesarchiv

Los nuevos documentos presentan una negra realidad. Heather Pringle comenzaba su artículo en la sección News Focus de Science2 con la aseveración de que las lecciones son todavía asunto debatido:

Una investigación de la Universidad de Viena determinó en 1998 que el departamento de anatomía de Eduard Pernkopf usó cadáveres de presos ejecutados de la Gestapo y del Tribunal Superior de Viena para realizar las ilustraciones en su Anatomía Topográfica del Hombre. ¿Qué deberían hacer los anatomistas en 2010 con un atlas a la vez científicamente valioso y moralmente contaminado? Los investigadores permanecen profundamente divididos.

Pernkopf trabajó en su atlas durante dos décadas, según informa Pringle. Según dice, sus ilustraciones siguen sin rival incluso en la actualidad. Además, la revista New England Journal of Medicine, en 1990, calificó esta obra como «un extraordinario trabajo de gran valor para anatomistas y cirujanos». Pero, prosigue ella, «Pernkopf y varios de sus artistas eran fervientes nazis». ¿Deberían las vinculaciones políticas de un investigador invalidar su trabajo, que fue producido en «un tiempo en el que la medicina transgredió la línea de la ética», y hacerlo no apto para su uso por parte de los anatomistas actuales? Como dice Pringle, los anatomistas actuales permanecen profundamente divididos. Pero ha de ser inquietante para cualquiera que contemple estas ilustraciones recordar las circunstancias en que fueron realizadas.

Pringle escribe un segundo artículo en el mismo número de Science titulado: «Afrontando el pasado nazi de la anatomía [Confronting Anatomy’s Nazi Past]».3 Lo que es nuevo en este reciente artículo de 2010 es las recientes revelaciones acerca de los estrechos vínculos de los anatomistas con el régimen Nazi. «Aunque con anterioridad ya se han explorado otros aspectos de la ciencia nazi, como el papel de los psiquiatras en seleccionar a pacientes con enfermedades mentales para la eutanasia, la amplia complicidad de los anatomistas en las injusticias nazis ha aparecido principalmente en trabajos publicados durante el año pasado o poco más». Y la realidad que surge es escalofriante:

Estos estudios documentan la cruda simbiosis que surgió entre los anatomistas que querían cadáveres humanos para la enseñanza y la investigación y un régimen criminal que quería eliminar de forma discreta los cadáveres de grandes cantidades de presos ejecutados. A las facultades de medicina se les asignaron cárceles determinadas de las que recibían cadáveres y de las que aceptaban cadáveres suplementarios para su incineración. Un destacado anatomista de Berlín emprendió la manipulación del tiempo de las ejecuciones y empleó el terror que experimentaban las mujeres presas mientras esperaban morir como una variable científica en un estudio, según una investigación publicada en Clinical Anatomy el año pasado. «El panorama que emerge es el de una pérdida muy gradual de los valores morales entre los anatomistas», dice Christoph Redies, profesor de anatomía en el Hospital de la Universidad de Jena en Alemania, «frente a unas evidentes atrocidades e injusticias».

Imaginemos, si podemos, a un científico informando a una mujer de la hora a que va a ser ejecutada, registrando sus reacciones, y luego, desapasionadamente, extrayendo sus óvulos después de su muerte para estudiar los efectos del trauma mental sobre la reproducción. Estos horrores clínicos realmente sucedieron. No estamos hablando ahora de judíos en campos de exterminio, donde la incineración por millones devino en el horrendo Holocausto, sino de civiles alemanes en centros urbanos, donde meramente repetir un chiste podía significar una condena a muerte. Los nazis tenían que eliminar los cuerpos de 16.000 civiles ejecutados, y los centros de anatomía se sintieron muy satisfechas de recibir los despojos. Pringle escribe: «Los anatomistas vinieron a formar una parte integral del sistema de la pena capital. A cada instituto anatómico se le asignó una instalación carcelaria que poseía una cámara de ejecuciones, y los anatomistas recibían notificación previa de las ejecuciones». El instituto enviaba una furgoneta a recoger los cadáveres: «todo se hacía de forma muy legal», dice Sabine Hildebrandt de la Universidad de Michigan, Ann Arbor, que ha estado estudiando documentos durante una década. La sensibilidad de algunos estudiantes pudo haber quedado afectada al tener que diseccionar cadáveres a los que les faltaba la cabeza, pero «No había forma en que [los estudiantes] ignorasen de dónde procedían los cuerpos», dice Hildebrandt. Un anatomista se sintió tan repelido al ver el cadáver de alguien a quien había conocido personalmente que decidió abandonar su profesión.

No fue hasta hace un año que se publicaron las fechorías de Hermann Stieve, director del Instituto de Anatomía de Berlín desde 1935 hasta 1952. Antes que los nazis llegasen al poder, estudiaba los efectos del estrés sobre gallinas cuando eran expuestas a un zorro enjaulado. Con la llegada de los nazis al poder, tuvo algo todavía mejor: «Stieve examinó los efectos del estrés sobre el ciclo de la ovulación humana. Recogió datos sobre 200 mujeres presas que recibieron estrés al ser notificadas de la fecha de su ejecución, y procedió a su disección después de sus muertes». Pringle entra en los detalles demostrando su complicidad con los verdugos nazis. «Stieve suspendió sus sentimientos personales hasta tal grado, dice Winkelmann, que veía poca diferencia entre diseñar un estudio sobre gallinas enjauladas y mujeres en el corredor de la muerte».

Lo que puede ser más espeluznante es que hay científicos en la actualidad que siguen citando favorablemente la obra de Stieve. En el análisis que realiza William Seidelman, que estudio este tema durante diez años: «Lo que hicieron los mejores y más brillantes fue considerar el encarcelamiento y la decapitación de seres humanos como oportunidades». Sólo en esta última década decidió el Consejo Médico Alemán prescindir de todos los huesos, muestras y material de las víctimas del régimen Nazi de sus colecciones, y dar a los restos una sepultura digna. «Pero Hildebrandt y otros investigadores creen que este es sólo un primer paso hacia enderezar una injusticia histórica fundamental», termina diciendo Pringle. «Desearían que investigadores identifiquen a las víctimas de los nazis usadas por los anatomistas para que la generación actual pueda honrar hoy su memoria».

También en los campos de exterminio nazis se llevaban a cabo «experimentos médicos». El más notorio de los médicos criminales fue Josef Mengele, que actuaba en Auschwitz, y que llegó a ser conocido como «el ángel de la muerte». Estaba particularmente interesado en investigar gemelos idénticos. Mengele realizó crueles experimentos sobre ellos, como inducir enfermedades en un gemelo, y matar al segundo cuando el primero moría de las mismas, para realizar autopsias comparativas. También tenía un particular interés en el enanismo, e infectaba deliberadamente a enanos, a gemelos y a otros prisioneros con gangrena, para «estudiar» sus efectos. En la fotografía, el Bloque 10, dedicado a las atrocidades experimentales de Mengele y otros. Imagen: VbCrLf

Así, la memoria del pasado nazi sigue presente con nosotros hoy. Este otoño, la Sociedad Anatómica Alemana celebrará un simposio titulado «La Anatomía en el Tercer Reich» para afrontar las cuestiones suscitadas por la bien dispuesta colaboración de su disciplina con uno de los regímenes más fríamente asesinos de la historia. Decía un anatomista de Berlín: «Esperamos que esto sirva de contribución para un debate mundial sobre normas éticas acerca del uso de cadáveres humanos en investigación y enseñanza».


1. «Time to look to the future»,Nature431, 385 (23 septiembre 2004); doi:10.1038/431385b

2. Heather Pringle: «Anatomy: The Dilemma of Pernkopf’s Atlas», Science, 16 julio 2010: Vol. 329. no. 5989, pp. 274-275, DOI: 10.1126/science.329.5989.274-b.

3. Heather Pringle: «Confronting Anatomy’s Nazi Past», Science 16 julio 2010: Vol. 329. no. 5989, pp. 274-275, DOI: 10.1126/science.329.5989.274-a.

¿De dónde nos viene la repulsa moral ante las historias narradas más arriba? ¿Por qué nos estremecemos al oír acerca de estos científicos que suspendieron sus sentimientos hasta tal punto que trataban a sus semejantes como gallinas de laboratorio? ¿Por qué deberíamos inquietarnos ante la lenta y gradual pérdida de valores morales de los anatomistas alemanes hace 70 años, y por qué se deberían exigir unas normas éticas más exigentes en la actualidad? Los animales no tienen estos escrúpulos. El oportunismo es común en la naturaleza: las hienas, los buitres y muchos animales corren a beneficiarse de cadáveres que no han matado. ¿Por qué los humanos deberían ser diferentes? Los presos iban a morir de todos modos; ¿no debieran sus restos ser usados para algo positivo, como la ciencia? Si estas ilustraciones son útiles hoy, ¿debería inquietarnos el modo en que se consiguieron? ¿No es una tontería dar una decente sepultura a unos tejidos muertos? ¿Por qué científicos actuales que no tomaron parte en lo que se hizo en Alemania bajo el régimen Nazi tienen que sentir zozobra acerca de todo esto?

La asociación del nazismo con una mentalidad materialista / darwinista ha sido ya explorada (véase, por ejemplo, La influencia deshumanizante del pensamiento moderno: Darwin, Marx, Nietzsche, y sus seguidores). Es la cosmovisión judeocristiana la que pone el énfasis en la santidad de la vida humana. El nazismo es uno de los más atroces ejemplos de la inhumanidad a sangre fría (aunque el comunismo lo haya superado realmente en el número de víctimas). ¿Existe esta actitud en la actualidad? ¿Podría volver a surgir? No debemos suponer que las profundidades de la maldad en el corazón humano llegó al fondo con el nazismo y el comunismo. Vivimos al borde de un precipicio de tinieblas morales tan espantosas que apenas podemos imaginarlas. Con las capacidades de ingeniería genética y de nanotecnología, no es difícil imaginar el potencial de usar, abusar, controlar, manipular y eliminar a seres humanos, si lo emprende una ideología determinada dotada de un poder totalitario. Las diferentes ideologías materialistas, impulsadas por una perspectiva utilitaria del hombre, están siendo propagadas enérgicamente por todos los medios, y sus propagandistas están cada vez controlando más los resortes de los estados.

Consideremos los abusos que están proponiéndose en la actualidad: el uso de fetos abortados para investigación; la recolección de óvulos y embriones humanos para investigación; clonación humana; quimeras humano-animales; una visión utilitaria de la medicina, llevando a la eugenesia y a la eutanasia. Incluso cuando estas prácticas tan moralmente contaminadas se justifican con los beneficios sanitarios o económicos que pudieran aportar a las masas, no son otra cosa que el abaratamiento de la vida humana, y la caída en la «pérdida muy gradual de los valores morales» que se precipita en un abismo sin fondo. Aquí entramos en un verdadero «Eje de Maldad» que está siendo propiciado desde múltiples tribunas contemporáneas e impulsado en muchas sociedades occidentales coetáneas.

Jesús reprendió a los fariseos tratándolos de colaboradores con los perseguidores de los profetas. Citó las pretensiones de los fariseos de que ellos nunca hubieran apedreado y dado muerte a los profetas como sus padres lo habían hecho; insistían en que, bien al contrario, los honraban edificándoles monumentos funerarios. En una observación que a veces es difícil de comprender desde la ética moderna, Jesús les respondió en Mateo 23:29-35que sus acciones demostraban más bien su complicidad con los asesinos del pasado:

« ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque edificáis los sepulcros de los profetas, y adornáis los monumentos de los justos, y decís: Si hubiésemos vivido en los días de nuestros padres, no hubiéramos sido sus cómplices en la sangre de los profetas. Así que dais testimonio contra vosotros mismos, de que sois hijos de aquellos que mataron a los profetas. ¡Vosotros también llenad la medida de vuestros padres! ¡Serpientes, generación de víboras! ¿Cómo escaparéis de la condenación del infierno? Por tanto, he aquí yo os envío profetas y sabios y escribas; y de ellos, a unos mataréis y crucificaréis, y a otros azotaréis en vuestras sinagogas, y perseguiréis de ciudad en ciudad; para que venga sobre vosotros toda la sangre justa que se ha derramado sobre la tierra, desde la sangre de Abel el justo hasta la sangre de Zacarías hijo de Berequías, a quien matasteis entre el templo y el altar.»

Con ello, Jesús no estaba meramente diciendo que eran descendientes genealógicos de los asesinos de los profetas, sino que tenían la misma naturaleza humana caída. Si no se arrepentían, les llevaría a seguir en los pasos de los anteriores asesinos. Al rehusar creer a los profetas y arrepentirse y ser salvos, sus corazones seguían siendo instrumentos de Satanás, lo mismo que los corazones de sus padres. Ello daría como resultado que llegarían a cometer la misma clase de atrocidades que sus padres, si tenían la oportunidad y el motivo para ello. Fuesen cuales fuesen sus pretensiones de propia justicia al decir que ellos no hubieran hecho tal cosa podría impedir aquella tendencia homicida, innata en su naturaleza humana caída. Y, desde luego, tal como Jesús había advertido, a pesar de numerosas profecías y señales que les habían sido dadas, al cabo de pocos meses habían crucificado a Jesús y, después de la resurrección de Cristo, se habían lanzado a la persecución de los apóstoles y discípulos con toda la ferocidad de un Acab o de un Manasés, o más.

Esta lección se levanta clara también en nuestros días. Aunque es admirable que los científicos se preocupen por la ética y la moralidad al ir saliendo a la luz las atrocidades de la era nazi, la autoflagelación y las afirmaciones de moralidad son cosa superficial, algo que se evapora fácilmente ante el señuelo de las oportunidades. Como los fariseos que mantenían la misma pretensión de rectitud y el mismo rechazo a atender que sus predecesores, los científicos actuales se adhieren mayoritariamente a una perspectiva materialista-darwinista que racionalizó las atrocidades del siglo 20. Siguen viendo la salvación en el progreso humano y en perspectivas de sus propias utopías, sin dar consideración alguna a la Palabra de Dios. Sin un cambio de corazón, no es que sean concebibles unas nuevos y peores hecatombes; puede que sean inevitables. El Espíritu de Dios y la sal y luz de los redimidos son lo único que se interpone en el camino.

Fuente: Creation·Evolution HeadlinesExorcising Nazi Ghosts Continues 18/07/2010
Redacción: David Coppedge © 2010 Creation Safaris –
www.creationsafaris.com
Traducción y adaptación: Santiago Escuain — © SEDIN 2010 – www.sedin.org


Publicado por Santiago Escuain para SEDIN – NOTAS y RESEÑAS el 7/31/2010 03:13:00 PM


Lectura de referencia

Published in: on +00002010-10-13T06:23:57+00:0031000000bWed, 13 Oct 2010 06:23:57 +0000UTC 23, 2008 at 11:59 am10  Dejar un comentario  

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