Adiós, Hombre de Heidelberg: Nunca exististe …

¿Acaso será que el «Hombre de Heidelberg» es una no entidad? Algunos antropólogos están ahora afirmando que el llamado Homo heidelbergensis no es nada mas que «un artificio de los paleoantropólogos».

La mandíbula de Mauer. La saga del hombre de Heidelberg comenzó en 1907 … (Réplica en el Rosensteinmuseum)

A los artistas les encantaba presentar este personaje como peludo y fornido y sin un dedo de frente, un antecesor de los Neandertales y de los humanos modernos que vivió, se supone, hace entre 800.000 y 200.000 años. El problema es que puede que no existiese nunca. El Homo heidelbergensis puede no haber sido nada más que un invento de los paleoantropólogos, según un informe de Michael Balter en Science Magazine. Balter asistió a una reunión privada en el sur de Francia, donde investigadores debatieron desde posturas encontradas el status de este pretendido antecesor humano.

«Si alguien mata a una persona, va a la cárcel», observó el mes pasado el antropólogo Zeresenay Alemseged de la Academia de Ciencias de California en San Francisco en una reunión aquí en el profundo sur de Francia. «¿Pero qué sucede si matas a toda una especie?» La respuesta pronto se hizo ver: un angustiado debate. En la balanza estaba el Homo heidelbergensis, un antecesor de los humanos con un cerebro desarrollado, contemplado generalmente como una figura central durante un turbio período de la evolución. En esta reunión exclusiva por invitación, los investigadores debatieron si esta especie fue realmente un participante principal —o nada más que un artificio de los paleoantropólogos.

El H. heidelbergensis, dotado de cerebro grande, ha ocupado un importante puesto en el árbol evolutivo de la humanidad: Muchos lo consideran como el antecesor común de los humanos modernos y de nuestros extintos primos más cercanos, los Neandertales. Datando de aproximadamente medio millón de años, se cree que vincula estas especies y el anterior H. erectus, que se había extendido por África, Asia y Europa desde hace 1,8 millones de años. Pero basándose en una nueva mirada a los incompletos datos fósiles, algunos científicos sostienen que la situación era mucho más complicada, y que la transición entre el H. erectus, poseedor de un pequeño cerebro, y los homininos con cerebros más grandes, ocurrió en múltiples ocasiones. Si es así, el concepto de una sola especie intermedia multicontinental se podría disolver en una multitud de especímenes de homininos sin un solo nombre para unirlos.

Naturalmente, Balter no está diciendo que no existan cráneos de esta criatura; a fin de cuentas, hay «11 potenciales cráneos de H. heidelbergensis» que el defensor del H. de Heidelberg, Philip Rightmire de Harvard, ha examinado. Lo que está en debate es si se puede definir un conjunto de rasgos para una sola especie, dada la diversidad de cráneos humanos existentes, y si esta especie desvela una transición entre el Homo erectus y los pretendidos antecesores posteriores. La historia de la designación de Hombre de Heidelberg parece arbitraria:

El H. heidelbergensis tiene una historia de controversia. La especie se baa en una sola mandíbula inferior descubierta en 1907 en Mauer, cerca de Heidelberg, en Alemania. Con una antigüedad estimada de alrededor de 600.000 años, esta mandíbula tiene un ramus —la proyección vertical que se articula con el cráneo— inusitadamente grueso, y no se ha encontrado nada parecido desde entonces. Durante décadas, el nombre no acababa de cuajar, hasta que unos antropólogos entre los que se incluían Rightmire y Chris Stringer del Museo de Historia Natural de Londres observaron unas distintivas arcadas gruesas de la frante y caras grandes en cráneos de una edad similar procedentes de yacimientos incluyendo Arago; Petralona en Grecia; Broken Hill en Zambia; Yunxian en China; y Bodo en Ethiopia. Todos estos cráneos también alojaban cerebros mucho mayores que el del H. erectus, alrededor de 1200 centímetros cúbicos, dentro del margen de los cerebros humanos modernos, que presentan una media de 1400 cc. (los cerebros del Neandertal pueden ser ligeramente mayores.)

Durante los 1970s, Stringer y otros postularon una sola especie que habría cubierto Europa, África y Asia, y reavivaron el nombre de H. heidelbergensis para describirla. El cerebro más grande de la especie quedaba reflejado en las complejas herramientas que se la atribuían, como las lanzas de madera en Schöningen, Alemania (Science, 6 de junio, p. 1080).

Lo que parece que Balter está diciendo es que Stringer y sus partidarios amontonaron individuos no conectados esparcidos por todo el mundo dentro de la designación de Heidelberg basándose en sólo unos cuantos rasgos. ¿Es esto suficiente para llamarlos una especie separada? Algunos preferían la vieja designación africana de «Hombre de Rhodesia». Pero ahora, el campeón de los cráneos de la Sima en España duda que la designación Homo heidelbergensis siga siendo útil (véase Descubrimientos sobre el hombre primitivo, 24 feb 2014). Otros sostienen que el cráneo de Mauer de Heidelberg con el que comenzó todo esto parece ser «peculiar», no representante de una especie, cuando se consideran todos sus rasgos.

No todos en la reunión se mostraron de acuerdo. Algunos, como Ian Tattersall, estuvieron «luchando vigorosamente para salvar tanto la especie como la perspectiva más simple y más directa de evolución humana que la tal representa». Balter concluye con una mera esperanza, diciendo que «Nuevos fósiles de este misterioso período de tiempo serían de utilidad», No hace ninguna predicción acerca de la próxima publicación de huesos procedentes de Etiopía, datados en 300.000 años, aparte de decir lo obvio: «Esperemos un renovado debate cuando estos fósiles clave salgan publicados».

Este es un buen recordatorio de que las categorías científicas son artificios humanos. En los escenarios de historia evolutiva, la historia viene primero, luego los datos. Las designaciones de ascendentes son sumamente dependientes de la teoría. ¿Existió jamás el Hombre de Heidelberg? Solamente en las imaginaciones de ciertas personas modernas con una determinada cosmovisión que propagar. Encontraron unos cuantos huesos para promover su mundo imaginario, luego contrataron artistas para poner piel, pelo y expresiones faciales sobre los mismos, los pusieron en dioramas con cavernas, fogatas y huesos de mamuts. El problema es que la historia es tan retorcida e inverosímil que hay algunos académicos que están dudando de la utilidad de la designación, mientras que otros están «luchando vigorosamente para salvar tanto la especie como la perspectiva más simple y más directa de evolución humana que la tal representa». Traducción: «¡Este ha sido un mito muy útil! ¡No podemos soltarlo! ¿Qué dirán los creacionistas?» Con la designación Neandertal debilitándose más y más (Véase Se difumina la distinción Neandertal-Heidelberg y bajo la etiqueta Neandertal), los hay que no están dispuestos a dejar caer la designación Heidelberg al mismo vertedero de basura.

Siguiendo la metáfora, no son sólo los que mataron al Hombre de Heidelberg los que han de ir a la cárcel: en primer lugar, los que planearon el mito. Observemos cómo el «Hombre de Heidelberg» fue proclamado por vez primera en 1907, cuando los antecesores de las cavernas eran la gran moda. Pero entonces, con el tiempo, el nombre cayó en desfavor. Luego, Chris Stringer y Philip Rightmire resolvieron que esta buena y vieja etiqueta, con su valor publicitario, podía ser «resucitada» de la oscuridad. De modo que tomaron huesos de todo el mundo y los amontonaron dentro de la vieja categoría para proponer una sencilla narrativa de progreso desde el Homo erectus al Neandertal y al hombre moderno. Todo este empeño es artificial. Los huesos no hablaban. Los narradores lo hicieron.

Es trágico pensar en los millones de vulnerables estudiantes que, a lo largo de décadas, contemplaron las ilustraciones artísticas del Hombre de Heidelberg y fueron afectados por sus maestros, que les repetían la narrativa, pasando a creer que este diorama era una fiel representación de la historia del mundo. Pocos de ellos pensarían en lo absurda que es esta historia, que nos pide que creamos que humanos con plena inteligencia, que andaban erguidos, que recorrían todo el mundo, que pasasen entre 30 y 80 veces un tiempo equivalente a toda la historia documentada sin nunca aprender a edificar una ciudad, desarrollar una granja, escribir un mensaje, o siquiera montar a caballo. Cuando más se piensa en ello, tanto más absurdo resulta. Las fechas remotas que se asignan a los fósiles están inextricablemente vinculadas a la línea temporal de la evolución darwinista. Pero no tienen tal antigüedad. También sabemos que la historia evolutiva es absurda porque cambia cada vez que se descubre un nuevo cráneo (p.ej., 6/20/14, 4/01/14, etc.). Esta ha sido la penosa situación durante los muchos años que la hemos estado explorando. Con cada nuevo descubrimiento, oímos decir: «¡Todo lo que sabías está equivocado!» (p.ej.: Otra vez equivocados …). ¿A esto se le llama progreso científico?

El verdadero registro de la historia humana lo tenemos en Génesis, donde los nombres dados a las tribus y a los pueblos en la Tabla de las Naciones se ajustan a lo que conocemos en la historia documentada y al patrón uniforme de la conducta humana: la gente no se queda asentada en cavernas; exploran el mundo e inventan tecnología. ¡No se puede mantener a la gente en cuevas con lanzas durante cientos de miles de años! Los humanos son inquietos. Son exploradores e inventores. Rehacen su ambiente para su comodidad, diversión y poder. Por eso el pretendido Hombre de Heidelberg era plenamente humano, un descendiente de Noé, no un candidato evolutivo. Merece respeto como Homo sapiens sapiens, aunque sus cejas fueran un poco raras. Los huesos hallados en las cavernas pudieran ser de proscritos debido a sus malformaciones. Podrían ser los huesos de familias pioneras intentando conseguir su sustento en un medio ambiente hostil, mientras sus coetáneos estaban desarrollando granjas y ciudades en el Creciente Fértil. En cambio, los evolucionistas no tienen respuestas acerca de qué desencadenó el repentino comienzo de la civilización y de la escritura decenas de miles de años «después» que supuestamente evolucionase el hombre moderno.

Tenemos buenas razones para aceptar una biosfera reciente, y podemos aceptar confiados la historia bíblica como un documento de la verdadera historia de la humanidad. Para más documentación que desarrolla y da respaldo a esta postura, remitimos al lector a la lectura de los siguientes materiales del antropólogo Arthur C. Custance (http://www.sedin.org/doorway/doorway.html):

¿Quién enseñó a hablar a Adán?

El Origen de las Naciones – Estudio sobre Génesis 10

Convergencia, y el origen del hombre

La supuesta evolución del cráneo humano

Las culturas primitivas: un reexamen del problema de su origen histórico

La falacia de las reconstrucciones antropológicas

Los restos fósiles del hombre primitivo, y el registro histórico del Génesis

Fuente: Creation·Evolution HeadlinesGood-bye Heidelberg Man: You Never Existed  11/07/2014

Redacción: David Coppedge © 2014 Creation-Evolution Headlines – http://crev.info/  Traducción y adaptación: Santiago Escuain, publicado en sedin-notas.blogspot.com.es

© SEDIN 2014 – www.sedin.org
— Publicado por Santiago Escuain para <b>SEDIN – NOTAS y RESEÑAS</b> el 7/22/2014 04:55:00 p. m.

Published in: on +00002014-07-22T13:15:24+00:0031000000bTue, 22 Jul 2014 13:15:24 +0000UTC 23, 2008 at 11:59 pm07  Dejar un comentario  

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