Los evolucionistas lo admiten: es un proceso de errores

 

 

 

 

26 enero 2011 — «Evolución por Error» es el titular de un reportaje sobre evolución en Science Daily. ¿Pueden los protagonistas conseguir crear ojos, alas y cerebros con errores?

El surgimiento de las estructuras y funciones de alta precisión de la visión, del vuelo, de las redes de comunicación y coordinación, señalización, y la codificación de todos estos sistemas, además de todo el control del desarrollo del organismo desde su etapa incipiente en el huevo hasta el estadio adulto, por no hablar de los procesos de metamorfosis en aquellos organismos que la manifiestan, como la libélula. El origen y gestión de esto y mucho más se resiste a todos los intentos de explicación materialista, que tienen que ocultar su impotencia bajo una retórica repleta de aquello que quieren negar: personificación, finalismo, plan. Fotografía superior: libélula Himecordulia Tau en vuelo, cortesía de Fir0002. Fotografía inferior: Colibrí esmeralda de cola blanca en vuelo estacionario, cortesía de Dirk van der Made

El resto del titular dice: «La fuerza impulsora fundamental procede de cómo los organismos afrontan los errores a nivel celular». Ya de entrada parece establecerse una tensión entre errores, que carecen de dirección y propósito, y como los organismos los afrontan, lo que a primera vista parece un tema de designio y propósito (como en una práctica de seguridad corporativa o un software antivirus). Sin embargo, aquí no se recurre a ningún concepto de diseño inteligente. El párrafo inicial dice: «Charles Darwin basó su pionera teoría de selección natural en el entendimiento de que la variación genética entre los organismos es la clave de la evolución». Este saludo enviado a Darwin significa que su intención es explicar todas las maravillas del mundo de lo viviente por descendencia con modificación desde las bacterias hasta los hombres. ¿Lo conseguirán con «evolución por error»?
Al igual que Darwin, Joanna Masel y Etienne Rajon en la Universidad de Arizona (que aparecen sonrientes ante la pizarra en una fotografía), reconocen la exquisita adaptación de los organismos a su medio. «Pero exactamente cómo la naturaleza crea la variación para empezar sigue constituyendo un cierto enigma para los biólogos evolutivos», admitía el reportaje. Esto puede parecer extraño para los lectores que creían que Darwin o los neodarwinistas habían solucionado el asunto hace largo tiempo.
Masel y Rajon «descubrieron que las maneras en que los organismos afrontan los errores que aparecen mientras se está procediendo a la interpretación del código genético en sus células influye enormemente en su capacidad de adaptarse a nuevas condiciones ambientales —en otras palabras, sobre su capacidad de evolucionar». Con ello implican que la capacidad para evolucionar llevará a innovación (alas, ojos, cerebros), porque más adelante aparece la frase «cómo la naturaleza crea innovación». ¿Pueden pasar de los errores a las innovaciones? En tal caso, deberían hacerlo sin personificar la evolución (figura retórica conocida como prosopopeya), de modo que los lectores tendrán que perdonarles esta línea donde entremezclan una evolución personificada con diseño inteligente:
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«La evolución necesita de un patio de recreo donde ir probando cosas», decía Masel: «Es igual que en los negocios competitivos: Se tienen que someter a prueba nuevos productos y nuevas ideas para ver si pueden afrontar el reto

 

Pasando por alto este desliz, pasemos a los detalles de su idea:
En la naturaleza, según resulta, hay muchas nuevas características que, por ejemplo, capacitan a sus portadores a conquistar nuevos hábitats, que comienzan como equivocaciones; errores cometidos por células que resultan en alteración de proteínas con cambios en sus propiedades o en funciones que son completamente nuevas, incluso cuando no hay nada erróneo con el gen mismo. Algún tiempo más tarde, uno de estos errores puede introducirse en el gen y convertirse en más permanente.
Mantengamos fija la mirada en las manos del prestidigitador. El lector quiere ver una innovación, como un ojo, un ala o un cerebro, donde no existía antes. De momento tenemos errores que alteran proteínas. El gen estaba en buen orden, pero algo sucedió aguas abajo en el proceso. «Algún tiempo más tarde, uno de estos errores puede introducirse en el gen», nos anuncian. ¿Pruebas? No aparece ninguna en el reportaje.
Luego distinguían entre soluciones globales y locales. La solución global, dicen, es «evitar cometer errores para empezar, por ejemplo mediante un mecanismo de lectura de pruebas para detectar y corregir errores según van apareciendo». Hay algo que «vigila todo el proceso», dicen, pasando también completamente por alto la cuestión de cómo todo un proceso que vigila buscando errores y los corrige podría ser él mismo un producto de errores. En todo caso, las soluciones globales tienen que ver con la preservación de la integridad del genoma, no con conseguir innovaciones como alas, ojos y cerebros. La innovación tendrá que ser local:
La alternativa es permitir que sucedan errores, pero evolucionar robustez frente a los efectos de cada uno de ellos. Masel y Rajon designan esta estrategia como una solución local, debido a que en ausencia de un mecanismo de corrección global de errores se precisa que un organismo sea resistente frente a cada uno y todos los errores que surjan.
«Hemos descubierto que unas poblaciones sumamente pequeñas procederán a evolucionar soluciones globales, mientras que poblaciones sumamente grandes procederán a evolucionar soluciones locales», dice Masel. «Las poblaciones con unos tamaños más realistas pueden ir en cualquiera de ambas direcciones, pero gravitarán hacia una u otra. Sin embargo, una vez definen su tendencia, raras veces cambian, incluso a lo largo del tiempo evolutivo
Este párrafo va repleto de estrategia – otro concepto lleno de un propósito ostensible. Si un organismo tiene una estrategia para permitir que se introduzcan algunos errores, pero luego «evolucionar robustez» frente a sus efectos, ¿acaso esta estrategia misma evolucionó por error? No lo dicen.
Luego introducen un contraste entre «variación regular, que es generalmente mala la mayor parte de las veces, por cuanto las probabilidades de que una mutación génica lleve a algo útil o incluso mejor son bastante escasas» (véase el libro en línea —en inglés— para los cálculos; en castellano hay un buen artículo, El origen del primer sistema vivo), «y lo que ellos designan como variación críptica, que es menos susceptible de ser mortífera, y más susceptible de ser mayormente inofensiva». Incluso en tal caso, no habrá probabilidad de que ni una píldora venenosa ni un placebo produzcan alas, ojos y cerebros. Si uno tiene un antídoto para la píldora venenosa, o un proceso para empezar que evite tragarla, no te matará, pero el placebo (la variación críptica), incluso si es «mayormente inofensiva», no tiene capacidad para innovar. No es probable que obtengas un tercer ojo gracias a ello.
Entonces, ¿cómo trabaja la variación críptica, y por qué es tan importante para comprender la evolución?
Al permitir que ocurran una cierta cantidad de errores en lugar de suprimirlos mediante una maquinaria global de corrección de errores, los organismos consiguen la ventaja de permitir aquello que Masel designa como preselección: Proporciona una oportunidad para que la selección natural actúe sobre secuencias incluso antes que ocurran mutaciones.
El lector crítico de este párrafo querrá saber no sólo si la teoría de estos autores puede producir innovaciones a partir de errores, sino cómo su misma teoría surgió por errores. En otras palabras, nos hablan de variación críptica que trabaja, acerca de importancia, acerca de comprender, acerca de estrategias para admitir algunos errores pero no otros —¿qué o quién decide? Pasan de puntillas la cuestión de cómo pudo aparecer «una maquinaria global de corrección de errores» a partir de errores para adentrarse en la gran falacia (véase El Corolario de Weinberg) de la preselección como «una oportunidad para que la selección natural actúe». ¿Acaso la selección natural es una persona? ¿Acaso tiene un plan? ¿Cómo podría tener la selección natural ningún conocimiento previo de la necesidad de un ojo, de un ala o de un cerebro?
Admiten que un error que lleva al mal plegado de una proteína podría ser «muy tóxico para el organismo». Los creacionistas estarían de acuerdo en que «En este caso de una proteína mal plegada, la selección favorecería mutaciones que llevasen a que esta secuencia genética no fuese traducida a proteína o favorecería secuencias en las que haya un cambio de modo que incluso si aquella proteína se produce por accidente, la secuencia alterada fuese inocua». La selección purificadora (la eliminación de errores) y la selección compensadora (la tolerancia de errores) no son objeto de controversia: a no ser que evites tomar la píldora venenosa, o que no tengas antídoto, mueres sin transmitir tus genes. Pero la posesión de estas protecciones no te proporcionará un ala, ni un ojo, ni un cerebro. Pero si tan sólo tuvieras la oportunidad de conseguir estas cosas, ¿no las querrías?
«La preselección pone aquella variación críptica en un estado de preparación», dice Masel. «Uno podría pensar en las soluciones locales como la selección natural funcionando detrás de las bambalinas, eliminando variaciones que van a ser catastróficas, y enriqueciendo otras que son sólo ligeramente malas o incluso inocuas.»
«Todo aquello que queda después de este proceso de preselección tiene que ser mejor», observa ella. «Por ello, las poblaciones que recurren a esta estrategia tienen una mayor capacidad para evolucionar como respuesta a nuevos retos. Con demasiada corrección de errores, esta preselección no puede ocurrir.»
Las palabras de Masel recuerdan la descripción personificada que Darwin hace de su teoría: «La selección natural está examinando las más ligeras variaciones cada día y cada hora por todo el mundo, rechazando las malas, preservando y acumulando todas las buenas; trabajando de manera callada e insensible, siempre y donde encuentra oportunidad, para la mejora de cada ser orgánico en relación con sus condiciones orgánicas e inorgánicas de vida». Pero incluso Darwin pudiera haber retrocedido ante la idea de una preselección, de que la selección natural fuese a preservar variaciones inocuas en una chatarrería para posterior escrutinio. Masel argumenta que «el organismo no paga un gran coste por ello, pero sigue estando allí si lo necesita».
¿Qué cantidad de chatarra puede permitirse guardar un organismo? Masel y Rajon reconocían el coste de la corrección de errores:
La evitación o corrección de errores comporta un coste, observan ellos. Si no fuese así, los organismos hubieran evolucionado una precisión casi exenta de errores en la traducción de la información genética a proteínas. En lugar de ello, hay un compromiso entre el coste de mantener a las proteínas exentas de errores y el riesgo de permitir unos errores potencialmente deletéreos.
La precisión en la corrección de errores es desde luego sorprendentemente elevada, pero hay también un coste en retener basura inútil. Toda la basura tiene que copiarse cada vez que la célula se divide, y ha de ser transportada en un medio dinámico donde están siempre presentes la necesidad de comer, eliminar, defenderse y adaptarse. Es posible que algunos organismos que transportan enormes genomas estén en desventaja y que estén abocados a la extinción. Quizá todavía necesiten tiempo para ir cribando a través de toda su basura buscando piezas de ojos, alas y cerebros.
Los autores concluyen con un tema de biomimética. Los ingenieros podrían tratar de imitar la práctica de la evolución por error:
«Creemos que la biología ofrece una solución inteligente. Deja florecer montones de ideas, pero sólo de una forma críptica, e incluso mientras es críptica, elimina las peores ideas. Esta es una estrategia sumamente potente y eficaz. Me parece que las empresas, los gobiernos, la economía en general, puede aprender mucho acerca de cómo fomentar la innovación a partir de la comprensión de cómo opera la innovación biológica.
La mayoría de empresarios, aunque admitirán el valor del brainstorming, del método de prueba y error e incluso de «algoritmos evolutivos» (10/04/2005, 04/18/2009), reconocerán que lo que hacen lo hacen con propósito y finalidad. Esto no puede decirse de los errores en las células de levadura que estudiaron Masel y Rajon.
Reseña de un artículo
Se podría decir en defensa de los autores que la prensa popular tenía que simplificar mucho y personificar sus ideas para el público general; el artículo original en PNAS es donde está el material riguroso.1 Sin embargo, una lectura del sumario comunica un exigente requisito: «La solución local exige una selección potente actuando en cada sitio críptico y con ello evoluciona sólo en grandes poblaciones». Sin embargo, la solución local es la única dotada de potencial innovador, porque «se pueden evitar globalmente intensos efectos deletéreos evitando producir errores (p. ej., mediante la maquinaria de corrección de errores) o localmente asegurando que cada error tenga un efecto relativamente benigno». Si una gran población con errores con un «efecto relativamente benigno» es lo mejor que se puede esperar, ¿se producirán alas, ojos y cerebros?
En el cuerpo del artículo no se encuentran en ninguna parte las palabras innovar o innovación. La raíz mejorar aparece sólo en referencia a «una maquinaria mejorada de corrección de errores», que ya suponen como existente. Aparecen ecuaciones acerca de la aptitud, pero aparentemente sin vinculación con innovación: «los componentes de la aptitud asociados, respectivametne, con la expresión de secuencias crípticas, con secuencias deletéreas que se expresan de manera permanente mediante nuevas mutaciones y con el coste de corrección de errores durante la síntesis proteínica». Pero debemos recordar que las secuencias crípticas son meras variaciones que no matan al organismo. Son errores tolerados y que se conservan en el fondo génico. Otras menciones de aptitud tienen que ver con mutaciones deletéras, con pérdida de función y con una aptitud cero, excepto cuando se propone la esperanza de una aptitud adaptativa: «La aptitud en el escenario aditivo depende de la concentración total de todos los productos deletéreos dentro de la célula y de su toxicidad». Parece más un refugio antinuclear que un laboratorio para innovaciones. Los autores emplean el término aptitud de forma principal como una medición de mutaciones que se asimilan en una población sin resultar eliminadas. El último párrafo lo resume así:
Nuestro resultado fundamental es que una solución actuando en muchos sitios a la vez evoluciona en poblaciones pequeñas, y que soluciones locales en cada sitio independiente evolucionan en poblaciones grandes, en tanto que cualquiera de ambos resultados es posible en poblaciones de tamaño intermedio. Las soluciones locales, asociadas con grandes poblaciones, tienen a la vez una aptitud media más elevada y una mayor capacidad de evolución.
Pero, de nuevo, los autores nunca vinculan la «aptitud media más elevada» con nada mejor que la asimilación de mutaciones inocuas. De hecho, lo que ellos presentan como un «bucle de realimentación positiva» es meramente un resquicio por el que las mutaciones pueden escapar al examen de las máquinas correctoras: «Este bucle de realimentación positiva entre precisión y la proporción de secuencias crípticas que son enérgicamente deleteras llevaría en último término a la evolución de un ritmo infinitamente pequeño de errores si la evitación de errores no comportase un coste, resultando en un compromiso entre el coste de expresar secuencias deletéras y el coste de la precisión». La tolerancia a mutaciones inocuas no se vincula en ningún momento con la innovación de alas, ojos o cerebros, ni de nada que simplemente añada una nueva función a una célula —por pequeña que fuese— excepto por una vaga referencia en una tabla a «subfuncionalización« (partición de funciones entre copias)2 o «neofunctionalización» (no se proporcionan ejemplos; cf. 10/24/2003).
Así, aparentemente todo lo que esperan los autores es la oportunidad de que la evolución realice su abracadabra: «La solución local facilita la asimilación genética de la variación genética críptica y por ello aumenta sustancialmente la capacidad evolutiva» —esto es, la oportunidad para innovar. Pero no pueden presuponer que la capacidad evolutiva comporta la capacidad de innovar nuevos órganos de extrema perfección sin dar por supuesta la misma cuestión que la idea original de Darwin propuso hace 150 años.3 Dirigen al lector a abrigar la esperanza de que la evolución pueda «tantear» con la chatarra acumulada: «las secuencia crípticas que no sean intensamente deletéreas pueden tantear con la función en lugar de destruirla, y con ello contribuir a la adaptación».

1. Etienne Rajon and Joanna Masel, «Evolution of molecular error rates and the consequences for evolvability», Proceedings of the National Academy of Sciences, publicado en línea antes de su impresión el 3 de enero de 2011, doi: 10.1073/pnas.1012918108 PNAS 3 de enero de 2011.
2. Sobre la subfuncionalización, véase Refutada: la evolución por duplicación genética, y, en inglés, véase también 20/06/2005, 26/07/2006, 17/10/2007.
3. Para intentos anteriores de explicar una «capacidad evolutiva», véase El lenguaje no es una simple cuestión de genética,  El Origen de la Vida: la tesis de «el metabolismo fue primero» no funciona, y, en inglés: 08/04/2004, 10/04/2005, 10/16/2006 apartado 3, 02/05/2007, 10/17/2007 apartado 4, 03/20/2008 comentario.
Esta larga entrada puede parecer algo cruel, pero en realidad es un ejemplo patente del callejón sin salida en que se encuentra el materialismo ante la naturaleza informacional de los códigos de la vida y ante la pasmosa complejidad de las estructuras de la célula, aspectos ambos que el materialismo del siglo XIX ni tan sólo podía imaginar. En sus intentos por escapar del dilema que plantea la existencia no meramente de un código, sino de complejos sistemas de códigos superpuestos, de sistemas de señalización y control, de bucles de realimentación, de máquinas de corrección de errores introducidos en el proceso de copia, transcripción y traduccion, toda apelación a cambios al azar para el surgimiento de novedades estructurales y funcionales reales aparece como un patente absurdo. ¿Podemos conseguir alas, ojos y cerebros por error? Evidentemente no, pero el actual establecimiento académico, criado en la cuna del materialismo, se aferra a esto y lo presenta como verdad científica.
En este artículo, los darwinistas se debaten en busca de una justificación de su perspectiva materialista del origen y desarrollo de las novedades estructurales y funcionales de la vida, y usan para ello todo su ingenio y sofistería, intentando todo tipo de prestidigitaciones para hacernos creer lo imposible; para ello recurren a la personificación, y también al manoseado argumento de que «si preparas el escenario, aparecerán» (véase, por ejemplo, el comentario a La Explosión Cámbrica: ¿resuelta?, y, en inglés, los comentarios a 03/29/2007 y 29/11/2010). Sólo es necesario proporcionar las condiciones adecuadas, y surgirán alas, ojos y cerebros … ¡Impresionante mantra!
Recomendamos un interesante artículo-entrevista con el juez Norman MacBeth, escéptico en todos los sentidos del término, que estuvo profundamente imbricado en las interioridades del Museo Americano de Historia Natural como observador invitado, a raíz de su contundente libro Darwin Retried. Constituye una vigorosa crítica del evolucionismo, y proporciona un gran conocimiento de las cuestiones fundamentales envueltas en esta propuesta materialista frente a la realidad de los datos: Darwinismo — tiempo de funerales. El lector hará bien en considerar, en su integridad, la conferencia pronunciada por el doctor Colin Patterson en 1981 (entonces era Director del Museo Británico de Historia Natural), así como la sesión de preguntas y respuestas, que se dio en el Museo Americano de Historia Natural el 5 de noviembre de 1981, donde trató del tema de ¿Me pueden decir algo acerca de la evolución?, donde planteaba incisivas cuestiones y calificaba el evolucionismo como «anticonocimiento».
 

Lecturas de fondo:


Fuente: Creation·Evolution HeadlinesEvolutionists Admit It’s About Mistakes 26/01/2011
Redacción: David Coppedge © 2011 Creation Safaris – www.creationsafaris.com
Traducción y adaptación: Santiago Escuain — © SEDIN 2011 – www.sedin.org


Publicado por Santiago Escuain para SEDIN – NOTAS y RESEÑAS el 1/28/2011

Published in: on +00002011-01-28T02:51:05+00:0031000000bFri, 28 Jan 2011 02:51:05 +0000UTC 23, 2008 at 11:59 am01  Dejar un comentario  

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