Más estudios exponen que los niños están programados para la creencia religiosa: Una breve reseña de la literatura

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Más estudios exponen que los niños están programados para la creencia religiosa: Una breve reseña de la literatura

Casey Luskin  7 de agosto de 2014 | Permalink

Ya en abril, David Klinghoffer tomaba nota de un reportaje en la publicación Wall Street Journal acerca de cómo la psicóloga de la Universidad de Boston Deborah Kelemen abogaba por «suprimir» la fe en un «diseñador tipo Dios» tratando de «hacer comprender a los niños pequeños el mecanismo de la selección natural antes que la alternativa teoría del diseño intencionado quedase demasiado enquistada». Lo fascinante no era sólo cómo los científicos evolucionistas están lanzándose alarmados a adoctrinar a los niños para que no perciban el diseño inteligente en la naturaleza, sino también la realidad de que los niños tienen una tendencia innata a reconocer este diseño, y, además, a creer en un creador personal.

De hecho, escribí con anterioridad acerca de cómo los humanos parecen estar programados para la creencia religiosa, y un corresponsal me recordó por correo electrónico cuántos otros estudios hay que muestran que los niños tienen una predisposición a creer en Dios. Lo que sigue es una breve reseña de la literatura pertinente que lleva a la misma conclusión: los niños pequeños parecen programados para que sean «teístas intuitivos».

Un artículo de 2007 aparecido en Developmental Science, por Paul Bloom, «Religion is natural»,[1] dice:

Durante los últimos pocos años ha ido surgiendo un cuerpo de investigación que ha ido explorando la comprensión por parte de los niños de ciertas ideas religiosas universales. Algunos recientes descubrimientos sugieren que dos aspectos fundamentales de la creencia religiosa —la creencia en agentes divinos y la creencia en el dualismo mente–cuerpo— se manifiestan de manera natural en los niños pequeños.

Bloom explica que esas creencias están directamente relacionadas con nuestra tendencia a inferir designio:

Tenemos una predisposición similar a realizar la atribución a un agente cuando vemos una estructura no aleatoria. Este es el ímpetu para el argumento del designio —la intuición de que el diseño que se observa en el mundo natural y biológico es prueba de un diseñador. En una reciente encuesta en los Estados Unidos (julio de 2005), el 42% de los encuestados dijeron que creían que los humanos y otros animales han existido en su forma presente desde el comienzo del tiempo, y la mayor parte del resto dijeron que la evolución sucedía, pero que estaba guiada por Dios.

Y él encuentra que esas tendencias son especialmente fuertes en los niños: «Uno de los descubrimientos más interesantes en la psicología del desarrollo de la religión es que esta propensión hacia el creacionismo parece ser cognitivamente natural».

Un artículo de 2005 en la revista The International Journal for the Psychology of Religion encontró que los niños poseen un concepto innato de Dios que no procede meramente de un antropomorfismo.[2] Observan que «Tradicionalmente, el desarrollo de la comprensión que los niños tienen de Dios se describía como antropomórfica. En otras palabras, que el punto de partida para el concepto que los niños tienen de Dios era el de un padre o “superhombre” en el cielo». Desde esta manera de pensar, «Dios es un residuo de la superficialidad infantil respaldado por una instrucción teológica». Pero han observado que no es de ahí que proceden las ideas acerca de Dios:

Los resultados revelaron que los preescolares distinguían a Dios y los animales especiales como poseedores de un mayor acceso perceptual que los humanos y los animales normales, de los que se predecía que tenían un acceso perceptual limitado. Esos resultados dan respaldo a la teoría de que al desarrollar un concepto de Dios, incluso los niños más jóvenes diferencian a Dios de los humanos y se resisten a incorporar ciertos aspectos del concepto humano a su concepto de Dios.

Observan cómo diversos «estudios sugieren que los niños pueden describir ciertas de las características de Dios, como la inmortalidad, el poder creador y la omnisciencia con mucha facilidad, y de manera totalmente diferente a sus descripciones de los humanos». Su estudio añade a este cuerpo de investigación, y ofrece «apoyo a una reciente hipótesis de que los niños pueden estar cognitivamente “preparados” para comprender de manera diferenciada tanto a los humanos como a Dios», donde «los niños pueden estar cognitivamente dotados desde una etapa temprana para desarrollar conceptos de Dios (y otros no humanos) de manera independiente de sus conceptos sobre los humanos». Además, «los niños adquieren conceptos de Dios de manera relativamente fácil, porque estos conceptos sacan partido de suposiciones por defecto que los niños tienen acerca de todos los agentes intencionales en general.

Además, añaden: «Los descubrimientos a partir de estos diversos cuerpos de investigación sugieren que una explicación por un desarrollo estrictamente antropomórfico del concepto de Dios resulta incompleta. Las suposiciones originales de los niños se refieren a rasgos esencialmente no humanos: inmortalidad, poder creador, omnisciencia. Es la falibilidad de los humanos la que se tiene que aprender e incorporar en el concepto; no la infalibilidad de los dioses». Su reseña sigue diciendo:

Evans (2001) encontró que con independencia de la afiliación religiosa (comunidades cristianas fundamentalistas vs. comunidades no fundamentalistas), una gran mayoría de niños de 5 a 8 años preferían relatos creacionistas para el origen del mundo natural a relatos evolucionistas, artificialistas (creación por humanos), o emergentistas.

Esta era también la conclusión de Deborah Kelemen, la psicólogo antes mencionada que sentía la necesidad de desprogramar a los estudiantes y liberarlos de su creencia innata en una deidad que diseñaba de manera deliberada e inteligente. En un artículo de 2004, «¿Son los niños unos “teístas intuitivos”?: Razonando sobre propósito y designio en la Naturaleza»,[3] ella comunicaba que «Diferentes cuerpos de investigación sugieren que los niños pequeños (i) tienen una amplia tendencia a razonar acerca de los fenómenos naturales en términos de propósito, y (ii) una orientación hacia relatos basados en intencionalidad sobre los orígenes de las entidades naturales». Ella sugiere que los jóvenes pueden ser «“teístas intuitivos” —predispuestos a interpretar los objetos naturales como artificios no-humanos: los productos de un diseño no-humano», observando que los niños tienen «intuiciones teleológicas promiscuas». Y concluye que esta tendencia tiene que ser combatida por los educadores científicos:

Lo que se revela en la reseña de las recientes investigaciones del desarrollo cognitivo es que, cuando los niños tienen alrededor de 5 años, comprenden los objetos naturales como debidos a causas no humanas, pueden razonar acerca de los estados mentales de agentes no naturales, y exhiben la capacidad de contemplar los objetos en términos de designio. Finalmente, datos procedentes de niños de 6 a 10 años sugieren que las asignaciones que los niños hacen de propósito a la naturaleza se relacionan con sus ideas acerca de la causación intencional no humana. Juntos, estos resultados de las investigaciones sugieren provisionalmente que la descripción «teísta intuitivo» puede caracterizar con precisión el método explicativo de los niños —caracterización que tiene una amplia relevancia no sólo para los cognitivistas o para la creciente comunidad interdisciplinaria que estudia los soportes de la religión (Barrett, 2000), pero también, a un nivel aplicado, para los educadores de ciencia, por cuanto la implicación es que los fracasos de los niños en ciencia resultan, en parte, de los conflictos inherentes entre las ideas intuitivas y los principios fundamentales del pensamiento científico contemporáneo.

En otro artículo en la publicación Journal of Cognition and Development,[4] Kelemen y Cara DiYanni concluyen también:

Dos cuerpos separados de investigación sugieren que los niños pequeños tienen (a) una amplia tendencia a razonar acerca de los fenómenos naturales en términos de un propósito (p.ej., Kelemen, 1999c) y (b) una orientación hacia narrativas «creacionistas» de los orígenes de entidades naturales, tanto si proceden como si no de antecedentes religiosos fundamentalistas (p. ej., 2001).

La investigación que divulgan expone que «los niños pequeños son susceptibles de generar explicaciones teleofuncionales artificiosas de las entidades naturales vivientes y no vivientes y de dar soporte a un diseño inteligente como el origen de los animales y de los artefactos». Incluso sugieren que «niños y adultos pueden no ser fundamentalmente diferentes con respecto a su capacidad de abrigar ideas teleológicas promiscuas».

Un artículo en la revista Cognitive Science, «Children’s attributions of beliefs to humans and God: cross-cultural evidence»,[5] explica que «los académicos han dado por supuesto durante largo tiempo que los niños adquieren primero los conceptos de agencia humana y que luego los usan como patrones para comprender a todos los agentes no humanos». Pero sugieren ellos que este punto de vista podría estar equivocado, por cuanto los niños que estudiaron «no razonan de la misma manera acerca de la agencia humana y de la de Dios desde la etapa temprana de desarrollo». En lugar de ello, los niños parecen tener unos modos especiales de razonamiento acerca de Dios, porque «los niños pequeños no razonan acerca las creencias sobre Dios en términos humanos». Los niños parecen ser innatamente capaces de pensar acerca de Dios en maneras que son diferentes de cómo piensan acerca de otras personas.

Finalmente, un artículo de 2001 en Cognitive Psychology[6] concluye que en tanto que los padres y las comunidades pueden tener una profunda influencia sobre lo que los hijos creen acerca de los orígenes, los estudiantes de los ciclos de enseñanza elemental, tienden hacia creencias creacionistas incluso si esas creencias no les han sido transmitidas por los padres:

Los preadolescentes (11 a 13 años), igual que sus padres, abrazaban las creencias dominantes de sus padres, sean creacionistas o evolucionistas. Sus hermanos menores, especialmente en los años de escuela primaria media (8 a 10 años) tenían más propensión a ser exclusivamente creacionistas, con independencia de su comunidad de origen. Los niños del primer ciclo de primaria (5 a 7 años) respaldaban el creacionismo de manera más enérgica si habían estado en una escuela fundamentalista o si se les recordaban las explicaciones creacionistas, como en métodos de elección forzada.

La autora pregunta: «¿Por qué es la mente humana (al menos, la mente protestante occidental) tan susceptible al creacionismo y tan relativamente resistente a las explicaciones naturalistas para los orígenes de las especies?» Le parece a ella que se debe a las operaciones inherentes de la mente humana: «El argumento primordial que se presenta aquí es que los dos tópicos fundamentales del pensamiento filosófico occidental, el esencialismo y la causa final o pensamiento teleológico, emergen de propensiones intuitivas de la mente humana».

Vemos así que múltiples estudios convergen hacia una sola conclusión: la predisposición innata de la mente humana a creer que hay alguna clase de un inteligente Dios creador. Quizá al hacernos mayores podemos anular esta programación, pero nuestra constitución fundamental parece orientada hacia la creencia religiosa. Si eres un ateo evolucionista, ¿no te parece esto un poco peculiar? Naturalmente, las explicaciones abundan, pero tienen el son hueco y desesperado de racionalizaciones estériles.

Fuente de la ilustración: Davie County Public Library/Flickr.

Fuente: Evolution News – More Studies Show Children Are Wired for Religious Belief: A Brief Literature Review  7/08/2014

Redacción: Casey Luskin © 2014 – www.evolutionnews.org

Traducción y adaptación: Santiago Escuain, publicado en sedin-notas.blogspot.com.es

© SEDIN 2014 – www.sedin.org

[1] Paul Bloom, «Religion is natural», Developmental Science, 10:1, pp 147-151 (2007).

[2] Rebekah A. Richert and Justin L. Barrett, «Do You See What I See? Young Children’s Assumptions About God’s Perceptual Abilities», The International Journal for the Psychology of Religion, 15(4), 283-295 (2005).

[3] Deborah Kelemen, «Are Children “Intuitive Theists”?: Reasoning about Purpose and Design in Nature», Psychological Science, 15(5):295-301 (Mayo, 2004).

[4] Deborah Kelemen and Cara DiYanni, “Intuitions About Origins: Purpose and Intelligent Design in Children’s Reasoning About Nature,” Journal of Cognition and Development, 6(1): 3-31 (2005).

[5] Nicola Knight, Paulo Sousa, Justin L. Barrett, Scott Atran, «Children’s attributions of beliefs to humans and God: cross-cultural evidence», Cognitive Science, 28: 117-126 (2004).

[6] E. Margaret Evans, «Cognitive and Contextual Factors in the Emergence of Diverse Belief Systems: Creation versus Evolution», Cognitive Psychology, 42: 217-266 (2001).

— Publicado por Santiago Escuain para <b>SEDIN – NOTAS y RESEÑAS</b> el 8/24/2014 06:08:00 p. m.

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