El Principio Antrópico

El universo está hecho de información y esa información que descubrimos en cada detalle natural ha estado ahí durante mucho tiempo esperando que el cerebro humano la encontrara y la estudiara minuciosamente. El azar y la casualidad son incapaces de explicar la exquisita complejidad y la organización que muestra el mundo. La probabilidad de un universo formado al azar es abrumadoramente ínfima.
El orden cósmico que se observa desde los primeros instantes de la creación es algo que maravilla a todo el que se acerca a la cosmología libre de prejuicios.

El Principio Antrópico podría definirse así:
Parece como si todas las leyes de la física que rigen el universo hubieran sido cuidadosamente diseñadas para hacer posible la vida humana en la Tierra. Fue el astrofísico de Cambridge, Brandon Carter, quien en 1974 inventó este principio, no porque sus implicaciones le atrajeran personalmente sino como una posible vía de investigación a la espera de otras mejores. Lo cierto es que tuvo una gran resonancia y todavía hoy posee numerosos seguidores, así como también detractores.
Al comprobar que cambios muy pequeños en las leyes de la naturaleza habrían producido un cosmos estéril y diferente al nuestro, cayó en la cuenta de que éste es un universo muy singular que está “finamente ajustado” (finely tuned) para permitir la existencia humana.
La vida no sería, como hasta entonces se pensaba, el resultado de las leyes que rigen el cosmos y que por medio de un proceso azaroso y sin finalidad se habría desarrollado en la Tierra, sino justamente al revés: la vida humana sería la explicación de esas leyes.

La idea fue absolutamente revolucionaria. Si además a estas constantes cósmicas se le añaden las características propias de nuestro planeta, resulta que el Principio Antrópico se refuerza todavía más. La precisa distancia del sol permite un ambiente adecuado; el hecho de que éste sea una estrella estable y no tenga un comportamiento errático o tienda a acercarse mucho a otras estrellas; la peculiar inclinación del eje terrestre unida a la órbita elíptica hacen posibles las estaciones; la perfecta combinación de gases en la atmosfera, con unas tres cuartas partes de nitrógeno y una cuarta parte de oxígeno, posibilita la respiración y no nos quema los pulmones; la capa de ozono como escudo protector contra los rayos solares; la temperatura de la corteza terrestre; la superficie sólida de los continentes cuando la mayor parte del material del universo está en forma de nubes gaseosas o de bolas del plasma caliente; la salinidad de los mares; las singulares propiedades del agua, etc. etc., hacen de la biosfera un diminuto oasis en la inmensidad del gran desierto que es el universo.

Fuente: La ciencia ¿encuentra a Dios?, Antonio Cruz

El profesor Antonio Cruz Suarez combina las difíciles disciplinas de científico y pastor. Es doctor en Ciencias Biológicas por la Universidad de Barcelona, donde ha trabajdo como biólogo investigador del Centro de Recursos de Biodiversidad Animal.
Ha descubierto numerosas especies de crustáceos isópodos. A su vez pastorea dos iglesias evangélicas en Sevilla. Uno de sus últimos libros ha recibido en los Estados Unidos, la Medalla de Oro del ECPA del 2004, a la mejor obra evangélica del año escrita en castellano. Está casado y tiene dos hijas.

Published in: on +00002011-05-28T13:45:42+00:0031000000bSat, 28 May 2011 13:45:42 +0000UTC 23, 2008 at 11:59 pm05  Dejar un comentario  

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