Forcejando para conseguir un sentido evolutivo

 

 

23 noviembre 2010 — A los evolucionistas les encanta repetir a Dobzhansky, que dijo: «Nada en biología tiene sentido excepto a la luz de la evolución». Pero cuando emprenden la tarea de explicar observaciones biológicas, el sentido evolutivo y la luz parecen difíciles alcanzar.

  1. Biodiversidad: El tema de la emergencia de las diversas formas de seres vivos parecería hecho a medida de una explicación darwinista. Entonces, ¿a qué se debe que, después de 150 años de El Origen de las Especies, apareciese en Science Daily un artículo titulado; «El rompecabezas de la diversidad biológica»? El párrafo introductorio parece contradecir ideas que se han sostenido durante largo tiempo: «Durante mucho tiempo los biólogos han creído que las interacciones entre las plantas y los insectos que las polinizan aceleran los cambios evolutivos y promueven la diversidad biológica», decían. «Sin embargo, nuevos descubrimientos exponen que algunas interacciones entre plantas y polinizadores son menos susceptibles de incrementar la diversidad de lo que se creía antes, y que en algunos casos la disminuyen».

 

 

La evolución parece quedar muy a oscuras acerca de la relación entre el árbol de Josué (arriba) y su polilla polinizadora (abajo), contemplada depositando una bola de polen en un estigma de una planta de yuca. Fotografías: Arriba, cortesía de Jack11Poland. Abajo, cortesía de Sherwin Carlquist

Estos resultados derivan de estudios de polillas especializadas que polinizan el árbol de Josué (Yucca brevifolia). Los investigadores, en contra de las expectativas, han encontrado que «no hay indicios de que las poblaciones locales de polillas se adapten a poblaciones locales del árbol de Josué». Uno de los investigadores se jactaba de que los resultados se ajustan a su teoría, pero es difícil confirmar una teoría que puede explicar resultados contrarios: «Pero diferentes interacciones pueden tener efectos muy diferentes —algunas incrementan la diversidad, otras no incrementan en absoluto la diversidad, y algunas pueden incluso reducir la diversidad». Si esto es representativo de una ley de la evolución, es más bien una reformulación de la ley de que Las Cosas Pasan Porque Sí.

  1. Carrera de armamentos: La metáfora de una «carrera de armamentos evolutiva» es popular entre los evolucionistas. Según este tema de proyección, un organismo ataca a otro, haciendo que este último evolucione defensas, haciendo que el atacante evolucione armas ofensivas, llevando a una adicional evolución defensiva, y así en progresión continua. Science Daily afirma que esto ha sido verificado en el caso de un nuevo sistema modelo, una planta de mostaza y una mosca. El artículo comienza con la aserción de que este sistema «promete responder muchos antiguos interrogantes que rodean la carrera armamentista evolutiva entre insectos comedores de plantas y sus plantas huésped»; esto suscita inmediatamente dos preguntas: (1) ¿Por qué estas antiguas preguntas acerca de esto no han recibido respuesta después de 150 años de teoría darwinista?, y (2) ¿cuándo llegarán estas respuestas?

Noah Whiteman, de la Universidad de Arizona, dejó a un lado la planta modelo usual Arabidopsis thaliana por otra que podía observar en tiempo real mientras que un insecto la atacaba. Los sistemas genéticamente tratables son «los santos griales de cualquier ciencia seria que tenga como objetivo desentrañar los mecanismos biológicos hasta el nivel de los genes y de las proteínas, y de las moléculas señalizadoras». Este aserto sugiere que hay pocos de estos sistemas disponibles para estudiar el fenómeno de la carrera armamentista evolutiva. Whiteman realizó un buen trabajo de campo al modo antiguo, observando plantas atacadas por las moscas, para llevarlas luego a su laboratorio. Las observaciones parecían indicar que las plantas estaban respondiendo produciendo sustancias químicas que interfieren con el tracto digestivo de las moscas, pero admitía que «es muy complicado, en realidad no sabemos qué está sucediendo a un nivel molecular».

Experimentos controlados con bloqueo de genes parecen respaldar las ideas de que los genes responden a ataques y a defensas. Pero la situación resulta bastante compleja: «Como sucede en la investigación pionera, el descubrimiento inicial agitó una miríada de interrogantes», incluyendo, pero sin limitarse a:

«… ¿Cómo responde el minador a la presencia o ausencia de estas moléculas tóxicas? ¿Se cuida de ellas? Claramente sí. Hay un coste para la detoxificación, pero, ¿cuál es?»

Hay interrogantes ecológicos que también esperan respuesta.

«Sabemos que el hábito de minado de hojas ha evolucionado probablemente 25 veces en los insectos», decía Whiteman: «principalmente en escarabajos, mariposas, polillas, algunas avispas y moscas portasierras (sínfitos). No está presente en los otros órdenes de insectos, pero, ¿por qué no? ¿Cómo ha conformado la selección la capacidad de estos insectos de colonizar un organismo con una potente respuesta defensiva?

Evidentemente, para que Whiteman consiga encontrar sentido a esto a la luz de la evolución, le toca hacer un montón de trabajo. Incidentalmente, los lectores podrían plantear la pregunta de cómo fue que la Arabidopsis thaliana llegó a ser un organismo modelo para estudios. No hay ningún criterio científico. «Parece haber la idea de que existe este gran convenio en el que un grupo establecido decide qué es lo que se comporta en un organismo modelo, cuando de hecho es sencillamente individuos que deciden qué es lo que se puede recoger y qué es lo que funcionará», observaba Whiteman. Es lícito plantearse si generalizaciones realizadas a partir de una planta modelo pueden realmente aplicarse a árboles eucaliptos gigantes, a la Venus atrapamoscas, a cactus y a orquídeas.

  1. Crimen organizado: Science Daily proseguía el tema de la carrera armamentística con aves. «Igual que gángsters implicados en una banda de “protección” chantajista, los dicrúridos del Desierto del Kalahari actúan como centinelas atalayando para otras aves a fin de robar una porción de la presa que éstas consigan», comenzaba el artículo. «La conducta … puede representar un raro ejemplo de dos especies que evolucionan desde una relación parasítica a una relación mutualista». Pero es difícil presentar esto como un ejemplo de evolución, porque incluso si sus interacciones cambiasen, su biología —su genotipo y fenotipo— permanecieron iguales. Y a esto se le llama un raro ejemplo de tal tipo de evolución, si es que se trata de un ejemplo en absoluto («puede representar», dicen).

  1. Vuelta a reescribir los libros de texto: Algunas plantas, como los cactus y las hierbas, usan una forma alternativa de fotosíntesis llamada C4. Los evolucionistas creían que sabían por qué. Pero ahora, según PhysOrg, «Un nuevo análisis de granos fosilizados de polen de hierba depositados en antiguos fondos lacustres y marinos europeos hace de 16 a 35 millones de años revela que las hierbas C4 evolucionaron en época más temprana de lo que se creía antes. Estos nuevos datos arrojan dudas sobre la creencia ampliamente aceptada de que el surgimiento [es decir, “evolución”] de este grupo de plantas increíblemente productivas fue impulsado por una gran caída en concentraciones de dióxido de carbono atmosférico durante la época del Oligoceno».

En otras palabras, si la anterior explicación tenía sentido a la luz de la evolución, ya no es así. «La idea de que las hierbas C4 se originaron antes de disminuciones globales en niveles de dióxido de carbono exige que reevaluemos la manera en que pensamos acerca de la evolución de la fotosíntesis C4», decía el doctor David Nelson [Universidad de Maryland]. «Esta nueva información debería alentar el examen de alternativas presiones selectivas evolutivas, como temperaturas cálidas o climas secos».

  1. El tamaño no importa: A veces, dar a un concepto un nombre fantasioso no sirve para mucho. «Encefalización» es un término que inventaron los evolucionistas para describir aquello que esperaban encontrar: el incremento del tamaño del cerebro en relación con el tamaño del cuerpo en el curso del tiempo. Suzanne Schultz y Robin Dunbar de la Universidad de Oxford decidieron comprobar si la encefalización ocurre de verdad. Escribiendo en PNAS,1 observaron que «las relaciones alométricas entre el tamaño del cerebro y el del cuerpo se han usado como representativos de cambio evolutivo, a pesar de que la validez de este planteamiento ha sido extensamente cuestionada». Por primera vez intentaron «investigar de forma cuantitativa tendencias temporales en la evolución del tamaño del cerebro transversalmente a un grupo divergente de mamíferos» mediante un estudio de 511 esqueletos de animales vivientes y fósiles.

En contra de lo esperado, no descubrieron patrones de encefalización: «Las tendencias de encefalización varían a través de los taxones mamíferos, donde algunos muestran una fuerte evidencia de aumento macroevolutivo en el tamaño del cerebro, y otros no», escriben. «Estos resultados plantean un desafío a la suposición convencional de que la encefalización es una tendencia general a través de los taxones mamíferos». Los patrones que encontraron parecían relacionados con socialidad, no con aptitud, pero incluso esta asociación era débil: «Esto sugiere que la presión para un incremento de la encefalización está asociada con algún aspecto de socialidad vinculada», decían, pero «Hay todavía interrogantes no resueltos relativos a las demandas cognitivas de la socialidad vinculada y acerca de qué aspectos de la ecología de un taxón que hayan hecho tan evolutivamente ventajosa la socialidad vinculada» —esto, naturalmente, suponiendo que esta débil correlación sea genuina y que indique una causa o un efecto.

Pero incluso si los tamaños del cerebro aumentasen con el tiempo, esto no establece que la evolución haya realizado un progreso. Después de todo, Schultz y Dunbar observaba: «Se establece una analogía común con la tecnología informática; a lo largo del tiempo, el tamaño no se relaciona directamente con la eficacia funcional, aunque dentro de tecnologías comparables sea más probable que se mantenga una relación tamaño/función (p. ej., al comparar entre discos duros o tamaño de RAM, o la velocidad de procesadores Pentium duales frente a solitarios). Adicionalmente, una evaluación de la variabilidad del tamaño total o relativo del cerebro dentro de taxones no puede abordar los patrones generales de variación en patrones de evolución del cerebro a través de grupos». En resumen, no está tan claro que ninguno de los datos tenga sentido a la luz de la evolución.

Sin embargo, el artículo de PhysOrg ignoraba completamente los problemas que habían admitido, y quería hacer ver como si el evolucionismo triunfaba explicando los datos. «A lo largo de millones de años los perros han desarrollado cerebros mayores que los gatos debido a que las especies sumamente sociales de mamíferos necesitan más potencia cerebral que los animales solitarios, según un estudio de la Universidad de Oxford», decía en negrita. Esto NO es lo que comunicaba el artículo original.

  1. Los caracoles, caracoles son: Un nuevo doctor está orgulloso de su colección de caracoles de Nueva Zelanda. PhysOrg daba el protagonismo a Simon Hills, un nativo maorí, por extraer los «secretos de la evolución» de datos fósiles y genéticos de caracoles de Nueva Zelanda.

Sin embargo, en ninguna parte del breve artículo aparecía ninguna información acerca de la evolución que realmente interesa al público: pruebas de caracoles surgiendo a partir de no caracoles, o evolucionando hacia alguna otra cosa: a fin de cuentas, incluso los creacionistas más estrictos aceptan «cambios en función del tiempo» dentro de los tipos creados. Además, los caracoles de Hills pertenecen todos a un mismo género.

Cosa sorprendente, Hills «ilustraba que los orígenes de las modernas especies son alrededor de 13 millones de años más recientes que los especímenes fósiles más antiguos conocidos», y sin embargo los caracoles han seguido siendo caracoles después de más del doble del tiempo que se atribuye para el surgimiento del cerebro humano a partir de simios del nivel del chimpancé, o del que se cree que necesitó un mamífero tetrápodo para evolucionar hasta la ballena azul.

¿Cómo es posible que un joven candidato a doctorado confundiera el coleccionismo de caracoles con explicación científica? Su respuesta revela más emoción que rigor filosófico: «El truco para el doctorado es estar entusiasmado por tu tema», decía: «Mi expediente académico no era tan brillante. Luego emprendí un proyecto sobre biología evolutiva, y me lancé».

  1. Multitarea foliar: ¿Sabía el lector que las venas en una hoja hacen mucho más que transportar fluidos? En un artículo aparecido en Science Daily, un estudiante de doctorado en la Universidad de Arizona las comparaba con los principales sistemas orgánicos en nuestro organismo. Decía: «Es como el esqueleto, porque sostiene toda la hoja y permite que atrape la luz solar y que no sea arrebatada por un vendaval. Es como el sistema circulatorio porque distribuye agua desde las raíces a todas las células de la hoja, y porque también lleva recursos desde la hoja de vuelta al resto de la planta después que se ha realizado la fotosíntesis. También es como un sistema nervioso porque hay señales químicas que se transmiten a las hojas desde otras partes de la planta a través del líquido en las venas».

Para un estudiante en el departamento de biología evolutiva, es sorprendente que Blonder tenga bien poco que decir acerca de la evolución (en realidad no dice nada). Más bien, estaba estudiando cómo las hojas consiguen llegar a una optimización de la realización simultánea de estas tareas en diferentes medios. Las venas de las hojas, por ejemplo, proporcionan múltiples rutas a cada célula, y pueden reparar rutas alternativas en caso de daños. «Si la ciudad está bien diseñada, puedes siempre tomar otra ruta para llegar adónde te diriges», dice, aparentemente inconsciente de las implicaciones para su propio trabajo.

  1. Serpientes voladoras: Los medios de comunicación se han estado divirtiendo con serpientes voladoras sin siquiera considerar nada acerca de su evolución (p. ej., Science Daily). De manera parecida a Buzz de Toy Story, algunas serpientes pueden caer con buen estilo, y National Geographic tiene un video para visualizarlo. ¿Acaso la evolución arroja luz sobre este fenómeno? «Esto es asombrosamente interesante y curioso, y no está nada claro cómo funciona o cómo pudiera haber evolucionado», decía un físico de Virginia Tech. «Estoy simplemente tratando de responder a estas preguntas básicas». La linterna de Dobzhansky debe estar estropeada.

Cuando los científicos pueden señalar a una ley de la naturaleza que permite realizar predicciones, entonces pueden asentarse sobre un fundamento científico firme. Los biólogos envidian las nítidas leyes matemáticas de la física que no admiten excepciones. En biología, las leyes han sido pocas y controvertidas. La semana pasada, Roberta Millstein, filósofo en la Universidad de California en Davis, reseñaba un libro en Science2 que anunciaba con orgullo una nueva ley biológica universal de la evolución: Biology’s First Law: The Tendency for Diversity and Complexity to Increase in Evolutionary Systems [La Primera Ley de la Biología: La tendencia al incremento de la diversidad y complejidad en sistemas evolutivos], por Daniel W. McShea y Robert N. Brandon (University of Chicago Press, 2010). Millstein, plenamente familiarizada con los problemas conceptuales de las leyes físicas, conocedora del debate acerca de si las leyes biológicas siquiera existen, parecía divertida con la temeraria pretensión de estos dos biólogos no filósofos de haber descubierto una.

¡Y qué ley! McShea y Brandon se inventaron una «ley de la evolución de fuerza cero» (ZFEL) que parece imposible de distinguir de la ocurrencia de sucesos al lazar. Explicaban esto mediante una analogía (que Millstein parafrasea):

Imaginémonos un terreno que contiene un número determinado de árboles, e imaginemos que el viento sopla desde cada punto cardinal con la misma probabilidad. Al llegar el otoño, el resultado será un aumento en la dispersión de las hojas con el paso del tiempo. Esto, sugieren, es un estado de fuerza cero porque no hay fuerzas direccionales que actúen sobre las hojas. Sin embargo, hay cambio con el tiempo (diferente del fenómeno descrito por la ley de la inercia en física): las hojas que habían estado originalmente agrupadas alrededor de los árboles quedan más dispersas. Y si un sistema evolutivo se encuentra de forma similar en un estado de fuerza cero, también experimentará un aumento en la divergencia con el paso del tiempo.

¿De verdad creen McShea y Brandon que esta clase de concepto va a explicar el origen del vuelo de las aves, el sonar de los delfines, y los motores celulares (véase el artículo de CMI sobre la ATP sintasa para ver con que realidades formidables se enfrenta la propuesta evolucionista).

Millstein parece casi condescendiente en su intento de no decir que todo esto son sandeces. Desmonta sus términos y conceptos y demuestra que los actores confunden las fuerzas, las causas y el empirismo. «¿Qué sucede, entonces, si (a pesar de su nombre) la ZFEL no es realmente una ley de fuerza cero en absoluto? La generación de los autores pierde algo de su impacto retórico, quizá, pero el impacto no lo es todo», acababa, adivinándose una sonrisa sardónica en el subtexto. Si la ZFEL se mantiene en muchos casos, entonces es sencillamente como viendo un bosque en los árboles. Si se mantiene para pocos casos, entonces «en cada caso tendremos que considerar si tenemos que invocar explicaciones especiales para aumentos observados en la diversidad a lo largo del tiempo». Pero si uno tiene que invocar explicaciones especiales en cada caso, todas las esperanzas de haber descubierto una ley científica se desvanecen.

Pudiera haber algún bebé en alguna parte en toda esta agua sucia del baño (o, para mantenernos en la metáfora de Dobzhansky, algún sentido a la luz de la evolución): «Una generalización no tiene que ser una ley de fuerza cero, ni una ley en absoluto,para que sea importante, útil e informativa». Claro, o sea que, a fin de cuentas, el enunciado de que «Las Cosas Pasan Porque Sí» es una respuesta útil a las preguntas planteadas.


1. Suzanne Schultz y Robin Dunbar, «Encephalization is not a universal macroevolutionary phenomenon in mammals but is associated with sociality», Proceedings of the National Academy of Sciences, publicado en línea antes de su impresión el 22 de noviembre de 2010, doi: 10.1073/pnas.1005246107.

2. Robert L. Millstein, «Evolution: A Law by Any Other Name Would Smell as Sweet», Science, 19 de noviembre de 2010: Vol. 330 no. 6007 pp. 1048-1049, DOI: 10.1126/science.1197366.

Una propuesta a los darwinistas anticreacionistas que leen estas entradas: ¿no vale la pena meditar estas observaciones? ¿Dónde está la sustancia en la frase de que «nada en biología tiene sentido excepto a la luz de la evolución»? ¿Luz? ¿Dónde está esta luz? ¿Dónde está el sentido? Los ocho puntos tratados son representativos del material que se presenta en canales de noticias científicas a diario. ¿Puede un darwinista estar satisfecho de este material? ¿A esto se le llama ciencia? ¿A esto se le llama Ilustración?

Esta es la teoría que sus proponentes dicen que está tan bien establecida, que es tan evidente, que arroja tanta luz, que creer cualquier otra cosa significa que se está loco o que se es malvado. Esta es la teoría que debe forzarse a todos nuestros estudiantes. No se puede permitir a nadie que lea una advertencia en el sentido de que quizá haya problemas con la larga narración de Charles Darwin, y de que hay alternativas acerca de las que puede leer, si lo desea. Todos los intentos de tratar esto en foros públicos invitan el fuego y el azufre de la Policía Darwinista del pensamiento, como se ha constatado en múltiples ocasiones.

La creencia en el evolucionismo, a pesar de sus intentos en formularse como Ley, no puede llegar a ser más que la Ley de que Las Cosas Pasan Porque Sí. Y, naturalmente, debido a su carencia de base, su única verdadera defensa consiste en rehuir una discusión pública no manipulada ni mediatizada.

Fuente: Creation·Evolution HeadlinesStruggling to Make Evolutionary Sense 23/11/2010
Redacción: David Coppedge © 2010 Creation Safaris –
www.creationsafaris.com
Traducción y adaptación: Santiago Escuain — © SEDIN 2010 – www.sedin.org
 


Publicado por Santiago Escuain para SEDIN – NOTAS y RESEÑAS el 11/30/2010 04:44:00 PM

Published in: on +00002010-12-01T09:40:13+00:0031000000bWed, 01 Dec 2010 09:40:13 +0000UTC 23, 2008 at 11:59 am12  Comments (1)  

The URI to TrackBack this entry is: https://logos77.wordpress.com/2010/12/01/forcejando-para-conseguir-un-sentido-evolutivo/trackback/

RSS feed for comments on this post.

One CommentDeja un comentario

  1. Hola a todos:

    Muy buen artículo, qué pasaría si mencionamos la comparativamente inmensa inteligencia del pulpo, o la del perro común comparado con la de los simios, que debería ser INMENSA e HIPER E INCOMPARABLE Y ABISMALMENTE superior?

    Esto lo pego acá pues se aplica perfectamente a este tema:

    De donde y con que derecho se ponen a teorizar y armar hipótesis CONTANDO(a priori) CON las leyes que El que habita enmedio de aclamaciones de júbilo ha proveído: PRIMERO, FIRST, cero-plus-prima-prima investiguen de dónde vienen las leyes, y después (si pueden con ese GENUINO sustrato) traten de inventar una biología evolucionaria que trate de infectar de su veneno anti-cooperación, individualista y competitivo, al resto de disciplinas.

    Saludos


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s