La Salvación es por la Fe en Jesucristo . . . no por obras (Efesios 2:8-9)

Blossom

Todas las religiones  hechas por hombres enseñan que para alcanzar la salvación hay que ser bueno y hacer buenas obras. Por ello cada hombre busca tener una moralidad que le haga sentir bien y por la que se rige. Esto incluye a toda clase de personas, incluidas los agnósticos y los ateos. Pero ¿qué moralidad es la válida? Cada uno se hace la suya. Según algunos hoy día tenemos que respetar la opinión de todos y aceptar que cada uno tiene derecho a su propia moralidad. Como es natural esto viene de vivir o pertenecer a una sociedad secular que no toma en cuenta las leyes de Dios.

Según estas personas todo es relativo y no hay nada absoluto. En general es bonito vivir así, y hasta parece que esa es la solución a los problemas del mundo y las relaciones humanas. Hasta que te toca recibir las consecuencias de la mala moral tuya o de otro.

Tomemos por ejemplo la moral de un tal Jeffrey Dahmer. Hace varios años este hombre fue acusado de asesinar a varias personas. Había matado así como treinta seres humanos, y había enterrado a algunos de ellos. Los que faltaban se los había comido. Cuando lo arrestaron tenía parte de los miembros de algunos de ellos en su frigorífico.

Cuando se le entrevistó después de varios meses declaró que él no sentía que había hecho nada malo. Tenía hambre y no tenía trabajo por lo que decidió solucionar su problema de esa forma. “¿Cuál es el problema?” preguntó. “Nosotros no somos más que producto de la evolución animal según me han enseñado. No creía en un Ser superior al que debemos dar cuenta. No pensé que hiciera nada malo.” Éste hombre estaba totalmente convencido de esto.

http://www.youtube.com/watch?v=IjW7bezdddE

Aunque nos parezca increíble que pueda existir alguien con esta mentalidad, si lo pensamos con lógica y cosmovisión naturalista, este hombre tenía una mente retorcida y su cosmovisión le influyó a llevar a cabo esas acciones. No se puede culpar unicamente a las creencias evolutivas obviamente, pero él mismo dijo que éstas le influenciaron mucho. La primera causa de todas estas cosas es el pecado que  llevamos en el corazón desde el día que nacemos, pero la segunda, en este caso particular, fue la cosmovisión naturalista evolucionista.

¿Qué es la selección natural? ¿Cómo sobreviven los animales en la naturaleza? El más fuerte se come al más débil y seleccionan como van a alimentarse para sobrevivir. Éste hombre llevó esas enseñanzas al extremo y se conviertió en uno de los criminales más despreciados de toda la historia. Ahora bien, ¿con qué autoridad le va a decir alguien que lo que hizo está mal si su moral es igual de buena como la tuya y la cosmovisión inculcada le dice que es y somos animales? ¿No sabemos que tenemos que respetar la opinión de todos? ¿Como respondemos a esto?

Gracias a Dios, antes de morir, Jeffrey dió una entrevista en la que explicó todas estas cosas pero además también relató que en la carcel había conocido la misericordia de Dios y se había arrepentido y creído en Cristo para salvación.

Muchos de los que lean esto no van a aceptar que una persona así se pueda salvar. Jeffrey le sesgó la vida a muchos y en la carcel él mismo perdió la vida a mano de uno o varios prisioneros.

Amigos, esto es a lo que llegamos cuando intentamos eliminar al Ser que nos ha creado y nos ha dado leyes por las que debemos regirnos. La Biblia dice que no nos engañemos pues todo lo que sembremos eso tambien segaremos.

Obviamente los animales son una cosa y los hombres somos otra. Nosotros somos creados a la imagen de Dios y fuimos creados para ser sus hijos y para compartir con Él todo lo suyo. Los que sabemos esto, somos gente muy privilegiada.

Ayer leí la historia de un explorador que se fue a la Antártica a hacer un experimento. Pasó un invierno totalmente solo en una estación de investigación. Una noche salió a tomar un poco de aire fresco después de pasar varios días sin poder salir, y como estaba nevando y las huellas se borraban, se perdió. Siendo un investigador brillante y de aplomo, no permitió que el pánico se apoderara de él. Sabía que tenía poco tiempo para volver a la estación o moriría congelado. No había nadie cerca en muchos kilómetros a la redonda.

Decidió rascar el hielo con el talón de su bota y construir un poste de hielo que le sirviera como punto de referencia. Empezó a andar en una dirección hasta casi perder de vista el poste intentando encontrar la estación. Si no la veía volvía al lugar de partida y empezaba en otra dirección. Poco a poco y con la ayuda de una linterna iba y venía siempre partiendo desde su lugar de referencia. Al final vislumbró la estación la cual le pareció como si hubiera encontrado el palacio más bello del mundo. Allí había calefacción y comida. Su felicidad y alivio no tenían nombre.

Esta historia es una ilustración de lo que es andar por la vida sin dirección. Estás perdido y morirás. Necesitas un punto de referencia que te guie a la salvación. Éste punto de referencia para encontrar la salvación, el calor y el alimento espiritual es la palabra de Dios. Sin ella estamos perdidos y sin rumbo en la vida.

Hay muchas religiones, muchos caminos, pero sólo uno lleva a la vida eterna. Podemos pasarnos años andando en la oscuridad. Pero Dios en su amor por nosotros nos ha mostrado el camino.

Juan 14:6

Jesús dijo: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie viene al Padre, sino por mí.”

Juan 5:24

Jesús dijo: “De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.”

Noten que Jesús no dice nada de hacer buenas obras en estos versículos, sino que para salvarse y pasar de muerte a vida sólo hay que creer en él. Eso significa creer todo lo que él dice e hizo. Hay que conocerlo leyendo todo de su vida que está en la Biblia vs. Reina Valera.

Es en un momento que se pasa de muerte a vida. Pero eso no sucede hasta que la persona tenga la fe suficiente para creer esto sin ninguna duda. Sólo esa clase de fe le puede salvar, amigo.

2 Corintios 6:2

En tiempo aceptable te he oído, y en día de salvación te he socorrido. He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación.

Quiera el Señor que tengas la fe suficiente para creer lo que Dios dice en su palabra, la Biblia. Jesús te está esperando.

Published in: on +00002018-08-17T23:28:31+00:0031000000bFri, 17 Aug 2018 23:28:31 +0000UTC 23, 2008 at 11:59 pm08  Comments (2)  
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2 comentariosDeja un comentario

  1. El concepto de estar en contra de “tratar de ganarse el Cielo” y todo lo que implica, es uno de los mitos más aceptados en el cristianismo institucional. Vemos la necesidad de fuertemente exigir que se presente evidencia para apoyar este mito, lo cual, junto con la enseñanza de que todas las partes en la Biblia tienen la misma autoridad, es uno de los dogmas menos cuestionados y más populares en casi todas las denominaciones cristianas. Es evidente que el mito es popular simplemente porque es lo que la gente quiere escuchar y NO porque existe alguna razón bíblica y válida para creer que es cierto.

    Esencialmente, el mito enseña que lo que Dios odia más que cualquier otra cosa es que las personas intenten ser perfectas… o incluso que se esfuercen por ser buenas. En esencia, se enseña que si alguien toma muy en serio alguna de las disciplinas de Jesús, entonces es culpable de “tratar de ganarse el Cielo”. También se aplica a cualquier denominación o religión que uno quiera condenar. (Es algo que muchos evangélicos hacen con todas las religiones no cristianas, incluso también con los católicos, los Testigos de Jehová y cualquier otro grupo que quieren condenar. Dicen que las personas de esos grupos están “tratando de ganarse el Cielo”, y ese es el fin de la discusión.) Uno solo necesita pronunciar la frase (“están tratando de ganarse el Cielo”) y es como si todos los buenos cristianos retrocederán espantados ante tal herejía. Quieren alejarse lo más que puedan de cualquier grupo o persona que esté “tratando de ganarse el Cielo”.

    Incluso en las iglesias de “santidad” que enseñan contra el calvinismo y todo lo que representa (especialmente la enseñanza de que uno puede pecar voluntariamente todos los días “en palabra, pensamiento y acción” y aún estar bien con Dios por la gracia de Cristo), cuando se trata de practicar las enseñanzas de Jesús, entonces también surgen acusaciones de “enseñar la salvación por medio de las obras”. En otras palabras, incluso aquellas iglesias que se pronuncian con mayor firmeza a favor de la disciplina y de tener altos estándares morales, se esconden detrás de la bandera de la gracia barata y falsa cuando son confrontados con enseñanzas sobre la obediencia a Jesús.

    Cuando se saca a la luz y se examina con bastante franqueza, la enseñanza revela una extraña anomalía. Dogmáticamente dice que ninguna cantidad de pecaminosidad (incluida una rebelión deliberada y literal contra Dios) puede anular el acuerdo de Dios para salvar a alguien que ha dicho una oración mágica pidiéndole a Jesús que entre en su corazón. El contrato ha sido firmado y Dios mismo no puede anularlo.

    Sin embargo (y aquí es donde entra la contradicción), existe UN pecado que no está cubierto por esta gracia, y por el cual un cristiano profesante estará eternamente perdido, y se trata de la herejía de enseñar que Dios tiene ciertos estándares con los que espera que sus seguidores cumplan. Si uno se atreve a decir que puede perder su salvación al no estar a la altura de esos estándares, entonces ese es precisamente el pecado por el que una persona supuestamente SÍ puede perder su salvación (o más precisamente, que se puede tomar como evidencia irrefutable de que la persona nunca fue salva en primer lugar). A tales personas se los etiqueta como los que “enseñan la salvación por obras”, o de estar “tratando de ganarse el Cielo”, y eso los convierte en un caso perdido.

    Entonces, ¿cuál es, exactamente, la premisa para considerar que las buenas obras son el más atroz de todos los pecados? ¿De dónde vino? Se ha generalizado tanto que uno podría pensar que debe haber capítulos enteros en la Biblia que enseñan en contra de cualquiera que intente obedecer a Jesús o esté a la altura de algún otro estándar de disciplina. Sin embargo, al igual que con muchos otros mitos (por ejemplo, el mito de hacer tiendas), se basa en argumentos muy cuestionables.

    Hay dos versículos principales que se presentan como textos de prueba para todas las afirmaciones fantásticas que constituyen el mito de “tratar ganarse el Cielo”. Uno de ellos está en Efesios 2, versículos 8 y 9:

    “Por gracia son salvos, a través de la fe, y eso no de ustedes mismos. Es el don de Dios, no de obras, para que nadie se jacte.”

    Y el segundo esta en Tito 3, versículo 5:

    “El nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino conforme a su misericordia.”

    Ahora, es cierto, ambos pasajes hacen referencia a la gracia de Dios de una manera positiva, y hablan de cómo Dios nos amó y salvó a pesar de nuestras malas obras. Pero dado que la Biblia está repleta de referencias a la necesidad de que seamos buenos de una manera u otra (algunas declarando directamente que uno no puede ser un cristiano si NO se hacen), estos dos textos de prueba (y la doctrina atroz que ha surgido de ellos) deben examinarse muy de cerca.

    Y no es que se necesite una examinación rigorosa para entender el sentido común en ellos. Es tan simple como decir que un regalo es un regalo, y que Dios lo ofrece a pesar de lo que hayamos hecho en el pasado. Sin embargo, como con cualquier regalo, hay algunos criterios que el dador usa para elegir a quién le dará el regalo.

    Supongamos que soy un multimillonario, y digo que daré un millón de dólares a todas aquellas personas que levanten la mano y la mantengan arriba hasta que yo venga con su regalo, incluso si tardo una hora en hacerlo. ¿Las personas que obtienen el millón de dólares tienen derecho a jactarse de que se lo merecieron? ¿Tienen derecho a aceptar el premio sin dar las gracias al dador? ¿Pueden enseñar que cualquier persona que levante la mano y la sostenga por solamente unos minutos también debería tener derecho a un millón de dólares? La respuesta es NO a las tres preguntas. El millón de dólares es un regalo totalmente desproporcionado a la cantidad de esfuerzo que se requiere para obtenerlo, y el único que puede poner las condiciones de recibirlo es el dador.

    Ahora, apliquemos el mito de tratar de ganarse el Cielo en este ejemplo. Viene alguien que oye lo que acabo de decir sobre personas que no se jactan de haber levantado la mano, y comienza a enseñar: “¿Por qué deberíamos siquiera levantar la mano? Si es un regalo, entonces no deberíamos tener que hacer algo para conseguirlo.” Y entonces le empieza a decir a todos que ellos pueden conseguir el millón de dólares sin hacer nada (salvo tal vez recitar alguna oración que los maestros del mito han inventado para reemplazar el tener que sostener sus manos arriba durante tanto tiempo). En otras palabras, todavía existe un requisito (decir la oración) pero parece un requisito menor a lo que dijo el multimillonario. Tal estrategia es como una bofetada y un insulto al multimillonario, despreciando las condiciones que él mismo estableció.

    Sin embargo, no importa cuán popular sea esa enseñanza, cuando llegue el momento que los que dijeron esta oración mágica cobren la recompensa, ¿crees que el multimillonario va a pagar? ¡Por supuesto que no! De hecho, se sentiría infinitamente insultado por lo que han hecho con su generosidad.

    Ahora regresemos a lo que Dios SÍ requiere de aquellos a quienes él elige dar vida eterna. Jesús habló de un comerciante que encontró un campo con un tesoro enterrado en él. El comerciante tiene que vender todo lo que tiene para obtener el campo, y sin embargo, está gozoso por su buena fortuna de haber ganado la posesión del tesoro. Lo que pagó por el campo fue literalmente nada en comparación con lo que obtuvo. Todas sus posesiones solo lograron pagar el precio de un terreno vacío. El hombre no pudo jactarse de haber ahorrado lo suficiente para comprar el tesoro, ya que eso le llegó gratis. Comparar la vida eterna con todo lo que poseemos es como decir: “Compre este chicle por diez centavos y me gané todo Buenos Aires como premio”.

    En otro lugar, Jesús dice que si hacemos todo lo que él nos ha ordenado, entonces debemos declarar que todavía somos “siervos inútiles”. (Lucas 17:10) Una vez más, Jesús está diciendo las mismas cosas que Pablo estaba diciendo en los dos pasajes bíblicos de prueba mencionados antes; pero él lo dice en el contexto de la obediencia a todo lo que él enseñó. A diferencia de los trabajadores normales que aportan grandes riquezas a sus empleadores, podemos hacer todo lo que Jesús requiere de nosotros, y aún así no estar dándole ninguna ganancia. Nosotros somos los que hemos recibido y recibido y recibido. Primero él nos da vida. Luego él nos da felicidad y un propósito para vivir. Y por ultimo él nos da la vida eterna. Su yugo es fácil y su carga es liviana. Sus mandamientos no son gravosos. Todo lo que él requiere de nosotros es para nuestro propio bien.

    Entonces nada de esta comprensión de lo que Pablo estaba diciendo elimina las buenas obras. Tampoco destruyen ninguna relación entre nuestras obras y la salvación. Dios ofrece la vida eterna a todos, pero elige dar su regalo de vida eterna a ciertas personas que cumplen con los requisitos. NO a aquellas que dicen oraciones mágicas por medio del cual demandan la vida eterna, sino a aquellos que tratan a su Hijo con el respeto que se merece. Toda nuestra obediencia paga nada, y sin embargo, si nos negamos a obedecer, entonces él no nos da el premio. (Es más, ¡la obediencia es parte del premio!). Es así de simple, y más importante aún, le da sentido a la gracia y a la fe.

    ¿Recuerdas la pequeña frase “por la fe” en el pasaje de Efesios? Bueno, Santiago dice: “La fe sin obras está muerta”. Y si lees un par de versículos más, encuentras que Pablo mismo está hablando de cómo somos salvos para realizar buenas obras. Es cierto que parece estar hablando de buenas obras DESPUÉS de que hemos sido salvos, mientras que Jesús parece estar hablando de buenas obras ANTES de la salvación. Pero tal distinción solo existe cuando vemos la salvación como un ritual estático que se logra en algún momento específico (como la oración mágica, ¿recuerdas?). Pero eso también es un mito. Por ejemplo, ¿cuando fue salvo Pedro? ¿Cuándo dejó sus redes y siguió a Jesús? ¿Cuando se arrepintió de haber negado a Jesús? ¿Cuando se encontró con Jesús después de la resurrección? ¿Cuándo fue lleno del Espíritu Santo en el día de Pentecostés? A menos que estés buscando un punto en el que puedas dejar de obedecer a Jesús, tales preguntas son de muy poco uso práctico.

    La pregunta realmente importante desde nuestro punto de vista es si estamos caminando en toda la luz que tenemos. ¿Estamos haciendo nuestro mejor esfuerzo para obedecer a Jesús? ¿Buscamos la santidad o la perfección? ¿Le creemos a Jesús? Si no los estamos haciendo, entonces podemos despedirnos de cualquier esperanza de salvación, ya que eso es lo que Dios está buscando.

    Y eso no es un mito. Se enseña de principio a fin en la Biblia.

  2. Hola Mateo, has dejado aquí un mensaje larguísimo, que es más bien una lección falsa, que solo he publicado para poder comentar sobre ello y desmontar tus argumentos sesgados. Este va a ser sólo nuestra primera respuesta. Invito a los lectores a prestar mucha atención porque hay que estar preparados para responder con sabiduría y discernimiento.

    Mateo, debido al contenido del comentario y ver que acusas a todas las denominaciones evangélicas mintiendo sobre sus enseñanzas, me imagino quién eres: Un representante del Catolicismo Romano.

    Hace mucho que os conozco y que sé cómo operáis y que igual que los maestros falsos sobre los que el apóstol Pablo advirtió a los líderes de las iglesias de su tiempo torcéis las Escrituras y engañar a los que no las conocen bien.

    (Hechos 20:18-19) dice:
    “Por tanto mirad por vosotros mismos y por todo el rebaño …porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces…”.

    Y así fue, los lobos empezaron a confundir a los creyentes poco a poco pero no fue hasta el nacimiento de la Iglesia Católica Romana alrededor del siglo IV, más de trescientos años DESPUÉS de la fundación de la verdadera Iglesia de Jesucristo en Jerusalén, Siria, Turkia y Grecia, que la corrupción de la doctrina Cristiana empezó a implantarse.

    Poco a poco se cambiaron las enseñanzas del Señor Jesús y sus apóstoles y aparecieron las enseñanzas falsas sobre María, los santos, las imágenes, la Misa y la prohibición de que los que quieren servir al Señor se casen. Desde ahí en adelante los pecados mas horribles se estuvieron perpetrando contra inocentes.

    Hoy día estamos presenciando el destape de la corrupción y pecados contra niños y monjas a manos de estos falsos maestros con sotanas negras.

    En los Estados Unidos ya se han pagado a los demandantes $3.000.000.000 dólares y todavía no se ha terminado.

    ¿Que dices sobre esto “amigo” Mateo?


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