Phillip E. Johnson * Naturalismo, Realismo y Dios en los Orígenes

Durante los años que han seguido a la publicación original de Proceso a Darwin el año 1991, me he dedicado a intensas discusiones sobre evolución y creación en campuses universitarios, en iglesias y en medios de comunicación, y especialmente en Internet. Naturalmente, todas estas discusiones y debates me han ayudado a refinar mi propia posición y a presentar de manera más precisa los temas bajo debate. Una cosa que me sorprendió al principio, hasta que me acostumbré, es que muchos profesores cristianos, tanto en instituciones religiosas como en universidades seculares, eran firmes defensores de la ortodoxia evolucionista que yo estaba atacando como fruto del naturalismo metafísico.

Yo podía comprender fácilmente porque los ateos y agnósticos defendían el evolucionismo naturalista, porque la existencia de un mecanismo material no inteligente de creación biológica (verificado por una indiscutible «ciencia») da un apoyo esencial para su visión preferida del mundo. Sin embargo, ¿por qué tantos académicos cristianos se mostraban tan desganados de animar a nadie a desafiar las pretensiones científicas de los naturalistas metafísicos que dominan la ciencia evolucionista? ¿Por qué me advertían constantemente de que sugerir la posibilidad de una acción divina en la historia de la vida era meramente invocar un fútil «Dios de los huecos?

Estos profesores cristianos insistían en que su creencia en el «evolución» estaba fundamentada en la evidencia. Yo les respondía que se estaban engañando a sí mismos y que aceptaban la actual ortodoxia científica solamente porque estaban contemplando la evidencia a través de unas gafas naturalistas. Es comprensible que se resintieran, y eso llevaba a mucho debate. A veces el debate se convertía en desagradable, pero en mi opinión eso pasaba porque los temas debatidos eran fundamentales y todo el mundo se jugaba mucho en el resultado, pero no se debía a que las partes debatiendo el tema realmente sintiesen ninguna animadversión personal.

Uno de los temas centrales era una diferencia formulada entre el naturalismo «metafísico» y el «metodológico». Existia un acuerdo general acerca de que el teísmo cristiano y el naturalismo metafísico son contradictorios, pero algunos de los profesores cristianos argumentaban que en ciencia el naturalismo metodológico es apropiado incluso para teístas metafísicos.

El motivo del ensayo que sigue fue una observación hecha por un profesor de una escuela superior cristiana que había argumentado que mi «prejuicio creacionista» estaba afectando a mi valoración de la evidencia científica en favor de la evolución. Presento este ensayo aquí como un punto de partida para una posterior discusión entre los académicos profesionales en particular.

Memorándum sobre Evolución y Naturalismo

William Hasker está a punto de publicar una segunda reseña de Proceso en Darwin en un próximo número especial sobre evolución en Christian Scholar’s Review [La Revista del Académico Cristiano] (1995). Allí, Hasker, que apoya el naturalismo metodológico en ciencia y que es crítico de mi libro en muchos respectos, aplaude mis esfuerzos por forzar al establecimiento científico a clarificar su posición sobre el naturalismo y el teísmo. Dice él:

Tanto si el evolucionismo darwinista es o no incompatible con un teísmo significativo en general y con el cristianismo ortodoxo en particular, está más allá de toda discusión que muchos evolucionistas líderes mantienen que sí lo es, y eso, contemplado a la luz de su defensa del darwinismo como «una verdad científica establecida», equivale a desacreditar el cristianismo como científicamente insostenible. Ciertamente, y tal como observa Johnson, «hay necesidad de una cierta clarificación, y también de una cierta discusión sobre si es apropiado movilizar la educación científica para la tarea de vender una visión del mundo.»

Aprecio el apoyo de Hasker, pero querría añadir que decir que «muchos» evolucionistas líderes proponen o dan por supuesto el naturalismo metafísico es suavizar las cosas. La lista de los que fomentan el naturalismo científico incluye voces tan destacadas de la ciencia oficial como Hawking, Weinberg, Davies, Crick, Sagan, Dawkins, Johanson, Richard Leakey, Suzuki, Gould y Futuyma, así como también una cantidad innumerable de otros que fomentan la filosofía naturalista en nombre de la ciencia en la televisión, en libros de texto y en las escuelas. Con respecto al público, estas personas hablan todas en nombre de la CIENCIA. Los naturalistas más agresivos, como Dawkins y Sagan, han recibido prestigiosos premios por sus servicios a la educación pública de parte, respectivamente, de la Royal Society británica y de la National Academy of Science de los Estados Unidos. Lo que ellos dicen tiene, al menos aparentemente, el respaldo de las organizaciones científicas más prestigiosas.

¿Por qué las voces de los líderes de la ciencia oficial enseñan que la ciencia y el naturalismo son cosas inseparables? La razón es que dan por supuesto que el método científico se caracteriza intrínsecamente por un naturalismo metodológico integral (a partir de ahora NM), y que el NM limita de manera estricta las alternativas que se pueden tomar en serio. El NM es de lejos la posición dominante en la ciencia contemporánea, apoyado casi sin excepción por los materialistas ateos, por los naturalistas agnósticos y por los evolucionistas teístas. El NM en ciencia es sólo superficialmente compatible con el teísmo en religión. Cuando el NM se comprende a fondo, el teísmo se convierte en intelectualmente insostenible.

Parte 1: Filosofía

En primer lugar, sigue una definición del NM, seguida como contraste de una definición de mi propia posición, que denomino «realismo teísta» (RT). Después doy algunas ilustraciones y un comentario.

1. Un naturalista metodológico define la ciencia como la investigación en busca de las mejores teorías naturalistas. Una teoría no sería naturalista si dejara alguna cosa (como la existencia de la información genética o de la conciencia) para que fuera explicada por una causa sobrenatural. Por eso, se supone que todos los acontecimientos en la evolución (antes de la evolución de la inteligencia) tienen que ser atribuidos a causas no inteligentes. No se trata de si la vida (la información genética) surgió debido a alguna combinación de azar y leyes químicas, por dar un ejemplo, sino sencillamente de cómo lo hizo.

Los naturalistas metodológicos conceden que algunos problemas no están resueltos todavía, pero están confiados en que la ciencia los resolverá proponiendo mecanismos naturales, ya que la ciencia ha tenido tantos éxitos en el pasado. La introducción de Dios o de un designio inteligente en el escenario significa el abandono de la ciencia y volverse hacia la religión (milagros) e invocar a un «Dios de los agujeros». El Creador pertenece al ámbito de la religión, no de la investigación científica. Algunos naturalistas metodológicos son teístas. Su teísmo afecta como interpretan los resultados globales de la ciencia (todo lo que ha ocurrido estaba bajo el control de Dios), pero no tiene ningún efecto sobre como razonan para llegar a conclusiones científicas.

2. Un realista teísta da por supuesto que el universo y todas sus criaturas vinieron a la existencia para un propósito por parte de Dios. Los realistas teístas esperan que este «hecho» de la creación tenga consecuencias empíricas, observables, que serán diferentes de las consecuencias que se observarían si el universo fuera producto de causas no racionales (como el «azar y necesidad» de Jacques Monod). Por cuánto Dios es racional y creó nuestras mentes a su imagen, esperaríamos que el universo fuera en conjunto ordenado, y por lo tanto el triunfo de la ciencia en la determinación de muchos procesos y mecanismos es totalmente coherente con el RT. Dios tiene siempre la opción de obrar mediante mecanismos secundarios regulares, y con frecuencia observamos estos mecanismos. Por otra parte, muchas cuestiones importantes, incluyendo el origen de la información genética y de la conciencia humana, pueden no ser explicables en términos de causas no inteligentes, de la misma manera que un ordenador o un libro no se pueden explicar de esta manera.

Una ciencia naturalista que dé por supuesto que puede explicarlo todo es probable que ofrezca explicaciones que no son verdad. Se pueden imaginar una atmósfera reductora inexistente y una sopa prebiótica igualmente inexistente, por ejemplo, y un inexistente proceso de producción de complejidad por medio de mutaciones al azar y selección natural. Puede dar por supuesto de forma falsa que la mente puede llegar a comprenderse en su totalidad como producto de mecanismos materiales producidos por una evolución naturalista.

3. Aquí tenemos unas ilustraciones concretas de la diferencia entre el NM y el RT. En primer lugar, Richard Dawkins empieza su libro The Blind Watchmaker [El Relojero Ciego] con esta declaración: «La biología es el estudio de cosas complicadas que dan la apariencia de haber sido diseñadas con un propósito.» Un realista teísta no encuentra sorprendente la apariencia de propósito en el diseño, porque los seres vivientes son realmente el producto de un diseñador. Eso no quiere decir necesariamente que los organismos fuesen creados por uno fiat instantáneo en oposición a un desarrollo gradual (aunque podría haber sido así), y de manera enfática sí que contempla el hecho de que los organismos utilizan mecanismos regulares susceptibles de un estudio científico, igual que otros productos de la inteligencia lo son, como los aviones o los ordenadores. Dawkins, igual que otros naturalistas metodológicos, da por supuesto que la apariencia de propósito en el diseño es en realidad producto de causas no inteligentes. El RT insiste en que se demuestre esta pretensión, en lugar de que se acepte como un supuesto. El NM responde que esta exigencia no es justa, porque este proceso precisa de demasiado tiempo para ser duplicado en el tiempo geológico, porque el registro fósil es defectuoso, etc.

Una segunda ilustración: Un destacado profesor cristiano de ciencia, que informa sobre un debate entre algunos evolucionistas químicos y algunos científicos que atribuían la vida a un designio inteligente, observó que aunque él es teísta, se sentía mucho más próximo a los evolucionistas químicos, porque al menos ellos no «dejaban de lado el problema». El RT considera que el reconocimiento de la irreductibilidad de la inteligencia genética puede ser el reconocimiento de la realidad; el NM lo considera como «un abandono». Los naturalistas metodológicos no muestran una desgana comparable a «abandonar» la investigación sobre la lectura de la mente o la investigación del monstruo del Lago Ness. La diferencia aquí es que un origen naturalista de la vida es una cosa indispensable para una visión naturalista del mundo, y por eso ninguna cantidad de desánimos experimentales destruye la fe de que algún día se pueda encontrar una teoría naturalista válida.

4. Alguien podrá preguntarse si hay alguna posición de compromiso entre el NM y el RT. Yo lo dudo, porque la experiencia me lleva a predecir que cualquier posición de compromiso resultará ser NM siempre que se planteen las cuestiones. Por ejemplo, algunos naturalistas metodológicos expresan una buena disposición en abstracto a considerar un origen sobrenatural de la vida o la existencia de una información genética irreducible sólo en algún tiempo futuro indefinido, después que se hayan agotado todas las posibilidades naturalistas. Otros expresan la cuestión en un vocabulario que ya de entrada decide la cuestión. Por citar un ejemplo reciente, un biólogo evolucionista que debatió recientemente conmigo negó una y otra vez que su posición estuviese basada en una adhesión apriorística al naturalismo, pero caracterizó con la misma insistencia que cualquier alternativa a la evolución naturalista equivalía a creer en «que la tierra es plana».

El abandono del NM exige dar una consideración verdaderamente seria a otras posibilidades, no meramente mirárselas de pasada. Tampoco se pueden aceptar de entrada muchas protestas explícitas de que no se mantiene un NM. A menudo me encuentro con teístas que piensan de manera perfecta como el NM, pero a los que les disgusta el término. La utilización estándar que hacen los evolucionistas teístas de la frase «el Dios de los agujeros» para desalentar la consideración de posiciones no naturalistas, por ejemplo, procede directamente de su NM implícito.

5. Un naturalista teísta es un teísta que piensa que el NM es la perspectiva correcta de la empresa científica y, por eso mismo, para comprender (por ejemplo) cómo llegaron a existir los seres vivos. Algunos se resienten de este uso que hago de este término, pero es descriptivo y muy preciso, y esta posición está muy extendida. El resentimiento que se suscita se debe a que este término dirige la atención crítica a un problema serio que muchos preferirían ignorar.

El problema, enunciado de forma muy resumida, es como sigue: si la utilización del NM es la única manera de llegar a conclusiones sobre la historia del universo, y si el intento de explicar de una manera naturalista la historia del universo ha ido de éxito en éxito, y si incluso hay teístas que conceden que intentar hacer ciencia sobre la base de premisas teístas lleva siempre en callejones sin salida o al error (la mala situación del «Dios de los vacíos»), entonces la explicación probable de este estado de la cuestión sería que el naturalismo es verdadero y el teísmo es falso.

Las personas lo bastante motivadas para hacerlo pueden siempre encontrar maneras para resistirse a la fácil deriva desde el NM al ateísmo, al agnosticismo o al deísmo. Por ejemplo, quizás Dios controla de manera activa y directa el proceso evolutivo, pero (por alguna razón inescrutable) lo hace de una manera empíricamente imperceptible. Nadie puede refutar esta posibilidad, pero tampoco hay muchas personas que lo consideren intelectualmente muy convincente. El hecho de que parecen apoyarse sobre la «fe» en el sentido de una creencia sin evidencia es la razón por la que los teístas son una minoría marginada en el mundo académico y de que estén siempre a la defensiva. Generalmente, protegen su reputación de un buen criterio restringiendo su teísmo a la vida privada y asumiendo, por propósitos profesionales, una posición que no se puede distinguir del naturalismo.

De pasada, hay que decir que el NM está extendido incluso entre personas conservadoras en teología. En su fuero interno, muchos fundamentalistas son naturalistas metodológicos que tan solo quieren conciliar las Escrituras (la cronología del Gènesi y/o el Diluvio de Noè) con una ciencia que por otra parte es tan naturalista en su metodología como sea posible. Eso mismo puede decirse de otros cristianos no deístas que permiten un número muy pequeño de intervenciones sobrenaturales (la resurrección, la implantación de la imagen de Dios en un homínido), pero que intentan en todo lo demás mantenerse en el NM. Si el NM es en general tan válido, ¿por qué hay que hacer excepciones arbitrarias? Los compromisos puntuales entre el sobrenaturalismo en la religión y el naturalismo en la ciencia pueden dar satisfacción a personas individuales, pero tienen poco peso en el mundo intelectual porque se los reconoce como una acomodación forzada entre líneas de pensamiento en conflicto.1

Parte 2: Alternativas científicas

Así es como enfocan el NM y el RT cuatro posturas científicas diferentes.

Posición A: La teoría neodarwinista ortodoxa —aquélla que dice que la microevolución se extrapola a la macroevolución— es una explicación satisfactoria de la historia de la vida desde el primer organismo viviente hasta que surgieron los humanos. Hay algunos problemas no resueltos y muchos detalles que llenar, pero la teoría como tal está en buena forma y no necesita alteraciones ni adiciones importantes. Ésta es la posición que adoptan personas como Dawkins, Futuyma, Simpson, J. Huxley y el autor de The Beak of the Finch [El pico del pinzón]. Se enseña como «conocimiento científico» o incluso como un «hecho» en las escuelas, museos y otras instituciones.

Posición B: la teoría neodarwinista ortodoxa es satisfactoria sólo al nivel «micro» y no explica la aparición de nuevos planes corporales ni otras innovaciones evolutivas principales. Se necesita de alguna cosa realmente nueva, quizás un mecanismo macromutacional o incluso alguna nueva ley física, para producir una teoría macroevolucionista satisfactoria. Sin duda, la ciencia encontrará algún día este mecanismo, pero todavía no lo ha encontrado. Ésta es básicamente la posición de Goldschmidt, Grassé, Schindewolf, Gould (a veces) y Stuart Kauffmann (a veces). La razón de que sea difícil estar seguro de qué posición mantienen algunos naturalistas metodológicos será explicada más adelante.

Posición C: Los organismos contienen una información irreducible, lo que significa información que no puede ser explicada en términos de leyes físicas y/o azar. Por lo tanto, la teoría neodarwinista es inadecuada (excepto al nivel micro), y eso de una manera que probablemente no tiene solución. Ésta es la posición de Wilder-Smith, del libro a punto de salir de Michael Behe, y de aquéllos que favorecen el «diseño inteligente». Esta posición también está apoyada en escritos de antirreduccionistas como Polanyi y Yockey (que ni consideran ni acogen bien las implicaciones teístas).

Posición D: La descendencia común, que aunque como hipótesis es en principio atractiva, no es la verdadera explicación de la sistemática de la clasificación (al menos en los niveles taxonómicos más altos). Los supuestos antepasados comunes de los fílums, por ejemplo, nunca existieron. La evidencia procedente de la biología del desarrollo, que se supone como uno de los principales apoyos de la tesis de la descendencia común, le es en realidad contraria. Eso no se contempla en la ciencia oficial porque la descendencia común es axiomática y por lo tanto no se pone nunca en duda. Si se trata la descendencia común como una hipótesis y no como una deducción insoslayable de la existencia de los grupos naturales, hay abundantes razones para dudar de que la hipótesis sea verdadera. Paul Nelson y Jonathan Wells están desarrollando materiales sobre esta cuestión. Sus investigaciones merecen ser financiadas, pero, claro está, es difícil conseguir que la gente comprenda por qué hay que investigar una hipótesis que se ha convertido en un axioma.

El propósito de este ensayo no es considerar los méritos últimos de estas posiciones, sino observar como un naturalista metodológico y un realista teísta tienden a enfocarlas.

En primer lugar, el enfoque RT. Para un realista teísta, la posición B es muy diferente de la posición A, porque es impresionante que alguien haya realmente resuelto un problema, en tanto que dista de ser impresionante prometer resolverlo en el futuro. Si el establecimiento científico fuera a abandonar A de manera explícita y se situara en B, eso significaría una retractación capital. Los realistas teístas considerarían las pretensiones de los biólogos evolucionistas de que «tenemos el problema controlado» como una excusa de un moroso que nos dice «que enviado el cheque por correo».

Para un realista teísta, la posición C es verosímil y falsable, y también respaldada por una evidencia positiva considerable. A los realistas teístas no les impresionan los argumentos de los naturalistas metodológicos en el sentido de que una «causa inteligente» queda de alguna manera fuera de la ciencia. Los realistas teístas saben que la ciencia hace de manera normal la distinción entre causas inteligentes y no inteligentes. Pretende ser incapaz de hacerlo solamente cuando la causa inteligente sea algo inaceptable para el NM, como Dios.

La posición D es una posibilidad legítima para un realista teísta. La descendencia común no es axiomática, sino una hipótesis plausible que ya está en duda debido al fracaso general en el inteno de identificar antepasados fósiles específicos para los grupos principales. Si la evidencia de la biología del desarrollo crea realmente problemas fundamentales, entonces puede ser que la verdadera respuesta sea alguna cosa mucho más extraña que la descendencia común. ¿Y por qué no, incluso desde una perspectiva agnóstica? Después del éxito de la mecánica cuántica, tendríamos que estar acostumbrados a una naturaleza mucho más extraña que la que podía concebir la ciencia del siglo diecinueve.

Aquí, y desde mi experiencia personal en debates, tenemos como un naturalista metodológico típico (incluyendo aquéllos que son de religión teísta) enfoca estas mismas alternativas.

Para él, A y B no son realmente muy diferentes. Los científicos en ambos grupos aceptan todos la «evolución» , y eso es lo importante. Todo aquello que están haciendo es discutir sobre el mecanismo. Quizás se necesitan mecanismos adicionales, quizás no. Si se necesitan mecanismos nuevos, lo sabremos cuándo los encontremos. La única diferencia entre las dos posiciones es que A enfatiza más aquello que es conocido, mientras que B pone más énfasis en aquello que queda por conocerse. Es por esta razón que Stephen Jay Gould y Stuart Kaufmann a veces parecen pertenecer a A y a veces a B; se trata principalmente de qué están enfatizando en un momento determinado.

Para los naturalistas metodológicos, C no es realmente una posición positiva sino un argumento de que hay «vacíos» en nuestro conocimiento de la evolución. Incluso si es correcto que el origen de la información genética no está explicado (y eso está en discusión), todo lo que dice C es que todavía no hemos encontrado un mecanismo adecuado de generación de información. Además, C no dice nada sobre la descendencia común y por lo tanto no niega «el hecho de la evolución».

De manera que C es básicamente lo mismo que B, que a su vez es básicamente lo mismo que A. Las tres posiciones se reducen a que hay un acuerdo general en la ciencia a favor de la «evolución», y eso es lo que realmente importa, pero existen unos saludables debates sobre el mecanismo preciso, y hay que trabajar más en este sentido. Muchos naturalistas metodológicos ni siquiera reconocen que hay un problema para explicar la complejidad, dado que se centran en la diversidad. La evolución produce abundancia de diversidad (picos de pinzones a un cuarto de camino a la especiación en pocos años), y ha habido tiempo en abundancia para que el proceso produjera toda la diversidad que observamos en la actualidad. Además, Dawkins y otros han modelado todo el proceso en sus ordenadores.

Para un naturalista metodológico, D es como argumentar en favor de que la tierra es plana. Los naturalistas metodológicos encuentran difícil creer que una persona por otra banda juiciosa y bien informada pueda negar seriamente la descendencia común. El patrón de la clasificación demuestra la descendencia común sea cuál sea el estado del registro fósil, debido a que no hay ninguna otra posibilidad racional.

De manera que para los naturalistas metodológicos, A, B y C son fundamentalmente similares, y D es una opción absurda. Eso quiere decir que no hay mucho que discutir, excepto los detalles del escenario evolutivo. Cuando los naturalistas metodológicos teístas hablan con personas que rechazan la «evolución» (es decir, que rechazan el NM), su interés principal es el de controlar se posibles daños. «¿Como podemos persuadir a estas personas para que no provoquen problemas, como, por ejemplo, arrastrar la religión a un conflicto innecesario e inútil con la ciencia?» Eso se puede ver por ejemplo en el párrafo primero de la respuesta de Howard Van Till a uno de mis artículos:

Aunque la retórica que utiliza Phillip E. Johnson en su artículo «Creator or Blind Watchmaker [¿Creador, o Relojero Ciego?]» difiere en algunos detalles de la de los «creacionistes científicos» del fundamentalismo cristiano norteamericano, el efecto de sus declaraciones es el mismo. Es decir, perpetúa la asociación de la creencia cristiana con el rechazo de la teorización científica, asegurando de esta manera que la distancia entre la academia y el santuario se haga más y más grande.

Todo el mundo que rechace el NM se lanza al conflicto con los todopoderosos dirigentes de la ciencia, la aprobación de los cuales es indispensable para los profesores cristianos que quieran estar en la corriente académica aceptada. La razón del NM teísta es permitir a los teístas sobrevivir en un mundo académico naturalista. Pero si el mundo académico está entregado al naturalismo, entonces la distancia entre la academia y el santuario sólo puede reducirse en la proporción que el naturalismo también domine dentro del santuario.

Conclusión: Evidencia y Prejuicio

Prejuicio es una palabra negativa para denotar una perspectiva. Yo tengo una perspectiva racional; tú tienes un prejuicio; él está ofuscado sin remedio. Podemos considerar esta declaración (hecha por un profesor de ciencia de una escuela superior cristiana):

Así como Phil[lip Johnson] le preocupan los prejuicios «naturalistas» que me llevan a mí a encontrar convincentes los datos, los críticos teístas de Phil están preocupados por sus prejuicios que lo llevan a encontrar no convincentes estos datos. El aviso FAQ en [la zona de Internet llamada] talk.origins sobre Phil Johnson … lo expresa bien: «Sus argumentos sobre el a priori no parecen malos del todo, pero creo que está equivocado sobre el estado de la evidencia empírica, y que sus propias presuposiciones están haciendo que prejuzgue su propio examen de dichos datos.»2

Que mi evaluación de la evidencia esté «dirigida por prejuicios» depende de si el RT tal como ha sido definido antes es un «prejuicio». Por ejemplo, como teísta realista, no creo que la pauta de la naturaleza (el argumento de Darwin en base de la clasificación) «demuestre» la descendencia común. La descendencia común era una hipótesis bien razonable en 1859, pero hay razones para sospechar que la explicación aparentemente «evidente» de esta pauta no es la verdadera. No pienso en absoluto que la explosión del cámbrico ilustre nada que yo pueda nombrar «evolución». No pienso tampoco que la variación ilustrada por los ejemplos de la polilla del abedul [Biston betularia] y del pico del pinzón demuestren de una manera convincente un proceso que o bien pudo producir o bien produjo realmente nuevos planes corporales u órganos complejos. Cada uno de estos juicios está basado en la evidencia evaluada desde una perspectiva de RT.

Todo el mundo tiene una perspectiva, un punto de vista. La palabra negativa prejuicio es apropiada para puntos de vista que limitan indebidamente las posibilidades que la mente pueda considerar. De manera que un prejuicio racial o religioso puede llevar a un empresario a rechazar a un trabajador muy bien calificado.

La ciencia tiene que luchar siempre contra el prejuicio dominante de su época si quiere estar libre para seguir la evidencia allí donde la lleve. En el pasado, la geología tuvo que librarse de un prejuicio religioso para poder considerar posibilidades como una tierra antigua o el acontecimiento de edades glaciales en lugar de un diluvio universal.3 Esto tuvo lugar hace mucho de tiempo, y hoy día el pensamiento científico está limitado por un prejuicio naturalista. El naturalismo metodológico es un prejuicio en el sentido de que limita la mente, al limitar las posibilidades que quedan abiertas a una consideración seria. El realismo teísta abre la mente a posibilidades adicionales sin impedir la aceptación de aquello que quede realmente demostrado de manera convincente por la evidencia empírica.

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NOTAS
1 En una conferencia en marzo de 1992 en Dallas hice esta observación:

La declaración que define la agenda para este Simposio afirma que se precisa de una aceptación a priori del naturalismo metafísico para apoyar el darwinismo. … El naturalismo metodológico —el principio de que la ciencia sólo puede estudiar aquellas cosas que son accesibles a sus instrumentos— no está en duda. Está claro que la ciencia puede estudiar solamente aquello que la ciencia puede estudiar. El naturalismo metodológico se convierte en naturalismo metafísico sólo cuando las limitaciones de la ciencia se consideran como limitaciones sobre la realidad. (De “Darwinism’s Rules of Reasoning”, en Darwinism: ¿Science or Philosophy? [“Las Reglas de Razonamiento del Darwinismo”, en Darwinismo: ¿Ciencia o Filosofía?], ed. Jon Buell y Virginia Hearn [Foundation for Thought and Ethics, 1994], págs. 6, 15).

Hoy día no expresaría eso de esta misma manera, pero cualquier aparente inconsistencia con los puntos de vista que doy en este ensayo es semántica y no sustancial. La cuestión clave que surge de la calificación metodológico es ésta: Qué es aquello que estamos limitando ¿la ciencia o la realidad? Cuando el «naturalismo metodológico» se combina con una confianza de principio muy fuerte de que las teorías materialistas que invocan sólo causas no inteligentes pueden explicar fenómenos del tipo de la información genética y de la inteligencia humana, la distinción entre el naturalismo metodológico y el metafísico tiene tendencia a desvanecerse. (Ejemplo: «La ciencia puede estudiar sólo mecanismos naturalistas; por lo tanto, podemos tener confianza de que la vida ha tenido que surgir por mecanismos naturalistas, por cuánto la ciencia avanza constantemente y resuelve problemas de este tipo.») Nadie duda que la ciencia tiene sus limitaciones; la cuestión es si se han hecho suposiciones inválidas sobre la realidad que permitan que la ciencia rehuya estas limitaciones. Volver al texto.

2 El «talk.origins» de Internet es un grupo de discusión de correo electrónico dedicado a los orígenes y está dominado por algunos defensores muy agresivos de la ortodoxia científica. «FAQ» (preguntas que se plantean con frecuencia») es una especie de tratado para los recién llegados en el grupo, que evidentemente tienen la tendencia a hacer preguntas que ya han sido contestadas muchas veces antes en discusiones anteriores. Volver al texto

3 [NOTA DEL TRADUCTOR:] No obstante, acerca de este punto de vista remitimos al lector al ensayo del historiador George Grinnell, Los orígenes de la moderna teoría geológica, que más bien demuestra que el surgimiento de la moderna geología histórica que niega el catastrofismo en general y la historia bíblica del Diluvio de Noé se fundamenta una vez más en prejuicios del NM. Citando a Stephen Jay Gould acerca de esta misma cuestión:

«Charles Lyell era un abogado, y su libro [Fundamentos de Geología, 1830-1833] es uno de los más brillantes alegatos que jamás haya publicado un abogado…. Lyell se apoyó en verdaderas triquiñuelas para establecer su perspectiva actualista como la única verdadera geología. Primero erigió un hombre de paja para demolerlo … De hecho, los catastrofistas tenían un enfoque mucho más empírico que Lyell. El registro geológico parece desde luego demandar cataclismos; las rocas están fracturadas y contorsionadas; hay faunas enteras que han sido aniquiladas. Para evitar esta apariencia literal, Lyell impuso su imaginación sobre la evidencia. El registro fósil, argumentó él, es extremadamente imperfecto y hemos de interpolar en él lo que podemos inferir de manera razonable pero no podemos ver. Los catastrofistas eran los tenaces empiristas de su época, y no unos ciegos teólogos apologistas.» (Gould, Stephen Jay. «Catastrophes and Steady-State Earth,» Natural History, febrero de 1975, págs. 16-17.) Volver al texto.

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* Profesor de Derecho de la Cátedra Jefferson E. Peyser, Boalt Hall School of Law, Universidad de California, Berkeley. A.B. 1961, Universidad de Harvard; J.D. 1965, Escuela de Derecho de la Universidad de Chicago. Volver al texto

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Traducción del inglés: Santiago Escuain, director de línea sobre línea, una publicación de SEDIN
Apéndice de Reason in the Balance (Con permiso de InterVarsity Press, 1995 * Downers Grove – IL * EE.UU.)
© Copyright prof. Dr. Phillip E. Johnson, 1995. © Copyright de la traducción catalana: SEDIN, 2008.
Publicado por SEDIN * Apartado 2002 * 08200 SABADELL (Barcelona) *

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SEDIN
Servicio Evangélico – Documentación – Información
Apartado 2002
08200 SABADELL
(Barcelona) ESPAÑA

Published in: on +00002011-06-01T01:01:07+00:0030000000bWed, 01 Jun 2011 01:01:07 +0000UTC 23, 2008 at 11:59 am06  Dejar un comentario  

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